lunes, 27 de junio de 2016

San Zoilo y compañeros mártires.

San Zoilo de Córdoba y compañeros mártires. 27 de junio.

El 27 de junio de 303 entraba a la vida eterna uno de los más insignes mártires españoles de los primeros siglos: Zoilo, un joven cordobés. 

Había nacido en la misma ciudad, y era descendiente de nobles romanos y de familia cristiana, en cuya fe se había educado, y que profesaba públicamente. Llegados Diocleciano y Maximiano al gobierno del imperio, se desató la persecusión que ya conocemos por otros testimonios martiriales. Conocemos que los emperadores enviaron a España a Daciano, juez por cuya condena padecieron otros mártires ibéricos, como Santa Eulalia de Barcelona (12 de febrero). Apenas llegó Daciano a la ciudad, supo de la existencia de Zoilo, el joven que no ocultaba su fe. Le llamó a su presencia y enterado de sus orígenes y virtudes le dijo: "¿Por qué, siendo noble,expones a tu linaje tan fea mancha, siguiendo el sistema de una gente vil como los cristianos, que no teniendo títulos de honor con que darse a conocer, querrían hacerse conocidos por inventores de novedades? Nuestra religion está autorizada con la antigüedad; pero la vuestra nació ayer, tan desvalida, que es afrenta profesarla, y tan perseguida, que el no dejarla es una temeridad. Créeme , Zoilo, y obra como hombre cabal: deja el error en que estás, pues de lo contrario serás la víctima de mi indignación, y el escarmiento de tus semejantes".

-"Vicio de gente infame es el mentir" – respondió Zoilo – "así como es propio de los nobles decir y defender la verdad. La ley de los cristianos lo es sin duda, pues es su autor el verdadero Dios. Tus deidades sí que son de ayer, hechuras de las manos de los hombres, que no pueden ni son capaces de dar divinidad a las piedras, ni a los leños de que están hechos tus vanos ídolos. ¿Qué caso se ha de hacer de una religion que tributa culto a dioses adúlteros, homicidas y perversos, confesados así por vuestros mismos, poetas en la historia de sus vidas?" "Escoge, Zoilo, vivir con honor y comodidad sacrificando a los dioses, o morir o la violencia de diferentes tormentos", fue la respuesta de Daciano. No alteró al santo tan terrible amenaza, antes bien deseoso de testificar con su sangre fe cristiana, comenzó a predicarla con más valor aún.

Irritado, Daciano mandó que le azotasen furiosamente, y luego le rasgaran con garfios de hierro, Zoilo se mantenía firme en la fe de Cristo y dejo al tirano: "Hiere, rasga, y despedaza mi cuerpo, pues mientras más le atormentes, mas crecerá mi corona; pues mi Maestro y Señor Jesucristo enseña en su Evangelio a sus discípulos a no temer á aquellos que solo pueden causar la muerte corporal. Sabe que esto para mí es el fin de todos los males, y el principio de una infinita felicidad; pero para ti será entrada a una eterna noche de tinieblas infernales donde en compañía de los demonios serás atormentado por los siglos de los siglos sin esperanza alguna de alivio". Y ordenó Daciano que le abrieran las espaldas y le sacasen los riñones, pero por milagro, no murió Zoilo, sino que permanecía vivo y con ánimo esforzado. Este milagro y la fe del mártir terminaron por cegar a Daciano, que lleno de ira, tomó por si mismo una espada y degolló por su propia mano al santo.

Junto a Zoilo fueron degollados otros confesores. No está claro el número de estos. Algunos menologios mencionan a 9, otros a 12, y algunos llegan a 22 compañeros mártires. Tomados los cuerpos de las víctimas, fueron sepultados entre los extranjeros, para que así mezclados, los cristianos no pudieran dar debido culto a sus reliquias. Pero los cristianos los tenían bien identificados, por lo que en cuanto pudieron los enterraron en un sitio más adecuado y con gran veneración, aunque con el tiempo la memoria de sus reliquias desapareció. 

