domingo, 28 de agosto de 2016

San Julián de Brioude, soldado mártir. 28 de agosto.

Si bien la leyenda de San Julián es tardía y sin trazas de fiabilidad, su culto es antiguo y está atestiguado por el martirologio pseudo-jeronimano, que sitúa su martirio en la Auvernia, imperando Diocleciano. 

Según su leyenda, Julián natural de Vienne, y era un valeroso soldado bajo el mando de San Ferreol (18 de septiembre), quien ante la persecución que se avecinaba, le animó a que huyese. La leyenda dorada de Santiago La Vorágine (13 de agosto) cuenta que no fue por huir, sino por poder padecer martirio con más gloria al ser mártir en un sitio donde no fuera conocido, además de para no dejarse convencer de sus padres. Pero eso se lo inventa el escritor porque le parece que por irse el santo tiene menos mérito. Ya sabemos cómo era La Vorágine. En fin, que Julián se fue a la región de Auvernia, en Begge, donde se alojó en la casa de una viuda. Se celebraba allí grandes festejos en honor a un ídolo al cual todos sacrificaban y le hacían ofrendas de bailes y cantos. Sabiendo los lugareños que había un extranjero que no había ido a ofrecer culto con ellos, fueron a buscarle a casa de la viuda para que sacrificara y no ofendiera al dios. Se presentó Julián y les dijo: "Yo soy quien buscáis; haced lo que os manden vuestros príncipes, que no quiero tanto esta miserable vida, para que me estorbe desear trocarla por aquella en la que pueda gozar de la dulce presencia de mi Señor Jesucristo". Apenas oyeron el nombre de Cristo los paganos, lo arrastraron fuera y le cortaron la cabeza. Su martirio habría ocurrido entre 298 y 303.

Algunos cristianos ancianos que había entre los paganos, sepultaron el cuerpo con gran de reverencia. Y Dios obró el primer portento por medio de su mártir: los ancianos se volvieron fuertes y vigorosos como jóvenes, durando muchos años más. La Leyenda Áurea dice que fueron los verdugos los que llevaron la cabeza de Julián a Ferreol y le dijeron: "Esto haremos contigo si no sacrificas a nuestros dioses", y como Ferreol se negó, le martirizaron y le sepultaron con la cabeza de Julián en las manos.

En 431 San Germán de Auxerre (31 de julio) halló las reliquias de Ferreol y Julián, pero no falta la versión que dice que fue San Mamerto de Vienne (11 de mayo). Ambas versiones sí que coinciden en que la cabeza de Julián y el cuerpo de Ferreol estaban incorruptos, como acabados de enterrar. En el sitio del martirio de Julián se levantó un santuario, en cuya milagrosa fuente se sucedieron milagros durante siglos. Ciegos, cojos, sordos, endemoniados, etc., hallaban consuelo venerando sus reliquias. Su culto se extendió por Francia, España, Alemania y en ocasiones se funde con San Julián Hospitalario (29 de enero y 12 de febrero).


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000. -"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Agosto. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.

sábado, 27 de agosto de 2016

Santos Mártires de Oxirrinco.

Santos Marcelo, Mammia y compañeros mártires. 27 de agosto.

Imperando Diocleciano y Maximiano, fueron apresados los cristianos Marcelo, tribuno Mammia, su mujer, Juan y Babilás, sus hijos; Pedro, soldado; Ciro, Amón y Serapión, funcionarios; Miletio, obispo; Atenógenes, Aristeo, Festo, Víctor, Susana, Zoilo, Domnino y Memmon. Fueron acusados por ser cristianos, delatados por unos tales Hierón y Acacio diciendo: "Estos son los únicos en la ciudad de Oxirrinco que contradicen el precepto imperial, y son impíos ante la religión de los dioses, y ante tu tribunal, al no obedecer tus órdenes".

Fueron llevados cargados de cadenas ante Cultiano, gobernador de Egipto. Este trató de hacerles sacrificar a los dioses, según la ley, pero ellos se negaron y les condenó a ser despedazados por las fieras. Al otro día les metieron en el anfiteatro y antes de arrojarles a las bestias, volvió Cultiano a intentar que apostataran: "¿No es necedad acaso adorar a un hombre que fue ejecutado y enterrado hace años por orden de Poncio Pilato, cuyas actas, como he oído, aún existen?" Respondió el obispo Miletio: "¡Lejos de nosotros negar el nombre de nuestro Señor y Dios Jesucristo, la Palabra Viva que existía antes de la constitución del mundo, de la misma naturaleza del Padre, que da fuerzas a nuestra frágil naturaleza y restaura la ruina causada por tu padre el diablo! Si tú buscas nuestra muerte, peor para ti, pero no estamos dispuestos a prestarte oído".

Entonces Cultianus ordenó que soltaran cuatro osas hambrientas que, sin embargo, solo se pasearon torpemente por el circo, sin prestar atención a los cristianos. Cultiano clamó que estaban embrujadas las osas y mandó que les quemaran vivos sin más. Pero o la leña estaba verde o el viento era demasiado, que el fuego no se encendía. Entonces Cultiano mandó fueran decapitados. Era la sexta de las calendas de septiembre, 27 de agosto de 303.

