sábado, 30 de julio de 2016

Santos Abdón y Senén.

Santos Abdón y Senén, mártires. 30 de julio.

Retablo en Tarrassa.
Si bien sobre estos santos lo que nos ha llegado es una leyenda de poca veracidad, su culto está documentado al menos desde el siglo IV en Roma. Su "passio", tardía con respecto al culto nos cuenta que imperando Decio, y habiendo vencido a los persas, quiso ofrecer un sacrificio de acción de gracias a los dioses. Como era costumbre, por otro lado, en el imperio. En el marco de los sacrificios, supo de dos nobles cristianos persas que se habían negado a participar en los festejos y, como estaba resuelto a exterminar a los cristianos, mandó les arrestaran y los llevaran a su presencia.

Decio los recibió con la distinción que merecían por su nacimiento y trató de ganárselos para sí. Los santos respondían con respeto hasta el punto en el emperador les habló de abandonar su fe cristiana si querían conservar el favor imperial. "Somos cristianos" – respondieron – "y nos gloriamos de serlo. Si para merecer vuestra benevolencia fuera necesario sacrificar nuestra quietud y nuestros bienes, prontos estaríamos a hacer este sacrificio; pero vos mismo sabéis que no es justo preferir la gracia de los hombres a la de Dios, y perder la del creador por merecer la del príncipe". Irritado, Decio les dijo: "no conozco otro Dios que los dioses del imperio, a los que os mando adorar". Los santos le replicaron: "Gran príncipe, hasta la simple razón demuestra que no puede haber muchos dioses; pues en un imperio no se podrían sufrir dos dueños igualmente soberanos. Esos que llamáis dioses son demonios, monas ridículas de la divinidad, que se burlan de los hombres. No hay más que un solo Dios y soberano dueño del universo, creador de todas las cosas. A este adoramos como a nuestro soberano dueño y también vuestro".

Irritado sobremanera Decio, quiso juzgarles, atormentarles y ajusticiarles ahí mismo, pero como su triunfo sobre los persas aún era precario, temió una sublevación de estos, que estimaban mucho a Abdón y Senén. Así que prefirió que fueran juzgados en un sitio donde no les amaran, y les metió entre los prisioneros que había hecho en la campaña y que debían ser conducidos en su viaje triunfal a Roma. El viaje a la Ciudad Eterna fue brutal, de tanto que padecieron los dos hermanos. Burlas, desprecios, castigos, fatigas… todo es poco, para lo que describen las "actas" y que no transcribo por brevedad. Llegados a Roma, Decio los entregó como valiosa presa y terribles enemigos al prefecto Valeriano. Al día siguiente Abdón y Senén comparecieron ante el tribunal, causando admiración al pueblo, por su entereza, gallardía y porte. Valeriano puso un altar en la misma sala de la audiencia, sobre el cual colocó un ídolo de Júpiter y mandó a los santos que sacrificasen al dios. Aparte, les mandó decir que le valía con que al menos hicieran las ceremonias exteriores, aunque no creyeran, pues deseaba verles libres. Pero los hermanos repudiaron tal simulación y dijeron: "Somos cristianos, tenemos gloria en serlo y no entendemos de disimulo en materia de religión. No adoramos más que a un solo Dios, y solo a él se deben ofrecer sacrificios. Vuestras soñadas deidades son invención de vuestras fábulas. Conociendo nosotros su ridiculez, jamás podremos incurrir en vuestras impiedades". "¿Llamáis impiedad" – replicó Valeriano – "a reconocer al sol por dios de vuestra nación, y que es adorado como tal por vuestros padres?" "Sin duda" – repusieron los Santos – "¿Es que hay cosa más impía que reconocer por dios a una pura criatura? Tan descaminados vivieron en este punto nuestros padres como vosotros, y en eso estamos nosotros muy lejos de imitarlos; nunca diremos, y nunca sentiremos otra cosa". Viendo Valeriano que no había caso con Abdón y Senén, dio cuenta de ello al emperador, que determinó que los dos persas fueran llevados por la fuerza delante de la estatua del dios Sol, y se les obligase a ofrecer incienso al ídolo. Pero una vez puestos los hermanos ante el dios, lo que hicieron fue escupirlo con desprecio. Y esto les costó ser azotados con plomadas y cuando ya se les veían los huesos, los enviaron al anfiteatro a ser devorados por las fieras.