Pozo de San Zoilo.
En 613 el santo se apareció al obispo San Agapio de Córdoba (3 de julio), manifestándole el sitio de su sepultura y advirtió que quería ser trasladado de aquel sitio. Fue el obispo con el clero hasta el sitio indicado y allí hallaron los santos restos. Los depositaron en la iglesia de San Félix provisionalmente, hasta que una nueva iglesia y monasterio, dedicados a la memoria de San Zoilo fue edificada. Allí permanecieron las reliquias hasta el siglo IX, en que, junto a las de San Félix (27 de julio y 9 de febrero, traslación a Alcalá) y San Agapio fueron trasladadas a Carrión de los Condes, al monasterio de San Felices, que tomaría el nombre de San Zoilo. No solo permanecían los huesos, sino que además había una camisa y un cíngulo manchados con la sangre del santo mártir. Otras reliquias habían sido enviadas antes por San Eulogio (11 de marzo) al obispo Wilesindo de Pamplona, donde aún se veneran.




Aún quedaron otras reliquias en Córdoba, en la iglesia de San Fausto. Y de Carrión regresó un hueso en 1714 para ser venerado en una ermita dedicada al santo en la misma Córdoba, muy cerca de donde la tradición popular dice que estuvo su casa. En dicha ermita hay un pozo a aguas la leyenda quiere que fueron arrojados los riñones que le arrancaron a Zoilo, y mediante las cuales los devotos socorren sus males de riñones. De 1136 data la primera recolección de milagros del santo, que le pone como un gran valedor ante Dios. 



Fuente: 
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.

domingo, 26 de junio de 2016

Amó con delirio, amó hasta el martirio.

San José María Robles Hurtado, presbítero mártir. 26 de junio.

Hijo de Antonio Robles y Petronila Hurtado, nuestro santo nace en Mascota, Jalisco, México un 3 de mayo de 1888. A los 12 años de edad ingreso en el seminario, donde fue apodado por sus compañeros "el loco del Sagrado Corazón" por su gran amor y fervor por difundir esta devoción. Debido a sus excelentes calificaciones fue invitado por el obispo de Tehuantepec para ayudar en esa diócesis en la que estuvo por cinco meses. Se ordeno sacerdote el 22 de marzo de 1913 en Guadalajara, Jalisco. Se desempeñó como capellán de las religiosas del Verbo Encarnado hasta el año de 1916 en que fue enviado a la parroquia de Nochistlán, Zacatecas, donde el 27 de diciembre de 1918 funda la congregación de las Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús.

En 1920, fue enviado como párroco a Tecolotlán, Jalisco donde difundió el apostolado del Sagrado Corazón e hizo obras de labor social como reedificar el hospital. Cuando se dio la suspensión del culto público debido a los problemas entre la Iglesia y el Estado, el padre Robles consagró su parroquia al Sagrado Corazón de Jesús, colocando una cruz en el lugar conocido como "La Loma". Este acto fue considerado como un desafío por las autoridades federales y decidieron que debía ser capturado. Desde el 2 de enero de 1927 se ocultó en el domicilio de la familia Agraz. Desde ese sitio, se mantenía al tanto de la salud espiritual de sus feligreses y oraba por la paz en México.

El 26 de febrero de 1927, se entera que existía una orden de aprehensión contra los sacerdotes, sus amistades le suplicaron que escapara, sin embargo él se negó a hacerlo. En la madrugada del 25 de junio de ese mismo año cuando se disponía a celebrar la santa misa, fue capturado por un grupo de personas a las que se les había ordenado proceder con todo rigor contra el cura "rebelde". Al enterarse los feligreses que el padre Robles había sido capturado intentaron garantizarle la vida acudiendo a diversas instancias pero todo fue en vano; el padre Robles a través de sus carceleros le envió a algunas mujeres que intentaban verle su breviario, en el que encontraron algunos versos escritos por el santo, que parecía proféticos a la suerte que le esperaba: "Quiero amar tu corazón Jesús mío, con delirio; quiero amarte con pasión, quiero amarte hasta el martirio".

En la madrugada del 26 de junio de 1927, el padre Robles fue llevado al vecino poblado de Quila, caminando y atado de manos. Al llegar al lugar donde sería colgado el padre pidió algunos minutos y arrodillado hizo una última oración; al incorporarse bendijo su parroquia y en voz alta perdonó y bendijo a sus verdugos. Para que nadie se manchara las manos con su sangre él mismo tomo la soga, la bendijo y se la puso al cuello, poco tiempo después el padre José María, fue ahorcado en un roble. Tiempo después los empleados de una carbonera cercana sepultaron el cadáver sin reconocer al sacerdote. Los habitantes de Quila lo exhumaron posteriormente para enterrarlo en su pueblo.