Estas Actas sobrias y fuera de toda duda, fueron trasmitidas por el presbítero Julián, que fue testigo y firma la copia hecha por su hijo Estelectio, pues es muy anciano y no puede escribir. Las entregó, según su misma rúbrica, a la diaconisa Yssicia, para que fuese conocido el testimonio en la Iglesia. La fecha de la redacción se desconoce, pero ciertamente es posterior a 325, por la expresión "de la misma naturaleza del Padre" empleada para aseverar la divinidad de Cristo y que fue acuñada por el Concilio de Nicea en dicho año. La mención de las "Actas de Pilato", perdidas hoy en día, también prueba su veracidad. Estas "Actas" eran una supuesta copia del juicio de Cristo, lleno de blasfemias y falsedades sobre Jesús cuyo origen serían los informes que el mismo Pilato debía enviar a Tiberio sobre su gestión, entre los cuales estaría el proceso de Jesús.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

martes, 23 de agosto de 2016

"Confesar a Cristo es salvación eterna...".

Santos Claudio, Asterio, Neón y compañeras mártires. 23 de agosto y 30 de octubre (Iglesias Griegas).

Imperando Diocleciano, había en Cicilia una comunidad cristiana ya formada. Cuando Lisias, procónsul de Cilicia, mando cumplir el edicto imperial de sacrificar a los dioses, cumpliendo la ley, una mala mujer denunció a sus tres hijastros por cristianos. No nos dicen mucho las actas sobre ellos, sino sólo que eran muy jóvenes. A veces le pintan como niños.


Lisias: "¿Cómo te llamas?"
Claudio: "Mi nombre es Claudio".

L: "Escucha, no pierdas tu juventud por tu locura, sino acércate y sacrifica a los dioses, según el mandato de nuestro señor el Augusto. De ese modo escaparás a los tormentos que te esperan".
C: "Mi Dios no tiene necesidad de tales sacrificios. Lo que le agrada es la limosna y la vida santa. Vuestros dioses son demonios inmundos, y por ello se complacen en sacrificios de ese tipo, perdiendo para siempre a las almas que les dan culto; por eso, jamás has de persuadirme a que yo también los honre".

Y Lisias le mandó azotar con varas. Respondió Claudio: "Aunque me apliques los más duros tormentos, en nada me dañas; mientras que a tu alma le estás preparando tormentos eternos".

L: "Nuestros señores los emperadores han mandado que los cristianos sacrifiquéis a los dioses y los que se resistan deben ser castigados de muerte. Pero a los que obedezcan, se les prometen honores y recompensas".

C: "Las recompensas de los emperadores son temporales; pero confesar a Cristo es salvación eterna". 

Entonces Lisias dio orden de que se le suspendiera del potro y se le aplicaran teas encendidas en los pies. Luego le arrancaron trozos de piel y carne de los talones y se los ponían en el rostro. Pero Claudio solo se reafirmaba más: "Los que temen a Dios reciben daño ni del fuego ni de las torturas. Más bien les aprovechará para la vida eterna, pues todo eso lo sufren por Cristo".

Lisias mandó que se le desgarrara con garfios de hierro, mas Claudio no se acobardaba: "Mi intento es demostrarte que lo que tú defiendes son demonios. Con tus castigos ningún daño me haces; pero a tu alma le preparas un fuego que jamás se extingue". Mandó luego Lisias que le raspasen los costados con tejas y luego le aplicasen antorchas a las heridas. Cuando lo habían hecho, Claudio se reafirmó: "Tu fuego y tus tormentos salvarán mi alma, pues cuanto padezco por Dios lo tengo por ganancia, y mi mayor riqueza es la muerte por Cristo". Entonces Lisias, enfurecido, lo mandó bajar del potro y que lo llevaran a la cárcel.

Y llegó el turno de Asterio ante Lisias:

Lisias: "Tú al menos hazme caso y sacrifica a los dioses, pues a la vista tienes los tormentos que están aparejados para los que se resisten".

Asterio: "No existe sino un solo Dios, el sólo que ha de venir, que habita en los cielos y que, en su soberana virtud, no se desdeña de mirar a los humildes. Mis padres me enseñaron a adorar y amar a este Dios; por lo contrario esos que tú adoras y llamas dioses, yo los desconozco. Son la perdición de cuantos te hacen caso en esa mentira".

Lisias, ordenó que se le suspendiera del potro: "Por lo menos ahora, cree y sacrifica a los dioses". Asterio contestó: "Yo soy hermano del que poco antes ha respondido a tus preguntas. Un sólo ánimo tenemos, una sola confesión. Haz lo que está en tu mano; sobre mi cuerpo tienes poder, pero sobre mi alma ninguno".