Entretanto Abdón y Senén entonaban cánticos de alabanza a Cristo, ya les azotaran, ya les echaran a la arena. En el anfiteatro les soltaron dos leones y cuatro osos, que si bien salieron con gran ferocidad de sus jaulas, al llegar a los pies de los hermanos, se postraron a los pies de los santos como para respetarlos y rendirles homenaje. Clamó Valeriano a la multitud que había reunida para ver el espectáculo: "No se puede negar que estos dos cristianos son dos grandes magos; mirad como amansaron las fieras de repente", y temiendo que aquel prodigio moviera a muchos a convertirse a la fe de Cristo, mandó que los gladiadores los degollaran a las puertas del recinto. Así se hizo, y luego tomaron los cuerpos y arrastrándolos, los ataron a de la estatua del Sol y allí los ataron. Estuvieron los santos cuerpos tres días sin ser spultados, hasta que un subdiácono de nombre Quirino se los llevó a la tercera noche y los enterró en una caja de plomo en su propia casa. 

Cráneos de los santos en Sagunto.
Uno se ve destrozado.
Culto y reliquias.
En tiempos de Constantino, las reliquias fueron halladas y sepultadas con honor en el cementerio de Ponciano (hecho que recoge el martirologio pseudojeronimiano a 30 de julio), donde consta que tuvieron culto, como demuestran su sepulcro y frescos que aún se conservan. En el siglo VI las reliquias se trasladaron a una iglesia construida en dicho sitio. La segunda traslación que consta se hizo en 828, cuando Gregorio IV donó una parte de los cuerpos de ambos santos a la iglesia de San Marcos, en Roma y allí se veneran actualmente. Otra parte a la abadía de San Medardo de Soissons, donde estuvieron hasta que los hugonotes las profanaron y quemaron en el siglo XVI. Desde esta abadía se extendió su culto a Francia y a España, donde son venerados principalmente en la zona mediterránea como abogados de las cosechas, el buen tiempo y contra el granizo, "la pedra", como se dice en valenciano. Unas supuestas cabezas de ambos santos se veneran en Sagunto, Valencia, donde he tenido la oportunidad de honrarlas.


Fuentes:
-“Las iglesias de Roma con todas las reliquias y estaciones”. FRANCISCO DE CABRERA Y MORALES.
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". JuLio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1865.
- "Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Vidas de los Santos". Tomo VII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

viernes, 29 de julio de 2016

Santos Beatriz, Simplicio y Faustino, mártires.

Mosaico en Santa María
la Mayor, Roma.
Santa Beatriz, virgen y mártir, junto a Simplicio, Faustino y Rufo. 29 de julio y 22 de febrero (traslación de las reliquias).

Su leyenda dice que Beatriz fue hermana de los santos mártires Simplicio y Faustino, que fueron degollados imperando Diocleciano. Sus cuerpos fueron arrojados al río Tíber y ella los recogió y enterró cristianamente. Por este hecho Beatriz, al año siguiente fue denunciada por Lucrecio, un pariente lejano que tenía interés en heredarla, y al que ella rechazaba constantemente. Recordemos que en esta época estaba prohibido enterrar los cuerpos de los mártires, pues los emperadores sabían que eran venerados por los cristianos y por ello fue encarcelada y estrangulada en la misma cárcel, e igualmente su cadáver fue arrojado al Tíber. El pariente no pudo gozar de la herencia de Beatriz, pues murió fulminantemente tras la muerte de ésta. El cuerpo de Beatriz fue rescatado por una mujer de nombre Lucina, junto al de otro cristiano llamado Rufo que también habría padecido martirio. Lucina los sepultó junto a los hermanos. 

Si bien esta leyenda es tardía, estos santos mártires gozaron de un antiguo culto. El martirologio pseudojeronimiano pone la "Depositio" efectivamente a 29 de julio, en las catacumbas de Generosa. Con lo cual tal fecha es en realidad el enterramiento y no el día del martirio. El papa San Dámaso (11 de diciembre) levantó una iglesia en su honor, y el papa San Gelasio (21 de noviembre) hace menciones a Beatriz y su culto. Algunas reliquias habrían sido llevadas por San Bonifacio a Fulda, luego de su visita a Roma, de donde partió con numerosas reliquias de santos. En 683 San León II (3 de julio) trasladó las reliquias de Beatriz y sus hermanos a una iglesia que había construido en honor a San Pablo. Posteriormente serían trasladadas a la Basílica de Santa María la Mayor, y posteriormente a la basílica de San Nicolás, donde se veneran actualmente, salvo una porción que Inocencio X donó a Ana de Austria.

miércoles, 27 de julio de 2016

Beato Tito Brandsma, carmelita mártir.

Beato Tito Bransdma, presbítero carmelita y mártir. 27 de julio.