Fue canonizado por Juan Pablo II, el 21 de mayo del año 2000 junto con los otros santos mártires cristeros. El 26 de junio de 1932, los restos del padre Robles fueron exhumados nuevamente y fueron llevados al Templo Expiatorio de Guadalajara. Actualmente las reliquias de San José María se veneran en el noviciado de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado (actual nombre de la congregación por él fundada) en la ciudad de Guadalajara. En el pueblo de Quila se levanta un templo en honor al santo en el lugar exacto donde se dice estuvo el roble en el que murió San José María Robles Hurtado. 


Lic. André Efrén Ordóñez Capetillo.

viernes, 24 de junio de 2016

San Romboud de Mechelen.

San Romboud de Mechelen, ermitaño y mártir. 24 de junio, 1 (diócesis de Malinas-Bruselas) y 3 de julio (en Irlanda).

Una tumba veneradísima, una bellísima catedral gótica en su honor, el patronato sobre Bruselas y sobre los pescadores, comerciantes, agricultores y lecheros, y que es invocado contra las infecciones y las fiebres, y para obtener embarazos y buenos partos. Esto es lo que conocemos de este santo, cuya devoción alcanzó grandes cotas en aquella Bélgica otroramente católica. Pero, ¿quien fue este santo? Su "vita", escrita en 1100 por el monje Thierry de St-Truiden nos sirve, pero teniendo claro que es toda una leyenda que busca decir algo del santo al que todos veneraban y al que no conocían, por lo que no hay que esperar datos fiables, sino eso, una reconstrucción legendaria:

Fue Romboud un príncipe irlandés, hijo de David y de Cecilia, reina de Sicilia. Estos eran viejos y no podían tener hijos, por lo cual, oraron a Dios y prometieron que si Él les daba un hijo, lo dedicarían a su servicio. Y así fue, unavez el niño creció, lo entregaron a la custodia y educación de Gualafer, obispo de Dublín. Juntos peregrinaron a Roma, donde Romboud pidió al papa le "liberara" del obispo y le permitiera ser ermitaño y papa le autorizó. De regreso a Irlanda, Romboud se quedó en Flandes y allí conoció a los condes Ado y Elisa, los cuales no podían tener hijos. Romboud hizo oración y luego profetizó a los condes que tendrían un hijo, y tendría mucha gloria ante Dios. Y efectivamente, al año les nació San Liberto (14 de julio), pero he aquí que cuando tenía dos años, Liberto cayó al agua y se ahogó. Sus padres lo llevaron adonde Romboud y este le resucitó, por lo cual los agradecidos Ado y Elisa le donaron una vasta extensión de tierra para que construyese un monasterio. En poco tiempo ya tenía sus discípulos, entre los que estaría el mismo Liberto. 

La leyenda cuenta que un día en que hablaba del cielo con San Gommar de Lier (12 de octubre), era la conversación tan animada que no la dejaban por nada a pesar del sol que hacía. Entonces enterraron unas varillas de madera en la tierra y al punto se convirtieron en árboles que les daban sombra. Luego de una vida entregada a la oración y la penitencia, el 24 de junio de 775 fue asesinado por dos adúlteros a los que el santo había reprochado su pecado. le aplastaron el cráneo con piedras y arrojaron su cuerpo al agua, de donde fue rescatado por unos pescadores que vieron salir de esta unos resplandores. Fue sepultado en St-Truiden y en el siglo XIII sus reliquias se trasladaron a una nueva iglesia en su honor, como leímos al inicio. Su memoria es a 24 de junio, pero al coincidir con la Natividad de San Juan Bautista, la liturgia lo traslada al día 25.



Fuentes:
-"Dix mille saints: dictionnaire hagiographique". A. SIGIER. 1991.
-"Diccionario de los Santos". Tomás A. Parra Sánchez.

jueves, 23 de junio de 2016

San Walter de Onhaye.

San Walter (Walhère o Wohy) de Onhaye, presbítero y mártir. 23 de junio y domingo posterior a este día.

Nació a finales del siglo XII en Bouvignes, donde aún quedan restos de su casa natal. Pronto quedó huérfano de madre, y como era un niño bueno y piadoso, fue adoptado por los canónigos de Leffe, que le instruyeron y le formaron en la vida espiritual, cosa que agradeció su padre. Luego estudió teología en la abadía y escuela benedictinas de Waulsort. Sobre 1163 fue ordenado presbítero y enviado a Onhaye, un pequeño pueblo cerca de Namur. Allí relevó al anciano y piadoso cura Héribrand, y tuvo por vicario a su propio sobrino Norberto Fauchon. En 1190 fue nombrado decano de los canónigos de Florennes. Varias veces medió entre los nobles y los abades u obispos en temas relacionados con las tierras, los beneficios eclesiásticos, los diezmos, etc.