Mandó Lisias que le ataran y le atormentatan con los garfios de hierro. Le increpó Asterio: "Loco, ¿por qué motivo me atormentas? ¿Por qué no te pones ante los ojos la cuenta que por ellos has de dar al Señor?" Y mandó Lisias que le pusieran de pie sobre carbones encendidos y mientras le azotasen con varas. Así lo hicieron, y cuando pensaron habían vencido al santo mártir, Asterio le dijo: "Estás ciego en todo. Sin embargo, una cosa te pido, y es que no dejes parte de mi cuerpo sin torturar". Y Lisias le envió a la cárcel, mandando que trajeran al tercero:

Lisias: "Hijo, por lo menos tú acércate y sacrifica a los dioses, con lo que escaparás a los tormentos".
Neón: "Si tus dioses tienen algún poder, que se defiendan a sí mismos de quienes los niegan y no requieran tu defensa. Más si tú te haces compañero de su malicia, yo soy mejor que tus dioses y que tú, pues no os obedezco, teniendo por Dios al verdadero Dios que hizo el cielo y la tierra".

L: "No blasfemes contra los dioses".

N: "¿Blasfemo te parezco por decir la verdad?"

Ordenó Lisias que le extendieran sobre carbones y con azotes le desgarraran la espalda. Al terminar, le conminó Lisias a claudicar, pero Neón respondió: "Hago lo que sé es útil para mí y ganancia para mi alma; no puedo mudar mi propósito". Cansado Lisias dictaminó: "Que estos tres hermanos sean crucificados fuera de la ciudad, a fin de que las aves de rapiña despedacen sus cuerpos como merecen". Y así se hizo.

Presentaron a dos mujeres, Domnina y Teonila, ante Lisias.


Lisias: "Ya ves, mujer, que tormentos te esperan, así que si quieres escapar de ellos, acércate y sacrifica".

Domnina: "Para no caer en el fuego eterno y en los tormentos sin fin, yo sólo adoro a Dios y a su Cristo, que hizo el cielo y la tierra y cuanto en ellos hay. Pero vuestros dioses son de piedra y leño, hechos por mano de hombre".

Y mandó Lisias que fuera desnudada y la desgarraran azotándola con las varas. Domnina murió en el martirio y Lisias mandó que lanzaran el cuerpo a lo más profundo del río.

Presentaron a Teonila al juicio. Lisias le dijo:

Lisias: "Ya ves que fuego y que tormentos esperan a los que tuvieren la osadía de resistirme. Por lo tanto, acércate y honra a los dioses para que puedas escapar a tales tormentos".

Teonila: "Sólo temo el fuego eterno, que puede atacar al cuerpo y al alma, y atacará sobre todo a los que abandonaron impíamente a Dios y adoraron los ídolos y demonios".

Decidió Lisias que la abofetearan hasta romperle la cara. Teonila le constestó: "Tú verás si está bien que a una mujer noble y extranjera la atormentes de este modo. Dios ve lo que haces". Pero Lisias mando que fuera de nuevo abofeteada y, además, estando colgada de los pelos. Teonila volvió a encarársele: "¿No te basta haberme dejado desnuda? Te digo que no me has deshonrado sólo a mí, sino a tu madre y a tu mujer en mí, pues todas tenemos la misma naturaleza de mujeres".

Lisias: "¿Tienes marido o eres viuda?"

Teonila: "Hoy hace veintitrés años que enviudé, y por amor a Dios he permanecido en ese estado, entregada al ayuno, a la vigilia y oración desde que me aparté de los ídolos inmundos y conocí a mi Dios".

Y Lisias mandó que la raparan, le ciñeran una corona de espinas y extendida en el ecúleo fuera azotada. Y luego añadió: "Echadle brasas encima del vientre, y que así muera". Apenas lo hicieron, Teonila voló al cielo. Lisias, sabiendo que los cristianos veneraban los cuerpos de sus mártires mandó meter el cuerpo de Teonila en un saco y que lo arrojaran al mar. Sucedió esto el diez de las calendas de septiembre, 23 de agosto, de 285.

Las Actas de los Mártires.

El Liber Pontificalis dice que el papa San Clemente (23 de noviembre) mandó obtener copia de los procesos sumariales a los que los jueces sometían a los cristianos. Contenían los interrogatorios, los castigos y las condenas finales. Esas son las llamadas "Actas de los Mártires". Realmente nos han llegado muy pocas íntegras y sin adiciones. La mayoría corresponden a transcripciones con adiciones, de entre los siglos VI y VIII. Algunas son aún más tardías y completamente falsas. El lenguaje empleado, el número de tormentos y portentos, los largos discursos, etc., son elementos para sospechar de la veracidad. Mientras más sencilla es un Acta, más visos de credibilidad tendrán.

En el siglo XVII, el célebre escritor y hagiógrafo, Fr. Thierry Ruinart, OSB, rescató del olvido viejas Actas de Mártires, conocidos o no, a las que él llamó "Sinceras", y con ese título las publicó: "Sinceras Actas de los Mártires". Aunque él las da por reales, hay que matizar este "sincera", pues aunque algunas son actas tardías, elaboradas y poco fiables, son "sinceramente" los documentos que cimentaron las leyendas, devoción y culto a muchos mártires, al no contarse con los originales. La edición española de 1776 lo confiesa en el prefacio del primer tomo: "De estas Actas nos ha quedado un gran número, que aunque no tengan toda la pureza e integridad de las primeras [originales] y aunque visiblemente se observen muchas faltas (...) no nos parece que se deben enteramente desechar. En el mismo orden es necesario colocar las Actas que, aunque verdaderas en su origen, las han corrompido manos ignorantes o temerarias, añadiendo falsos milagros o diálogos entre los jueces y los mártires. Con las luces de la crítica se separa lo verdadero de lo falso".