Anno Sjoerd nació el 23 de febrero de 1881 en Bolsward, Holanda, en una familia profundamente católica. Desde su niñez sintió la vocación religiosa, se educó con los franciscanos pero ingresó en los carmelitas de la Antigua Observancia, tomando el hábito el día de San Alberto de Jerusalén (17 de septiembre) de 1898, y recibiendo el nombre de Tito. Profesó sus primeros votos al año siguiente, el 3 de octubre. Desde el noviciado Tito mostró un gran celo por la historia, las tradiciones y sobre todo por la mística carmelitana. Tenía vocación de escritor y de investigador y ambas facetas las puso al servicio de la fe y la Orden. Estudió en los conventos de Sendereen, Boxmeer y Oss, donde dejó gratos recuerdos por su aplicación y luces. El 17 de junio de 1905 fue ordenado sacerdote y en 1906 fue a Roma para doctorarse en Filosofía, lo cual logró en 1909, con 28 años. Fue un ferviente defensor de la prensa católica y del uso de esta como importante medio de evangelización. Fundó la revista "Van Neerlands Carmel" y dirigió desde 1912 la revista "Carmerozen", y además, fue redactor jefe del periódico "De Stat Oss".

Fue uno de los fundadores de la Universidad Católica de Nimega, donde fungió como profesor de Filosofía e Fistoria de la Mística en 1923. Más tarde sería elegido Rector Magnífico de dicha Universidad. Fue un gran conocedor de la obra de Santa Teresa de Jesús (15 de octubre y 26 de agosto, la Trasverberación), cuyas obras tradujo con gran acierto al holandés, dando un gran impulso al conocimiento de la santa incluso entre religiosos y religiosas. También investigó sobre la mística flamenca de varios siglos, logrando reunir un corpus de obras místicas y doctrinales de gran calado y de imprescindible consulta para todo aquel que quiera acercarse a estos místicos. El actual "Instituto Tito Brandsma" de Nimega, dedicado al estudio de la mística, tiene su origen en la obra de nuestro beato. En 1925 fundó la Unión de Escuelas Católicas, siendo su presidente hasta incluso estando preso y ser martirizado. En 1935 es nombrado consejero eclesiástico de la Asociación de Periodistas Católicos de Holanda.

Pero el P. Tito fue ante todo un religioso carmelita. No olvidó la sencillez, la humildad y la vida interior tan preciosa al Carmelo. Celebraba la misa con gran devoción, predicaba, daba retiros, visitaba enfermos, etc. En la comunidad era un religioso más, y nunca se permitía faltar a los actos comunitarios, como Capítulos o al coro. Si tenía que ayudar en la cocina o limpiar suelos, lo hacía con naturalidad, como un religioso más, a pesar de dirigir la Universidad. Su amor a la verdad era doble, si puede ser, como cristiano y como periodista. Por ello cuando en 1940, los nazis invaden Holanda, el P. Tito no calló ante los desmanes nazis, denunciando el peligro antropológico, político y religioso que significaba el nazismo. Fue ardiente defensor de la libertad de los judíos y de otros grupos étnicos y sociales. También se enfrentó a los nazis cuando estos exigieron que los judíos fueran expulsados de las escuelas católicas, únicas ya donde podían estudiar en paz. Y, sobre todo, se negó a prostituir su amada prensa católica con propaganda nacionalsocialista.

Por todo ello, el 19 de enero de 1942 fue arrestado en el convento de Nimega y trasladado a la cárcel de Scheveningen, donde continuó su labor de escritor, haciendo una apología de su inocencia. Allí escribió el 12 de febrero de 1942:
Cuando te miro, mi buen Jesús, advierto
en Ti el amor del más querido amigo,
y siento que, al amarte yo, consigo
el mayor galardón, el bien más cierto.

Este amor tuyo - bien lo sé - produce
sufrimiento y exigen gran coraje;
mas tu gloria, en este duro viaje,
solo el camino del dolor conduce.

Feliz en el dolor mi alma se siente;
la Cruz es mi alegría, no mi pena;
es gracia tuya que mi vida llena 
y me une a Ti, estrechamente.

Si quieres añadir nuevos dolores
a este viejo dolor que me tortura,
fina muestra serán de tu ternura
porque a Ti me asemejan, redentores.

Déjame, mi Señor, en este frío
y en esta soledad, que no me aterra;
a nadie necesito ya en la tierra
en tanto que Tú estés al lado mío.

¡Quédate, mi Jesús! Que, en mi desgracia,
jamás el corazón llore tu ausencia;
que todo lo hace fácil tu presencia
y todo lo embelleces con tu gracia.             


