Siglos I-IV

LAS PERSECUCIONES EN LA IGLESIA ANTIGUA

1.      PERSECUCIÓN POR PARTE DE LOS JUDÍOS
En un principio parece ser que el sanedrín no se preocupó mucho de los discípulos del crucificado, de hecho la vida de los primeros cristianos no pareció romper definitivamente con la religión judía. Además  por la insignificancia de la nueva secta los judíos no vieron ningún peligro en sus primeros progresos. Pero cuando los cristianos con Pedro a la cabeza comenzaron a predicar públicamente que Jesús era el mesías y a conseguir numerosos adeptos, el sanedrín empezó a temer.[i]
1.1  Prisión de los Apóstoles

San Pedro en la cárcel
 Según las Sagradas Escrituras, Pedro y Juan fueron encarcelados por los jefes del pueblo, incluido el sumo sacerdote Ananías, quien no obstante los liberó más tarde (Hechos 4,1-21). En otro momento, todos los apóstoles fueron encarcelados por el sumo sacerdote y otros saduceos, pero fueron liberados por un ángel (Hechos 5,17-18). Los apóstoles, tras haber escapado, fueron llevados nuevamente ante el Sanedrín, pero esta vez Gamaliel (un rabino fariseo) convenció al Sanedrín de liberarlos (Hechos 5:27-40).
La razón más probable de la persecución por parte de los judíos, fue la evidente herejía que representaba la doctrina cristiana desde un punto de vista tradicionalmente judío, ya que entre otras cosas, la idea de un Dios-Hombre chocaba de frente con su fuertemente arraigado monoteísmo.
Por su parte los judíos sentían miedo de los romanos, pues la predicación de los cristianos sobre el inminente regreso del Rey de los Judíos y el establecimiento de su reino, era sediciosa. Los romanos dieron a los judíos en ese tiempo un autogobierno limitado, pero especial en comparación con otros pueblos subyugados; las principales obligaciones de los líderes judíos eran recolectar impuestos para Roma y mantener el orden civil. Así, los líderes judíos tendrían que suprimir cualquier conversación sediciosa, y el pensamiento cristiano, definitivamente lo era.
1.2  El martirio de Esteban 
Martirio de San Esteban
La exaltación de Jesús por encima de Moisés y la independencia de los cristianos de la antigua ley, provocó la indignación de los jefes y rabinos del pueblo. Los judíos buscaban la forma de castigar a uno de los líderes de la nueva secta y así darle un escarmiento a sus seguidores. La predicación de Esteban, fue el momento propicio, pues al oír sus palabras ardían de cólera, todos arremetieron contra él y lo apedrearon (Hechos 6, 8-7.60). San Esteban es recordado por los cristianos como el primer mártir (palabra griega que significa testigo).
1.3  La persecución de Saulo de Tarso
La ejecución de Esteban fue seguida de una gran persecución de cristianos (Hechos 8, 1-3), dirigida por un fariseo llamado Saulo de Tarso, enviando a muchos cristianos a prisión y asesinando a otros tantos. Según los Hechos de los Apóstoles, esta persecución continuó hasta que Saulo se convirtió al cristianismo (y cambió su nombre a Pablo), tras decir que había visto a Jesús en el camino hacia Damasco, donde estaba viajando para encarcelar a más cristianos (Hechos 9, 1-22).
     1.4 San Pablo: de perseguidor a perseguido
Luego de su conversión Pablo pasó ser un gran propagador de las enseñanzas cristianas, especialmente entre los paganos, lo que le daría el nombre de Apóstol de los gentiles. Muchos se convertían al escuchar el testimonio de Pablo, y cada vez más se convertía en blanco de la envidia de los judíos.
Prisión de San Pablo
En Hechos 9, 23-25 se dice que los judíos en Damasco trataron entonces de matar a Pablo. Estaban esperándole en las puertas del pueblo, pero escapó hacia Jerusalén. Comprensiblemente, tuvo dificultad al principio para convencer a los cristianos de Jerusalén que él, su antiguo perseguidor, se había convertido y de que ahora estaba siendo perseguido a su vez (Hechos 9,  26-27).  Otro atentado se hizo contra su vida, esta vez por un grupo de judíos helenistas (Hechos 9:29), a quienes él debatió fuertemente.
La persecución judía hacia los cristianos cesa –podría decirse- oficialmente cuando desaparece el templo y la casta sacerdotal, con la caída de Jerusalén, en el año 70. La paz había acabado para los judíos e iban a ser mal vistos en todo el imperio romano como unos revoltosos y a su vez perseguidos, con ellos los cristianos sufrirían también, pues inicialmente el imperio los vería como una secta judía.[ii]
2.      PERSECUCIÓN POR EL IMPERIO ROMANO
Con base en diversos testimonios[iii] se afirma que durante la segunda mitad del siglo I, todo el siglo II y hasta el siglo IV, los cristianos fueron también perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que los consideraban, ya sea como judíos sediciosos o como rebeldes políticos.
Los gentiles asimilaban las reuniones nocturnas de los cristianos a ritos orientales de los "misterios", como los de Eleusis y Samos, enraizados en las prácticas mágicas, los misterios de Cibeles, los de Isis, originarios de Egipto, o los de Mitra, procedentes de Persia, que alcanzaron notable difusión especialmente en el imperio mediterráneo.[iv]
En este tiempo, hay que recordar que se hizo costumbre entre varios emperadores romanos el erigir estatuas propias en las diversas ciudades del imperio, y en autoproclamarse dioses o hijos de dioses (bajo el título de señor de señores) a los que sus súbditos debían de respetar. Un signo ejemplar de esto era la obligación de adorar o cuando menos arrodillarse ante las estatuas de los emperadores en las ciudades donde se encontraran. Los cristianos, tomando como principio el que Jesús es el único Señor de señores, y el único hijo del Dios verdadero, se negaban a tomar tales actitudes. Los romanos, antes que juzgar sus creencias, verían en estos gestos las actitudes de una rebelión política contra el imperio, lo cual originó varias persecuciones contra los cristianos en esa época.
Hubo diez grandes persecuciones romanas contra el Cristianismo, denominadas generalmente con el nombre de los emperadores que las decretaron: las de Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximiano, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano.