Como sea, son obras de interés, que fueron traducidas a varias lenguas y durante el XVIII hasta el XX se consideraban rigurosamente ciertas y de valor científico. Hoy su valor es hagiográfico e histórico, pues aunque las Actas no sean tan "sinceras", aportan datos, fechas, lugares, situaciones precisas, perfectamente contrastables. Además, algunas de estas Actas aportaron luz a cultos de los que poco se sabía, confirmando incluso lo que la devoción popular trasmitía de boca en boca. Y, en todo caso, este no es un blog de ciencia ni historia, sino un espacio para hablar de santos, reales o no.

En el caso de hoy, Ruinart cotejó varias versiones que se hallaban en algunas bibliotecas monásticas. Son Actas que en gran parte se consideran genuinas, aunque los discursos tienen un sabor teológico más avanzado que el siglo III, cuando sucedieron los hechos. Sin embargo, las palabras de la última mujer, apelando a su estatus de noble y de no nacida en tierras del Imperio, dejan ver conocimientos de las antiguase leyes romanas, y aporta credibilidad al relato. Ciertamente, los santos reales son, y aparecen mencionados en el Martirologio Pseudojenonimiano.


Fuentes:
-"Tratado de la Iglesia de Jesucristo, o Historia eclesiástica". Tomo III. D. FELIX AMAT DE PALOU Y FONT. Madrid, 1793.
-"Las Verdaderas actas de los Martires". Tomo I. T. RUINART. OSB. Madrid, 1776.
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

domingo, 21 de agosto de 2016

Abre mis ojos y veré tus maravillas...

Santos Luxorio, Cisello y Camerino, mártires. 21 de agosto.

Vivía en Cerdeña un soldado pagano llamado Luxorio el cual por accidente había encontrado un libro de los Salmos, que comenzó a leer con agrado. Y leyó: "No tienes igual entre los dioses, Señor, ni hay obras como las tuyas. Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre: Grande eres tú, y haces maravillas; tú eres el único Dios". (Sal. 86, 8-10). Esta alabanza le llenó el corazón y quiso conocer al Dios de los cristianos. Se fue a una iglesia y cuando entró estaban cantando "Haz bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. Abre mis ojos, y veré las maravillas de tu ley. Forastero soy en la tierra; no escondas de mí tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo". (Sal. 118, 17-20). Esta experiencia de la Palabra de Dios le hizo abrir los ojos definitivamente y se dedicó con diligencia a leer y meditar la escritura, comenzando por los profetas y terminando con los Evangelios. Al conocer la Verdad de Cristo, fue bautizado.

Imperaban entonces Diocleciano y Maximiano, estos enviaron al juez Delfino a Cerdeña hacer cumplir el edicto que obligaba a todos los cristianos a cumplir la ley y sacrificar a los dioses. Luxorio fue uno de los primeros en ser llevados ante Delfino, y con él dos niños pequeños llamados Cisello y Camerino. Delfino ordenó a Luxorio que renegara de Cristo, y él le contestó: "¿Cómo puedo negarle, cuando mi conciencia proclama que es mi Dios? No puedo hacerlo". Entonces fue atado a un poste y azotado. Mientras, los dos niños entonaban cánticos de júbilo. Y Delfino mandó fueran decapitados los tres. Era el año 303.

Aunque hay algunas imprecisiones, como algunos martirologios que ponen a Luxorio como obispo, y le añaden algún compañero más, este relato se considera auténtico por su sobriedad y ausencia de elementos anacrónicos o milagros exagerados.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.


A 21 de agosto además se celebra a Santos Bonoso y Maximiano, mártires.

martes, 9 de agosto de 2016

Santos Amor y Viator.

Santos Amor y Viator de Franche-Compté, mártires. 9 de agosto.
"Augusti V idus, in suburbio Lvgdunensi, natalis sanctorum Martyrum Amoris y Viatoris".

Esta escueta entrada del Martirologio de Lyon es lo único cierto que podemos saber de estos mártires: Que padecieron el martirio en Lyon el 9 de agosto de un año incierto.

Pero esta escasez de datos no supone para nada que ambos santos no hayan gozado y aún, de culto y devoción. En el Jura, en Franche-Compté, se veneran sus reliquias desde tiempos inmemoriales en un pueblo llamado St-Amour, antes Vincia. Según la tradición local, las reliquias las llevó a la ciudad el rey San Gontran I de Borgoña (28 de enero) en el siglo VI, construyendo para ellas una iglesia a la memoria de ambos santos. Es curioso cómo no será hasta el siglo XVI cuando se comienza a propagar que ambos santos eran soldados de la Legión Tebana (22 de septiembre), que estaban ausentes en el momento del martirio de sus compañeros. Algunos martirologios franceses les ponen como compañeros de Santos Alejandro y Epidopio de Lyon (24 de abril).