Su sobrino, que había sido destinado a Hastière-par-delà, llevaba una vida escandalosa, con poca piedad, y dado a los juegos y las mujeres. Walter le recriminaba con gran caridad, pero exigencia, que se enmendase y fuera buen ministro de Cristo, pero el otro, nada. Llegó a amenazarle con que le quitarían su parroquia y del sacerdocio. Un día, cansado de ser regañado, el joven presbítero invitó a su tío a dar un paseo en bote. Cuando estaban en medio del río Mosa, el mal hombre golpeó con el remo a su tío repetidas veces, hasta destrozarle el cráneo y matarle, el 23 de junio de 1199, teniendo Walter cerca de 60 años. Acto seguido, el asesino tiró el cuerpo por la borda, pensando que el río se lo tragaría. Pero el río arrastró al mártir hasta la orilla y fue hallado por unas mujeres que vieron unos resplandores y una misteriosa cruz de yerbas y flores que sobresalían entre las demás.

Traslación de las reliquias del santo.
Avisado el pueblo, el clero y el abad de Waulsort (a cuyos dominios pertenecía la región y sus parroquias), este decidió trasladarlo a la abadía para darle una honrosa sepultura, aunque se lo disputaba el pueblo de Onhaye. Puso el cuerpo en un carro tirado por caballos, pero estos se negaron a andar. Entonces, buscando una señal de Dios, tomaron dos vaquillas blancas que nunca se habían uncido, las sujetaron al carro y los animalitos comenzaron a andar por si mismas hacia Onhaye, deteniéndose en la iglesia de San Martín y negándose a caminar un paso más. Y allí fue sepultado, ganando en breve mucha devoción entre los comarcanos. En Bouvignes, su pueblo natal, se venera una reliquia suya.

Nunca ha sido canonizado, pero su culto permanece y aún se celebra una vistosa procesión con sus reliquias el domingo posterior al 23 de junio. Se le invoca contra los dolores de cabeza y las enfermedades del ganado.


Fuente:
-"La Fleur des saints: 2000 prénoms et leur histoire". ABBÉ OMER ENGLEBERT. Jerusalén, 1979.

miércoles, 22 de junio de 2016

San Acacio y 9999 compañeros mártires.

San Acacio de Armenia y 9999 compañeros mártires. 22 de junio.


San Acacio y compañeros
reciben de la Virgen
el rosario. Tarragona.
La leyenda.
En 135, reinando Adriano y su hijo adoptivo Adriano, hubo una rebelión contra el imperio por parte de los habitantes del Éufrates. Se pusieron ambos emperadores al frente de 9000 hombres para presentar batalla a los insurgentes, pero al llegar a Armenia, supieron que los sediciosos eran mil hombres más. Así que mandaron los emperadores sacrificar a los dioses para que estos le fueran propicios a los ejércitos antes de la lucha. Pero un ángel se apareció a los oficiales Acacio, Elíades, Teodoro y Carterio, y les conminó a confesar al Dios de los cristianos si querían obtener la victoria. Preguntó Acacio a los demás "¿Qué dicen, hermanos?" Y los 8999 respondieron a coro: "¡Creemos en el Dios de los cristianos!" y se lanzaron contra el enemigo, al que pusieron en fuga hasta arrinconarlos contra un barranco, por donde se precipitaron y ninguno sobrevivió. Una vez contemplada la victoria, Acacio y los 8999 soldados siguieron al ángel hasta el Monte Ararat, donde este le enseñó la fe y las verdades de la religión cristiana. Para ayudarle en la labor de instrucción, bajaron del cielo siete ángeles que iluminaron a los neófitos durante tres días.

A los tres días, los emperadores se preguntaron donde estarían sus soldados y se encaminaron al Ararat. Al llegar a la base, vieron a todos los soldados en la cima en medio de la nieve. Enviaron exploradores que los hallaron de rodillas, con las cabezas cubiertas de cenizas y durante cinco días no habían comido ni bebido, absortos en las palabras de los ángeles. Bajaron los exploradores y contaron a los monarcas lo que habían visto. Estos escribieron a sus reyes "tributarios" Sagor, Máximo, Adriano, Tiberiano y Maximiano, sobre lo ocurrido: La victoria apabullante, la conversión de los soldados y su retiro en el Ararat; y finalmente pidieron consejo sobre que hacer. Estos reyes, al recibir la carta, sacrificaron a los dioses y los demonios por medio de ellos, ordenaron se castigara y matara a los nuevos soldados de Cristo. Para corroborar que se hiciera, fueron hasta armenia, cinco millones de hombres entre príncipes, magistrados, prefectos, patricios y miles de soldados.