Como no le reducían, le llevaron a la cárcel de Amersfoort, donde le encomendaron trabajos forzados, sin cesar de torturarle. Pero su fe y su ciencia eran inquebrantables. Padeció numerosas enfermedades, entre ellas la disentería, que le llevó a la enfermería de la prisión, donde se agenció para organizar tertulias literarias y encuentros religiosos con los demás presos. Era su ángel, su consuelo, un respiro que Dios les enviaba. A mitad de año le trasladaron al terrible campo de Dachau, luego de brutales interrogatorios. Antes de llegar estuvo en la prisión de Kleve, donde sufrió una auténtica agonía del alma o "noche del espíritu", en la que vivió atormentado sobre cuál sería la voluntad de Dios, si acaso obraba correctamente o le movía la soberbia o la fe. Llegado a Dachau, fue destinado igualmente a trabajos forzados, que terminaron agotándolo. En la enfermería, a la que enviaron desahuciado, su agonía aumentó, pues fue sometido a experimentos médicos. En su caso fue el de producir flemones artificiales, con todo el dolor que conllevaban. Cuando se les hizo inservible, los nazis ordenaron que fuera asesinado con una inyección de ácido fénico, el 26 de julio de 1942. Su santo cuerpo fue incinerado y los restos fueron arrojados a una fosa común.

La enfermera que aplicó la inyección declaró posteriormente en el el proceso de beatificación. Ella le había confesado que se había educado como católica, pero había abandonado la fe. El P. Tito le dio su rosario y le pidió rezara con él. Al responderle que había olvidado las oraciones, el buen carmelita sonrió y le replicó: "de todos modos podrías decir las palabras 'ruega por nosotros pecadores'". El 3 de noviembre de 1985, el papa Juan Pablo II le beatificó. El Decreto de Beatificación expone: 
"De pequeña y grácil estatura y de salud siempre delicada, supo combinar una intensa vida interior y una gran solicitud por todas las formas modernas de apostolado: misiones, unión de las Iglesias, escuelas y educación católicas, medios de comunicación social (…) De carácter apacible pero firme, destacaba por su fe viva, por su inmensa confianza en Dios y por su exquisita caridad, especialmente para con los pobres, por lo que muchos, ya antes de su martirio, le tenían por santo (…) Pasó sus últimos meses en cárceles y campos de concentración dando a todos ejemplo de una fe inquebrantable, de fortaleza de ánimo, de paciencia y de exquisita caridad. Perdonó a sus enemigos y rezaba por ellos."



Algunas frases suyas nos han quedado como testimonio de su integridad cristiana y su amor al Carmelo.
"La espiritualidad del Carmelo, que es vida de oración y de tierna devoción a María, me llevaron a la feliz decisión de abrazar esta vida. El espíritu del Carmelo me ha fascinado".

"La contemplación de Dios será el objeto de nuestra felicidad en el cielo, de la cual debemos sentir la anticipación en esta tierra. Debemos gustar de leer mucho de Dios, así como de oír hablar de él. Debe ser Dios objeto frecuente de nuestras meditaciones y contemplaciones. Hablar de Dios frecuentemente".

"Nunca dejemos de mirar a María, para ver y admirar como Dios la transformó, a qué gloria la encumbró. ¡Cuántas y qué gracias quiere darnos Ella, a qué gloria nos queire elevar! ¡Bienaventurados han de llamarnos todas las generaciones!"

"La imitación de San Elías y la devoción a la Santísima Virgen ha sido siempre desde los orígenes los dos elementos específicos de la espiritualidad del Carmelo. Siempre se ha inculcado a los carmelitas el deber de imitar estos dos modelos: Elías y María. Hijos de Elías y hermanos de María. Y es también de aquí de donde nace para el Carmelo su orientación mística".



En 2005 la ciudad de Nimega le eligió como su más honorable habitante a través del tiempo.



Fuente:
-"Camino del cielo. Pensamientos espirituales del beato Tito Brandsma". P. RAFAEL MARÍA MELÚS. Onda  


A 27 de julio además se celebra a San Aurelio y compañeros mártires. 

sábado, 23 de julio de 2016

Santos Bernardo, María y Gracia, mártires.

Imágenes veneradas en Alzira.
Santos Bernardo, monje; María y Gracia, vírgenes, mártires. 23 de julio (invención de las reliquias), 2 de septiembre (en Poblet).

Fueron estos tres hermanos naturales de Valencia, y nacieron en un sitio que ya no existe llamado Pintarrafes, que ya no existe como localidad, sino que Carlet ha ocupado esa zona. Hay que decir que sus nombre de nacimiento fueron Ahmed, Zaida y Zoraida, pues eran hijos del moro Almanzor, señor del lugar allá por el siglo XII, antes de la Reconquista. Además, tenían un hermano mayor también llamado Almanzor. Ambos hermanos varones se formaron en Valencia, donde aprendieron artes de guerra, letras y ciencias. Las hijas quedaron en casa. 