Tuvieron una poderosa cofradía y cada año una procesión se celebraba el último domingo de agosto. En el siglo XIX, luego de la Revolución, cuando la vida religiosa decayó, esta costumbre se perdió, pero se mantiene hasta hoy la tradición de rezar todos los viernes la misa del "Común de Mártires". Los Bollandistas los mencionan a 9 de agosto: "En Franche-Compté, Santos Amor y Viator, mártires, que se cree fueron oficiales de la famosa legión tebana, pero cuya vida es poco conocida. La pequeña ciudad de Saint-Amour (Jura) se enorgullece de estar en posesión de las reliquias de estos santos mártires". Y como única referencia, publican una carta enviada por la parroquia, fechada a 1 de abril de 1734.


Fuente:
-"Vie des saints de Franche-Comté". Tomo 4. Besançon, 1856.

lunes, 8 de agosto de 2016

San Ciriaco, diácono y mártir.

San Ciriaco, diácono y compañeros mártires. 8 de agosto.

San Marcelo ordena
a San Ciriaco de diácono.
Leyenda.
Vivió Ciriaco entre finales del siglo III e inicios del IV, y durante el imperio de Maximiano (al que Diocleciano había dejado el gobierno. Un buen hombre llamado Trason, cristiano en lo oculto, daba limosnas a Ciriaco para que las repartiera entre los cristianos esclavizados condenados por Maximiano a trabajar en las obras de los baños termales de Salustio. Esta labor de caridad llegó a oídos del papa San Marcelo I (16 de enero), el cual le ordenó diácono en secreto, para que, además de su caridad pudiera llevar la Palabra y el Sacramento a los cautivos cristianos. Un día lo sorprendieron, junto a sus amigos Largo y Esmaragdo, llevando víveres a los cristianos y por ello fueron condenados al mismo trabajo forzado.

Un día vio Ciriaco un anciano llamado Saturnino, que no podía con su carga de piedras, y junto a otro diácono llamado Sisinio, le ayudaron a llevarla. Por esta acción fueron encarcelados, donde hallaron a otros cristianos a los que Ciriaco predicó y a alguno que era ciego le devolvió la vista. Cuando les llamaron ante el juez, el carcelero Apronio entró a la cárcel y vio como descendía una luz celestial sobre los dos cristianos, y oyó una voz que decía: "Venid, benditos de mi Padre, a recibir el reino preparado para vosotros". Apronio se convirtió y fue bautizado por Ciriaco. Ante el juez Apronio confesó su fe cristiana, junto a Saturnino y Sisinio, negándose los tres a sacrificar. Luego de martirizarles, fueron decapitados en diversos días. San Apronio a 2 de febrero, Santos Papías, Mauro y otros, a 29 de enero. Por su parte Sisinio y el Saturnino que mencioné antes alcanzaron la palma del martirio a 29 de noviembre.

Ciriaco habría sido martirizado también de no ser porque en ese momento, Artemia, la hija de Diocleciano, que estaba poseída por un espíritu maligno, clamó: "No saldré de este cuerpo a menos que el diácono Ciriaco se presente ante mí". Así que fue llevado Ciriaco ante la princesa, por la cual habló el demonio: "Si quieres que me vaya de ella, dame un cuerpo el que pueda seguir". "Toma el mío" – dijo Ciriaco al diablo. Pero era tal la pureza del santo diácono, que no pudo hacer nada contra él y gritó el espíritu: "Eso me es imposible, eres inaccesible por cualquier parte. Y te advierto que si me echas de aquí, te obligaré a seguirme a Babilonia". "Sabe que nada harás" – replicó Ciriaco "si no es para la gloria de Cristo y su fe", y expulsó al demonio de Artemia, la cual libre ya exclamó: "Veo ante mí al Dios que predica Ciriaco", y convertida, se bautizó junto a su madre Santa Serena (16 de agosto). Agradecido, Diocleciano dio a Ciriaco un libelo de protección, le donaron una casa y pudo practicar su fe tranquilamente. [1]

San Ciriaco libera a
Santa Artemia del demonio.
Vivía Ciriaco entregado a su labor a la Iglesia, cuando le avisaron que Jovia, la hija del rey Sapor de Persia estaba endemoniada y clamaba por su presencia, como único que podía liberarla. Embarcó Ciriaco junto a los cristianos Largo y Esmaragdo. Una vez ante Jovia, el diablo dijo por su boca: "Y, dime Ciriaco, ¿estás cansado?" "En absoluto" – respondió el santo – "porque Dios me conforta donde quiera que vaya". Y siguió el diablo: "Todavía no sé a qué has venido aquí". Replicó el santo diácono: "Mi Señor Jesucristo, te ordena salir de ella". Y el demonio se vio conminado a dejarla en paz, en nombre de Cristo. Ciriaco la bautizó, y a sus padres y toda la corte y soldados, unas 400 personas. Sapor ofreció tesoros y presentes a Ciriaco y sus compañeros, pero ellos los rechazaron enérgicamente, pero a cambio pidió quedarse 45 días predicando y convirtiendo a los paganos. Se le permitió y durante esos días solo se alimentaron de pan y agua y bautizaron a miles de personas.