Cristianos en el circo romano, lanzados a las fieras.
Otros crucificados.
Puesto que el cristianismo era considerado ilegal en el imperio, los cristianos debían ocultarse. Sus reuniones serían entonces secretas y son famosas las catacumbas de la ciudad de Roma, donde se dice que los cristianos se reunían, aunque según los testimonios cristianos conservados, las catacumbas no eran el medio más utilizado para esconderse, ya que la mayor parte de las reuniones de culto, se haría secretamente en las mismas casas de los fieles. Para identificarse habrían utilizado símbolos que a ojos romanos no fueran evidentes, como el símbolo del Pez (Ichthys, o IXΘΥΣ en griego), acrónimo que significaba para ellos Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador. [v]
2.1  Acusaciones contra el cristianismo
Muchas y diversas eran las acusaciones dirigidas hacia los cristianos con el fin de justificar las persecuciones durante los cuatro primeros siglos. 
El historiador Suetonio, funcionario imperial de Trajano (109-111) y Adriano, dirá que los cristianos son “una superstición nueva y maléfica”, lo que hacía que se les relacionara con prácticas mágicas prohibidas por las leyes del imperio.
Bajo el emperador Nerón (64-68 aprox.) fueron acusados de haber causado el famoso incendio de Roma que redujo a la ciudad a cenizas. Tácito, historiador de la época, culpa a Nerón del incendio, pero consideraba que el castigo hacia los creyentes de Cristo era merecido, puesto que para él, era gente despreciable, capaz de crímenes horrendos, tales como el infanticidio ritual (malentendiendo el rito de la Eucaristía) y el incesto (tergiversación del abrazo de paz entre hermanos y hermanas). Estas acusaciones, nacidas del chismorreo de la gentuza, fueron así sancionadas por la autoridad de los emperadores de turno, persiguiendo a los cristianos y condenándolos a muerte.
Durante el gobierno de Domiciano, se dictó una ley diciendo: "Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión", la causa era que se lanzaba una nueva acusación contra ellos, ateísmo (porque negaban la divinidad del emperador).
Martirio de San Sebastián
Marco Aurelio (161-180), emperador filósofo, siente un gran desprecio hacia el cristianismo. Lo consideraba una locura, porque proponía a la gente común, ignorante, una manera de comportarse (fraternidad universal, perdón, sacrificarse por los otros sin esperar recompensa) que solo los filósofos como él podían comprender y practicar después de largas meditaciones y disciplinas. En un rescrito del 176-177 prohibió que sectarios fanáticos, con la introducción de cultos hasta entonces desconocidos, pusieran en peligro la religión del Estado. La situación de los cristianos, se tornó más desagradable aun.
Septimio Severo (202-210) usó la persecución como pretexto para atribuir a los cristianos la peste y el hambre que asolaban el imperio. En el 202, promulgó una ley que prohibía la difusión del cristianismo y el judaísmo. Este fue el primer decreto universal prohibiendo la conversión al cristianismo.
Maximino el Tracio inició una persecución dirigida principalmente contra los jefes de la Iglesia en el año 235.
En enero de 250, Decio (250-251) publicó un edicto por el que se requería que todos los ciudadanos hicieran un sacrificio para mayor gloria del emperador en la presencia de un oficial romano y así obtener un certificado (Libellus) que demuestrara que lo habían hecho. En general, la opinión pública condenaba la violencia del gobierno y se admiraba de la resistencia pasiva de los mártires con lo que el movimiento cristiano se fortaleció.
Bajo el reinado de Valeriano (256-259), que subió al trono en 253, todos los clérigos cristianos fueron obligados a sacrificar a los dioses romanos. En un edicto de 257, el castigo fue el exilio, en 258, el castigo era la muerte. Senadores cristianos, caballeros y damas fueron también obligados a sacrificar, bajo pena de fuertes multas, reducción de rango y, más tarde, la muerte. Por último, se prohibió a todos los cristianos visitar sus cementerios. Su hijo y sucesor Galieno, revocó los edictos de su padre.
La persecución de Diocleciano (303-313), fue la más cruel de todas, pues este emperador quiso reformar el imperio en todos los aspectos y una parte muy esencial de su política era reforzar el culto imperial, hasta ciudades enteras cristianas fueron arrasadas. Fue tan larga esta persecución que fue llamada la Era de los mártires.[vi]
2.2  La paz tan anhelada
En el año 311 un edicto de tolerancia declarado en el imperio, permitía por primera vez a los cristianos vivir tranquilamente su fe, sin temor a la muerte y celebrar sus reuniones. Así el cristianismo era incluido en la ley y este se afianzaría con el Edicto de Milán en el 313 cuando Constantino logra la derrota de uno de sus enemigos. Según la tradición Constantino se convierte al cristianismo y hace educar a sus hijos cristianamente. Los siguientes emperadores serían cristianos.[vii]
La visión de Constantino