Ahmed llegó a ser contable del rey de Valencia, y además, este le encomendó varias legaciones importantes. En una de ellas le envió a Barcelona para tratar el asunto de canjear cristianos con moros presos. De regreso, pasando por Tarragona se perdió en el bosque junto a su criado. Como se hizo de noche, decidió descansar para hallar la salida al otro día. Estando dormido, soñó que oía unas voces que le parecían de otro mundo. Despertó y notó que aún oía las voces. Y es que estaban cerca del sagrado monasterio de Poblet, de donde venían aquellas voces, pues los monjes estaban cantando maitines. Despertó Ahmed a su criado y se acercaron al monasterio y pidieron entrar. Los monjes se sorprendieron de ver a los dos musulmanes tan sorprendidos a su vez. Preguntó Ahmed: "¿qué casa es esta, que gente sois, y qué manera de vivir tenéis?". Le respondieron los monjes: "Es este uno de los templos del Dios verdadero; del que todos nosotros somos servidores. Aquí solo nos ocupamos de darle gracias a todas horas por el beneficio de la creación y redención, y de habernos dado conocimiento de su santa ley; y en ella el estado de mayor perfección, como es el de monjes".

Más aún se interesó Ahmed sobre que el dios cristiano tuviera servidores que dedicaban su vida entera a alabarle, pidió conocerles más, y los monjes le permitieron quedarse unos días. Dejó Ahmed ir al criado, y le envió a Lérida, mandándole le esperase en casa de una tía suya. Mientras, se instruyó en la fe cristiana, se convirtió y pidió el bautismo. Una vez cristiano se llamó Bernardo, en honor al santo fundador del Císter. A los pocos días, además, pidió el hábito monástico para asegurar su salvación. Dudó el abad, pero al final consintió con el aplauso de la comunidad. Le encomendaron la portería, atendiendo a los peregrinos y pobres, donde dio grandes muestras de caridad, llegando incluso a multiplicar el pan que daba a los necesitados. Era penitente y pronto se adentró en la oración, y especialmente oraba y se disciplinaba por los infieles y rogaba por su conversión. Tanta fue la fama de santo del hermano portero, que pronto acudieron a Poblet muchísimos enfermos, a los que sanaba por milagro, especialmente a los niños. También cuando salía por su oficio de limosnero, le acercaban los niños para que los sanase, y lo mismo los tullidos, ciegos o mudos.

Curiosamente, las hermanas van de
cistercienses y el martirio ocurre
en un recinto cerrado.
Pasó el tiempo y quiso Bernardo ir a convertir a sus parientes, por lo pidió permiso al abad. Este se negó cuanto pudo, pero viendo que su deseo era una inspiración divina, le dejó marchar con tristeza. Partió Bernardo a Lérida, donde luego de luchas y oraciones, convirtió a su tía y la bautizó. La mujer donó todos sus bienes a los pobres y en adelante vivió pobremente, como una sencilla cristiana. Luego de esta victoria, se fue Bernardo a su casa, donde halló que su padre había muerto y su hermano Almanzor había heredado el gobierno de la familia y la región. Lo recibieron con alegría, pues pensaban venía huido del monasterio, para volver a la fe de Mahoma. Pero cuando comenzaron a hablar, vieron que era lo contrario, pues Bernardo tenía gran celo de Cristo. Pronto convirtió a sus hermanas, las que desde entonces se llamaron Gracia y María. Almanzor montó en cólera y le dijo a su hermano que se fuera a su monasterio, porque le quitaría la vida. Pero no contó Almanzor con la fe y arrojo de las hermanas, que también quisieron irse de allí, por miedo a verse presionadas a volver al islam. 

Huyeron los tres cristianos, y enterado Almanzor y algunos parientes, salieron en su busca. Permanecieron Bernardo, María y Gracia escondidos entre unos matojos a la altura de Alzira durante unos días. Al cabo, salió Bernardo al camino a buscar algo de comer para seguir camino hacia Poblet. Apenas atravesó el camino real, cuando fue descubierto por un piquete de soldados comandado por el mismo Almanzor, y no le alancearon porque Almanzor terció que si le entregaba a las hermanas, le dejaría irse. Respondió Bernardo: "Ya quisiera que hubieras recogido tú también, como ellas, el fruto de mi venida; mas pues no quieres que seamos hermanos en la fe, ten entendido que los tres estamos prontos a morir por esta". Almanzor le hizo atar y le mandó le guiase adonde estaban las hermanas, pero ellas salieron al camino y suplicaron a Almanzor tuviera piedad. Él las consoló con piadosas razones, y con tal inspiración, que también ellas se mostraron dispuestas a ofrecer sus vidas por Jesucristo. Los soldados ataron a Bernardo a un árbol y para martirizarle, le metieron un clavo de barco por la cabeza, y mientras invocaba el Nombre de Jesús y exhortaba a la conversión a sus asesinos, expiró. Almanzor hizo promesas y amenazas a Gracia y María, para que abandonasen aquella locura y volviesen a casa, pero ellas solo hablaban para animarse una a la otra a perseverar en la verdadera religión. Y como nada lograba, mandó a sus sicarios las despedazaran a cuchilladas. Ocurrió este martirio en 1180