Y volvieron a Roma. Dos meses más tarde murió Diocleciano y subió al trono Maximiano Galerio, casado con Valeria, otra hija de Diocleciano [2]. Este no tuvo la misma condescendencia que Diocleciano y mandó a su gobernador Carpasios que tomara a Ciriaco y sus compañeros (y a un tal Crescenciano, 24 de noviembre) y les obligara a sacrificar a los dioses, para probar su lealtad al imperio. Los tres santos se negaron a idolatrar a los dioses, por lo que Carpasios derramó una caldera de brea hirviendo sobre la cabeza del santo diácono, que solo abrió la boca para cantar las alabanzas del Señor, quedando ileso. Luego le extendieron en el ecúleo y le apalearon, sin que dijera palabra alguna, salvo esta súplica: "Jesús mío, mi soberano dueño, ten misericordia de mí, pecador miserable, e indigno de la gracia que me haces de padecer por la gloria de tu nombre". Viendo Maximiano que nada lograba mandó decapitasen a los tres santos, junto a otros 21 cristianos, entre los que se mencionan Memmia y Juliana, a 16 de marzo de 305. Fueron enterrados en la Vía Salaria, por un presbítero llamado Juan. Luego de esto Carpasios se apropió de la casa que Diocleciano había regalado a Ciriaco y la anexó a las termas. Los paganos se metieron en la piscina que Ciriaco y el papa Marcelo usaban para bautizar, por lo cual todos murieron repentinamente.

Historia, culto y reliquias.
Los hechos anteriores son fábulas, y hay que tomarlos como eso, una leyenda tardía, insertada, para darle importancia en las ficticias actas de San Marcelino, papa (26 de abril), unir entre sí a mártires diversos. La primera redacción de la "passio" debe datar de la época de la traslación de las reliquias que comento más adelante. A nosotros la "historia" popular que nos ha llegado es principalmente la narrada por el Beato Santiago La Vorágine (13 de julio), que como toda su obra, está llena de elementos embellecedores, milagrosos y que sin mucho escrúpulo añadía su autor.

Santos Ciriaco, Largo y Esmaragdo
con víveres para los presos.
Pero esto no implica que Ciriaco y sus compañeros no hayan existido. Aunque sus "vitae" no sean reales, sí lo es su culto y tenemos testimonios de ello: La "Depositio Martyrum", el calendario más antiguo que posee la Iglesia (data sobre 304), pone a 8 de agosto la traslación de Ciriaco por obra de San Marcelo papa, al cementerio de Lucina, en la Via Ostiense. El Martirologio Pseudojeronimiano hace lo mismo, señalando que padecieron en la Vía Salaria, junto a las Termas de Salustio. El Sacramentario de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre), del siglo VI, señala solamente a Ciriaco, igualmente a 8 de agosto. Esto evidencia ya desde tan temprano un culto distintivo al santo, más allá de la memoria de su martirio. El Martirologio Romano del siglo VIII pone el martirio de Ciriaco, Largo y Esmaragdo, recordando a 16 de marzo.

Ya vimos que fue sepultado en la Via Salaria y de allí trasladado al poco tiempo a la Ostiense, donde el papa Honorio I levantó una iglesia en su honor en el siglo VII, así que su culto es antiguo y fuera de duda. Hubo otras iglesias dedicadas a su memoria en Roma, pues el santo gozó de devoción en la ciudad. Pero la más conocida era la de la Vía Ostiense, que fue descubierta en excavaciones a inicios del siglo XX. Otra iglesia localizada donde estuvieron las Termas de Diocleciano, durante tiempo se consideró dedicada a nuestro santo por la vinculación de Ciriaco con ese sitio. Fue construida en el siglo VI y adjunta a Santa María la Mayor. Sólo desde el siglo XII se le comenzó a llamar de "Ciriaco in Thermis", pero no estuvo dedicada al santo, sino que en realidad debió ser solo una iglesia construida a expensas de un cristiano de ese nombre. En el siglo XVI Sixto V le cambió el título a Santos Quirico y Julita (16 de junio).

Algunas reliquias de San Ciriaco pasaron a Alemania o Francia. Las abadías de Altdorf y Neuhausen poseen sendos relicarios y fomentaron la devoción al santo. En el siglo X Otón el Grande llevó un brazo a Bamberg, donde se venera aún. Es abogado del trabajo forzoso, contra la esclavitud, la posesión demoníaca, las tentaciones, la agonía final y para alcanzar buena muerte. Es uno de los Catorce Santos Auxiliares (8 de agosto y viernes posterior al 14 de septiembre).


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Agosto. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1863.
-"Las iglesias de Roma con todas las reliquias y estaciones". FRANCISCO DE CABRERA Y MORALES.
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.


Notas:

[1] Las supuestas reliquias de Artemia, junto a las de Januaria y el papa San Cornelio (16 de septiembre) se hallaron en la iglesia de San Celso, Roma, en el siglo XVIII. Fueron trasladados a la misma iglesia. Sea quien sea, hija de Diocleciano no fue, como tampoco tuvo este una mujer llamada Serena. Se llamaban Prisca, la mujer, y Valeria la hija. Y ambas murieron paganas.

[2] Aunque la "passio" dice que padecieron en 305, Diocleciano murió en 311, por lo cual o les martirizó este emperador o padecieron algunos años más tarde, siempre antes de 325, cuando llega la paz de Constantino.

jueves, 4 de agosto de 2016

San Eleuterio mártir.