2.3  Cuando todo  parecía  haber terminado
Juliano el Apóstata, fue el último emperador pagano del Imperio Romano. Aunque había sido bautizado como cristiano, se crió en un momento en que el paganismo estaba en declive, en Roma. Al ser proclamado augusto en el año 361 D.C., abjuró de su fe católica y de inmediato declaró su fe a los antiguos dioses romanos, empezó a provocar un renacimiento pagano y una cruda persecución anticristiana.
Juliano utilizó muchos métodos para romper sutilmente la Iglesia. Desterró nuevamente a los obispos que habían sido desterrados por las enseñanzas heréticas, el clero fue despojado de su derecho a viajar por cuenta del Estado y prohibió a los cristianos enseñar obras clásicas tales como el Ilíada o la Odisea. Sin embargo, fue asesinado en Persia en el año 363 D.C. y su intento de restaurar el paganismo finalmente fracasó.[viii]
Fueron muchos los mártires de los primeros siglos de la era cristiana, hombres, mujeres, soldados, ricos, pobres, amos, esclavos, casados, solteros, vírgenes, obispos, presbíteros, diáconos, viejos, niños... entre los que podemos contar a la mayoría de los apóstoles. Cabe anotar que san Pedro murió crucificado en Roma y san Pablo decapitado en la misma ciudad. Aquellos que escaparon de la muerte murieron desterrados de sus pueblos, como san Juan el evangelista, o huyendo de una ciudad a otra. Fue así como el mensaje de Cristo se fue difundiendo entre los hombres, desde los escondido, llamando la atención de todos aquellos que se sentían tocados, al ver que a pesar de las crueles persecuciones los cristianos se mantenían firmes en la fe.

El sacrificio de estos héroes de la fe, TESTIGOS DE CRISTO, no fue en vano, pues ya lo dirían ellos mismos "la sangre de los mártires es semilla de cristianos".

Advertencia: el siguiente vídeo contiene escenas muy fuertes. Muestra una de las muchas formas de cómo eran ejecutados los culpables del gran crimen de: ser cristianos




[i] Cf. Llorca, Bernardino. Historia de la Iglesia Católica, Edad Antigua, Tomo I; B.A.C. 1980, p. 60.
[ii] Cf. Llorca, p.166.
[iii] Cf. Primeroscristianos.com
[iv] Cf. Primeroscristianos.com
[v] Cf. Primeroscristianos.com.
[vi] Cf. Primeroscristianos.com
[vii] Cf. Llorca. P. 420.
[viii] Cf. Cf. Llorca. Pp.420-427.