Azulejo conmemorativo. Alzira.
Los tres santos cuerpos fueron abandonados para que fueran comidos por los cuervos, pero algún desconocido les enterró. Aquí hay un paréntesis que arroja sombras y dudas, pues no sería hasta el tiempo de la reconquista del Beato Jaime I de Aragón (23 de julio), cuando las reliquias son halladas en 1242. El rey mandó fuesen colocadas en una ermita dedicada a su memoria en Alzira, dejando custodiándolas a un santo varón. Como la paz no era duradera, las reliquias fueron ocultadas de nuevo, y el sitio del enterramiento iba pasando de un ermitaño a otro. Pero esto duró demasiado como para no sospechar. No sería hasta el 23 de julio de 1599 cuando ocurriría la invención de las reliquias, con ocasión de que los frailes trinitarios anexan dicha ermita a un convento que construyen, y el último ermitaño revelase al provincial de la Orden que en dicho templo estaban las preciosas reliquias de los santos hermanos. Por orden de Felipe III, respondiendo a una petición de Poblet, las reliquias pasaron al monasterio de Poblet, donde llegaron a 2 de septiembre de 1603. Se entabló un largo litigio por dicha traslación y en 1610 se resolvió compartir las reliquias y que una parte regresase a Valencia, yendo una porción a Carlet y otra al Real Colegio del Corpus Christi de Valencia, por influencia del gran pastor de Valencia San Juan de Ribera (6 y 14 de enero), quien presidió esta ceremonia.

En 1643 la ciudad de Alzira los proclamó patronos suyos y en su iglesia parroquial de Santa Catalina mártir, tienen su altar y reliquias. En 1725 se compuso el Oficio Propio para toda la arquidiócesis de Valencia. Aunque la memoria era a 23 de julio, la Orden del Císter obtuvo como privilegio celebrarla a 1 de junio, pero ya no es obligatoria para toda la Orden.


Fuente:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año: Abril. P JEAN CROISSET. S.I. Barcelona, 1862.

lunes, 18 de julio de 2016

Santa Sinforosa, mártir.

Santa Sinforosa de Roma y sus siete hijos, mártires. 18 de julio.

Sinforosa y sus hijos ante Adriano.
Leyenda:
Esta hace de Sinforosa la esposa de San Getulio (10 de junio), y madre de los santos Crescencio, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo y Eugenio, siendo los dos últimos de pequeña edad. Eran cristianos piadosos y fueron perseguidos imperando Adriano. Getulio, su hermano Amancio y dos cristianos más fueron martirizados el 10 de junio de 120.

Sinforosa en tanto se fue con sus hijos a una propiedad familiar en Tívoli, donde con sus hijos se escondió en un aljibe seco, donde sobrevivían mientras se preparaban todos para el martirio. Cuando parecía que se habían olvidado de Sinforosa, Adriano convocó unos festejos para la inauguración de un palacio que se había construido. Consultó a los oráculos y los sacerdotes de los dioses los "interpretaron" y dijeron al emperador: "los dioses quieren las vidas de la cristiana Sinforosa y sus hijos, que aún adoran a su dios día y noche. Ofréceles sus vidas y los dioses te concederán lo que quieras". Mandó Adriano a buscarles, fueron sacados de la cisterna y llevados a Roma. Fue conminada a sacrificar a los dioses, y como la santa mujer se negó, le golpearon y desnudaron, y así la colgaron de los cabellos frente al templo de Hércules, para humillarla. Situaron cerca de ella a sus hijos más pequeños, que lloraban, para que se arrepintiera de su constancia, pero por nada del mundo Sinforosa negó a Cristo.

Como veía Adriano que nada podía, mandó que le ataran una piedra al cuello y la tirasen al Tíber. En cuanto a los hijos, tampoco renegaron de Cristo por más que les hacían promesas de libertad y riquezas, o les amenazaban con crueles tormentos. Les tendieron en el potro, fueron descoyuntados, les desgarraron los costados y les aplicaron antorchas, pero no renegaban de la verdadera fe. Cuando vio Adriano que estaban confirmados absolutamente en la fe cristiana, mandó terminasen con ellos: Crescencio, Juliano, Nemesio fueron alanceados varias veces hasta morir, Primitivo y Justino fueron apuñalados, Estacteo fue descuartizado y el pequeño Eugenio fue cortado en dos. Todos alcanzaron la palma de la victoria en el año 125.

Culto y reliquias.
Los cuerpos de los jóvenes fueron lanzados a una fosa común, de donde serían rescatados sobre el año 127, habiendo un tiempo de paz para la Iglesia, y fueron trasladados a una sepultura en la Vía Tiburtina. Por su parte, el cuerpo de Sinforosa había sido rescatado previamente por su hermano Eugenio, que construyó un pequeño memorial para ella, y donde él mismo fue enterrado posteriormente.