S. Eleuterio, mártir. 4 de agosto.

Aunque de este mártir no se sabe mucho, su "vita" es tenida por cierta por todos los hagiógrafos, y se cree compuesta a más tardar en el siglo V. La base de la redacción es un sermón previo con motivo de la cierta devoción que ya iba ganando el santo.

Según nos ha llegado, Eleuterio fue chambelán del emperador Maximiano y conoció el cristianismo y pronto se convirtió aunque fue difiriendo el bautismo, hasta estar seguro del paso. Por fin cuando se decidió, pidió permiso al emperador para ausentarse un tiempo del palacio e ir a una villa que poseía en Tarsia. Allá se fue, recibió el bautismo y para tener un espacio para su oración, mandó secar una cisterna y en ella construyó un altar y lo embelleció con frescos, lámparas y tapices. Solo podía descender al interior de su capilla por medio de una cuerda, y ascender de ella por el mismo medio.

A su regreso a la corte, Maximiano le preguntó: "¿Por qué ha sido tu ausencia tan prolongada?" Él respondió "el aire de mi villa era saludable, y fue un alivio para mi estar lejos, por el humo, el polvo y el ruido de la ciudad". Pero uno de los esclavos de Eleuterio, con la esperanza de congraciarse con el emperador, dijo en privado a este que su amo se había convertido en un "adorador del crucificado". Maximiano entonces expresó a Eleuterio que él también quería retirarse un tiempo a su villa. Y Eleuterio no tuvo más que llevarle. Al llegar, Maximiano buscó indicios de la conversión de Eleuterio, para poder acusarle, pero nada vio. Entonces, vio el aljibe y la cuerda y preguntó "¿Qué es eso, Eleuterio?" "Un viejo pozo seco, Señor", respondió el santo. Y Maximiano, conociendo que los cristianos en Roma se reunían en catacumbas, mandó bajar por la cuerda a un esclavo de su confianza. Este al subir contó lo que había visto y Maximiano mandó inmediatamente que Eleuterio fuera decapitado. Así lo hicieron y enterraron su cuerpo a las afueras de Tarsia, siendo el año 308.

Con la paz de Constantino una iglesia fue edificada en su memoria.


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Tomo IX. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

martes, 2 de agosto de 2016

San Esteban I, papa y mártir.

San Esteban I, papa y mártir. 2 de agosto, 30 de agosto y 7 de septiembre (Iglesias Griegas).


Fue natural de Roma, y su padre , llamado Julio, era un funcionario de la ciudad. No se puede afirmar si su familia era cristiana, aunque los testimonios antiguos, como Eusebio, habla de que "pronto se dedicó al estudio de las letras humanas y divinas", así que si no era de familia cristiana, se convirtió muy joven a la fe de Cristo. Por otro lado, antes de los 20 años ya formaba parte del clero del papa San Cornelio (16 de septiembre), que le ordenó de diácono. Por su parte el papa San Lucio I (4 de marzo), le ordenó presbítero y le nombró arcediano, es decir, encargado de los bienes y la caridad.Esteban contra los novacianos.
En 254 murió el papa Lucio y Esteban fue elegido su sucesor. Su elección tiene la particularidad de ser probablemente el primer antecedente los actuales cónclaves: Encerrados en las catacumbas los presbíteros y diáconos romanos, o sea, los colaboradores más cercanos al elegido, y solo ellos, eligieron a Esteban. Hasta entonces, y en siguientes elecciones, el pueblo y otros obispos circundantes participaban en la elección. 

Eran tiempos convulsos para la Iglesia, no por persecuciones externas, sino por las herejías internas que no cesaban de proliferar. Los novacianos eran los herejes del momento. Estos enseñaban que las segundas nupcias eran pecado, que el cristiano que pecaba mortalmente tenía que ser rebautizado, y, principalmente, propugnaban que aquellos que habían flaqueado y apostatado en tiempos de persecución, no debían ser admitidos de nuevo en la Iglesia. San Cipriano (16 de septiembre) y San Dionisio de Alejandría (8 de abril y 17 de noviembre) se opusieron a estas herejías, ya fuera por cartas, sermones o intervenciones en Concilios. San Esteban heredó todos estos conflictos y se enfrentó a ellos con decisión, aunque con caridad. Confirmó la deposición de los obispos Basílides de Astorga y Marcial de Mérida, a los que los demás obispos ibéricos habían depuesto por "libelatti" (se llamaban así a los cristianos que aunque no habían cometido idolatría habían comprado un libelo de haber sacrificado a los dioses para salvar su vida). Esteban los recibió con caridad, pero avisado de los obispos ibéricos y de Cipriano, sentenció como justa su expulsión, despidiéndoles.