La deposición de las reliquias de los hermanos está documentada en varios martirologios, en primero el jeronimiano del siglo IV, con algunas diferencias. Aparecen a 29 de mayo, 27 de junio y a 18 de julio, día en que son mencionados por primera vez junto a Sinforosa, pues antes solo se les mencionaba a ellos. está claro que en este día se juntaron las reliquias de Sinforosa con las de estos siete mártires, de los que se ve tenían culto y por ello se les asoció Sinforosa como madre. Aunque la "passio" es antigua y los historiadores les dan bastante crédito, hay que decir que es una construcción para asociar a varios mártires que, efectivamente, a 18 de julio de mediados del siglo II fueron sepultados en el IX miliario de la Vía Tiburtina. Que padecieran bajo Adriano no parece claro, sino probablemente fuera después.

Martirio de Sinforosa.
En el siglo VI ya se menciona su culto y una iglesia dedicada a la memoria de Sinforosa y sus hijos, donde se veneraban sus reliquias. Ciertamente, en el siglo XIX se hicieron excavaciones y se hallaron dos basílicas con arcas bajo el altar para contener reliquias, aunque estaban vacías, como se esperaba. Y es que en realmente, la tradición quería que, según informa el martirologio de San Adón de Vienne (16 de diciembre), en 752 y reinando Esteban II, se habían trasladado las reliquias de Sinforosa y sus hijos a la iglesia de San Andrés de Pescheria, donde reposaban las reliquias de San Getulio y sus compañeros mártires. Esta traslación, la antigüedad de la inscripción de Getulio en el martirologio romano y su culto le convirtieron en marido de Santa Sinforosa y padre de los siete mártires, pero eso es solo por la coincidencia de nombres de la mujer de Getulio (aparece llamada Sinforosa en la "passio" de este) y de nuestra mártir, y para darle importancia a la leyenda de esta.

En 1610 fue hallado un sepulcro de mármol en el que estaban mezcladas todas las reliquias de Getulio y compañeros, y Sinforosa e hijos, y cuya inscripción certificaba la traslación hecha por Esteban II. Fueron en colocadas en una urna de cristal. En 1584, Gregorio XIII donó parte de las reliquias a los jesuitas, que a su vez donaron partes a algunos colegios españoles y americanos. En 1587, para evitar más expolio, se metieron las reliquias en el sarcófago de mármol y se selló.

Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VIII. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.
-"Diccionario de los Santos" C. LEONARDI, A. RICCARDI Y G. ZIARRI. Ed. San Pablo. Madrid, 2000.
-"Los mártires o el triunfo de la religión cristiana". François-René Chateaubriand. Madrid, 1856.
-"Las verdaderas actas de los mártires". TEODORICO RUINART. Tomo III. Madrid 1776.

sábado, 9 de julio de 2016

De sabios y mártires.

Santos Patermucio, Copretes, y Alejandro, mártires. 9 de julio.

Para entender esta leyenda, hay que dividirla en dos, pues ella misma se divide de manera abrupta y sin un lazo entre ellas.



Parte I.
Imperando Juliano "el apóstata", vivían en Egipto dos ermitaños llamados Patermucio y Copretes. Copretes, que era el más joven, dijo al anciano Patermucio: "Padre, que significa la frase de San Pablo, en su epístola a los Romanos, ‘Hubo un tiempo en que no había Ley, y yo vivía. Pero llegó el precepto, dio vida al pecado, y yo morí. Así, pues, el precepto que había sido dado para la vida me trajo la muerte’" (Rom 7, 9-10). Patermucio le respondió, "San Pablo no habla de sí mismo, porque él era un hebreo hijo de hebreos, y nunca vivió fuera de la ley. Él habla de la persona de Adán. Porque Dios hizo a Adán, y lo colocó en el paraíso, y Adán vivía entonces sin la ley. Pero cuando llegó la ley que prohibía el acceso al árbol, comió y murió". 

"Padre" insistió Copretes "Se dice en el Evangelio que una mujer tenía diez monedas de plata, perdió una y luego encendió una vela y buscó hasta que encontró la moneda perdida. ¿Puedes explicarme esta parábola?" (Luc 15, 8). "La mujer representa a la Sabiduría Divina” – le respondió el santo viejo – "las monedas que posee son los nueve coros de los ángeles, y el hombre, que se ha perdido, es la décima. Aunque el hombre estaba perdido, la Sabiduría Eterna, encarnada en Cristo, lo buscó con la luz de la fe, lo encontró y lo recuperó".

"Padre", dijo Copretes "He leído en el Salmo: ‘Dios se porta muy bien con Israel con los que tienen puro el corazón. Pero yo, por poco mi pie no tropieza y mis pasos casi se resbalan; yo sentía envidia de los malos, viendo lo bien que le va a los impíos’ (Sal 73, 1-3). Me explicas lo que esto significa?". "Esto" – dijo Patermucio – "fue dicho por Asaf, que vivió una vida de ermitaño en una colina alta, y a sus pies había una ciudad. Y cuando él miró hacia abajo y vio a los que montaban a caballo, y se divertían, deseó descender del monte, pero un ángel detuvo sus pasos y lo envió de vuelta a la cima de la montaña, y entonces le fue dada la gracia de conocer el poco valor real de las cosas terrenas".

Y Copretes, deseoso de conocer a su Señor, continuó: "Mi padre, una vez más, dime lo que significa ese pasaje que dice ‘nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque si lo hacen, se reventarán los odres, el vino se desparramará y los odres se estropearán. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así se conservan bien el vino y los odres’" (Mateo 9, 17). "Aquí" – le respondió Patermucio – "el vino nuevo significa el Evangelio Los viejos odres son los judíos y los nuevos son los gentiles". "¡Sólo una pregunta más, padre!" – rogó Copretes – “Soñé que un hombre vestido de blanco descendía del cielo hacia mí, entonces apareció un hombre negro en medio de un denso humo y un fuego ardiente, y, extendiendo su mano me agarró, y yo estaba en medio del humo con todos mis pecados silbando en torno a mí. ¿Qué significa esto, padre?" Patermucio le miró con compasión y le dijo: "Significa que caerás en una gran tentación que pronto vendrá sobre ti".

Parte II.
Aconteció que en esta época llegó a Egipto el emperador Juliano, que iba de camino contra los persas. Al llegar a la Tebaida, mandó apresar a algunos cristianos y monjes y llevarles a Alejandría. Entre ellos estaba Copretes, al que conminó a renunciar a Cristo, bajo amenaza de torturas. El joven monje flaqueó y por miedo al dolor, renegó de Jesucristo. Luego fue llevado a juicio el anciano Patermucio y cuando vio a Copretes entre los sirvientes del emperador, bien vestido y rodeado de pecado, le recriminó su apostasía y le recordó el fuego eterno que le esperaba. Copretes se arrepintió de su traición y dejando la librea, corrió adonde su maestro gritando: "Confieso que no soy julianita, sino cristiano". Y Juliano mandó que Patermucio fuera echado en un horno de fuego ardiendo, y que a Copretes le arancaran la lengua con tenazas ardientes, pero cuando estas se acercaban a su boca, una y otra vez, se enfriaban. Ante esto, Juliano mandó le arrojaran al horno junto a Patermucio. Pero Dios puso su mano y apagaba el fuego cada vez que les metían en él. 

Vio estos portentos un soldado que estaba presente, llamado Alejandro y confesó al Dios de los cristianos, por lo que Juliano también mandó fuera metido en el fuego, pero un nuevo portento ocurrió, y es que las llamas tocaban a los mártires, pero no los consumían. Alejandro apenas tocó el horno, expiró dulcemente, y Patermucio y Copretes fueron sacados del horno y pasados a espada, al ver que el fuego no les hacía daño.

Conclusión.
Esta leyenda mezcla diversos personajes para armar una historia. La primera parte toma al monje Patermucio, un glorioso confesor del que los menologios griegos recogen algunas enseñanzas, como las que vimos, que fue prisionero en las minas de Cilicia y le ponen padeciendo junto a San Pánfilo (1 de junio y 16 de febrero, Iglesias Orientales), para terminar quemado vivo poco tiempo después bajo el gobernador Firmiliano. Su memoria sería a 17 de septiembre. Por su parte, Eusebio habla de este Patermucio y sus enseñanzas, pero le pone padeciendo en 310 bajo Diocleciano, terminando sus días en el fuego junto a los obispos Santos Nilo y Peleo (17 de septiembre). 

Para liarla más, Rufino en su "Vidas de los Padres del Desierto" le menciona y habla que en su juventud había sido ladrón y profanador de tumbas, aunque había hecho ejemplar penitencia y se convirtió en un santo monje. Y para más inri, en el relato de Rufino es Copretes el viejo y sabio, que, además, tenía don de milagros y realizó varias curaciones y expulsó varios demonios. Pero no habla que sean mártires.

También hay que recordar que Juliano nunca fue a Egipto después de coronarse emperador y, lo más importante, no persiguió a los cristianos. Solo padecieron los soldados que no acataron sus órdenes por regresar al paganismo, pero los cristianos, seglares o eclesiásticos, no fueron perseguidos, por más que leyendas como esta lo cuenten. Es evidente que estos tres mártires corresponden a otra época, otros nombres y no son los conocidos eremitas del desierto, y de los que sí constan datos de su vida y final. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 9 de julio además se celebra a San Juan de Colonia, dominico mártir.