Esteban contra Cipriano.
Tuvo Esteban que enfrentarse a su querido Cipriano cuando este, a la cabeza de otros obispos de Oriente, enseñaba que eran nulos los bautismos realizados por herejes y por tanto, fuera de la verdad católica, por lo que se les debía "rebautizar". Poco a poco esta doctrina comenzó a extenderse por África y proclamada por el Sínodo de Iconio, pero San Esteban alzó la voz desde Roma e impidió que se siguiera enseñando esa novedad. Los herejes, fueran de la secta que fuesen, solo debían profesar la fe católica y hacer penitencia públicamente, se les impondrían las manos y punto. Sin "rebautizo" alguno. San Cipriano no lo aceptó de primera instancia y luego de oír el parecer de muchos obispos de su misma opinión escribió a Esteban argumentando su enseñanza. Pero Esteban, sin amilanarse ante el enorme prestigio de Cipriano le respondió, y a los obispos de Capadocia, Cilicia y Galacia, que aquella postura les separaría de la comunión con toda la Iglesia, representada en la sede de San Pedro. Dionisio de Alejandría fue el primero en acatar la resolución de Esteban, y con él otros obispos africanos. Y finalmente, Cipriano, siempre amante de la verdad católica, acató y se retractó de su enseñanza errada. Esta firmeza de Esteban también sirvió para reducir a los novacianos, que finalmente abjuraron de su herejía y aceptaron la integridad de la fe de Cristo. Y esta norma permanece actualmente, pues enseña la Iglesia que el bautismo de los herejes, siempre que sea en el nombre de la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es válido, y solo habría que realizar las ceremonias faltantes.

Esteban contra el Imperio.
Y cuando las persecuciones internas cejaron, regresaron las externas. Si bien el imperio de Valeriano había comenzado sin especial inquina contra los cristianos, Marciano, primer ministro del emperador, y enemigo declarado de Cristo, mudó la voluntad de Valeriano, y le indujo a declarar la guerra a la Iglesia. Publicó el emperador un edicto por el cual confiscaba los bienes de los cristianos, y para asegurarse de que no escaparía ninguno, añadió a su edicto que concedería los bienes incautados a un cristiano a quien los denunciase. Esteban comenzó una gran labor alentando a los cristianos, socorriendo a los que quedaban pobres, a las viudas y huérfanos de mártires. Visitaba las catacumbas, llevaba la comunión, etc. Se daba todo para todos. Se dice que en un día llegó a bautizar y confirmar por su propia mano a 180 catecúmenos, los cuales a los pocos días padecieron martirio, pero esta cifra puede ser exagerada. Se hizo rodear de fieles presbíteros y diáconos con los que organizó la atención a los fieles y la custodia de los libros y vasos sagrados de la Iglesia.

Bautismo de Santa Lucilla.
Sus actas incluyen aquí una cuña para contar la vida y martirio de Santa Lucilla (31 de octubre, traslación de las reliquias y 25 de agosto). Resulta que Nemesio, un Tribuno, pidió al papa que sanase con un milagro a su hija única, ciega de nacimiento. Esteban le respondió: "Haré lo que me pides, pero a condición de que has de creer en Jesucristo, en cuyo nombra y virtud solo puedo obrar el milagro". Nemesio aceptó y junto a su hija fueron bautizados. Esteban dio luz a los ojos de la joven y la llamó "Lucilla". Este milagro obró la conversión de 63 paganos que igualmente fueron bautizados. Posteriormente Lucilla, San Nemesio (25 de agosto) y su mayordomo Sempronio serían mártires. Pero antes bautizó Esteban a Olimpio, el juez que interrogó a los tres, y se convirtió al ver como Sempronio redujo a polvo un ídolo con solo invocar el Nombre de Cristo. A todos estos mártires les enterraría el mismo santo papa. Para terminar esta "cuña": En 1642 un cuerpo titulado "Lucilla" fue sacado de un nicho de las catacumbas de San Calixto, para ser venerado en la basílica de San Próspero y, a continuación, en la Capilla de Nuestra Señora de Gracia de Reggio, donde se venera. Aunque se le aplicó la leyenda de esta Lucilla, no hay garantías de que realmente lo sea.

Esteban por Cristo.
Tanta labor del papa hizo que el emperador, enfadado con Esteban, quisiera conocerlo y mandó llevarlo a su presencia. Le preguntó: "¿Eres tú el sedicioso que turba al Estado, desviando al pueblo del culto debido a los dioses del imperio?". "Señor" – respondió el Santo – "yo no turbo al Estado; solo exhorto al pueblo a que no rinda culto a los demonios, y a que adore al verdadero Dios, a quien únicamente se le debe adorar". Replicó Valeriano: "Impío, esa blasfemia que acabas de proferir la vengará tu muerte" – y volviéndose a los soldados les mandó – "quiero que sea conducido al templo del dios Marte, y que allí sea degollado y ofrecido en sacrificio". (Esto último es imposible, pues sabido es que los romanos no ofrecían sacrificios humanos a los dioses). Tomaron los soldados a Esteban y apenas llegaron frente al templo del dios, rompió el cielo en una espectacular tormenta y un rayo violentísimo destruyó el templo.

Al verse libres, Esteban y los demás cristianos que iban a ser "sacrificados" se fueron a las catacumbas, donde el papa celebró la eucaristía y cuando estaba predicando en su sede, entró una turba de soldados y allí mismo le degollaron, el 2 de agosto de 257. Fue sepultado, con algunas reliquias de su silla, en las catacumbas de San Calixto. Su cabeza se venera en la catedral de Colonia.


Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Julio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1865.
-"El papa ha muerto. ¡Viva el Papa! JOSÉ-APELES SANTOLARIA. Barcelona, 1999.