La instrucción angélica.
Retablo de Crozon. 1624.
Enviaron los emperadores a mensajeros a la cumbre del Ararat para que los soldados bajaran ante los emperadores. Bajó Acacio con sus compañeros ante Adriano y Antonino. Al verles, Adriano se echó a llorar por perder a sus valerosos soldados. Pero por poco tiempo, pues al componerse, instó a los confesores a sacrificar a los dioses y volver a su lealtad a la religión del imperio, pero se negaron. "Fuera con estos hombres", gritó la multitud. Preguntó Adriano a Acacio "¿Oyes a estos hombres que gritan contra vosotros?" "Sí, los oigo. Pero antes tuve una visión, en la cual vi nueve mil águilas ante las cuales millones de aves huían, pero donde quiera que escapaban, las águilas les daban caza".

Entonces el Antonino dijo, "apedréenles", con lo cual los demás soldados tomaron piedras y las arrojaron contra los 10000, pero las piedras en lugar de hacer daño a los cristianos, cambiaban su trayectoria y golpearon en la cabeza a los funcionarios de los emperadores. Al oír aquello, 1000 hombres de los que habían venido a por ellos, se convirtieron a Cristo y se pasaron al bando de Acacio, completando 10000 cristianos. Entonces fueron condenados por los emperadores a ser crucificados en la cima del monte Ararat. Les flagelaron, les coronaron de espinas y los crucificaron (en zarzas, según algunas versiones). A las doce del día se hicieron las tinieblas y ocurrió un terremoto que se tragó a muchos de los espectadores. Mientras, Acacio oraba a Dios para que todo aquel que hiciera memoria de su martirio, obtuviera por su intercesión la salud del cuerpo, la prosperidad en sus asuntos y la salvación eterna. Cuando el último de todos hubo fallecido, bajaron ángeles del cielo que los descolgaron de las cruces y los enterraron en tumbas diversas y sus reliquias obraron milagros en todo el mundo.


Los santos son apedreados.
Retablo de Crozon. 1624.
La historia.
No hay que saber mucho para entender que lo que hemos leído antes es una leyenda, y bastante burda. Si la desmembramos, hallaremos bastantes incongruencias, como que Antonino, hijo adoptivo de Adriano, fue asociado al imperio en 138 (no en 135), cuando ya Adriano estaba muy enfermo de hidropesía, y no podría haber ido a guerra alguna. Por otra parte esta guerra es ficción total, pues ni hubo tal revuelta a finales del siglo II, ni consta tal movimiento de soldados a Oriente. Es eso, una invención. La geografía por su lado hace imposible que 9000 hombres suban y bajen a la cima del Ararat tan sencillamente, cuando esta cima está a casi 5300 metros.

Pero aunque pasemos por alto estos errores históricos, que muchas leyendas contienen, hay que decir que antes del siglo XIII no hay la más mínima constancia ni de culto, ni de mención en menologios o martirologio alguno. Las antiguas Iglesias copta o siríaca, incluso la Armenia, Iglesia muy antigua, los desconocen por completo. Ningún hagiógrafo, ni historiador, ni Padre de la Iglesia habla de este "suceso", cuando si hubiese ocurrido algo de tal magnitud, sin duda habría quedado registrado. La primera mención está en el Martirologio de Pedro de Natalibus, en 1371. Y de ahí lo copiaron los demás, sin crítica alguna. Incluso Baronio, al que se le supone cultura y criterio, los añadió sin más a su Martirologio Romano. Los Bollandistas los añadieron solamente para echar por tierra la leyenda.


Coronados de espinas.
Retablo de Crozon. 1624.
El origen de esta leyenda se desconoce, pues su pretendido origen de “fue salvada de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría”, donde había sido redactada y guardada por un tal Anastasio el Bibliotecario, que la había dirigido a Pedro, obispo de Sabina. Pero sucede que el verdadero "Anastasio el Bibliotecario" vivió en el siglo IX, y en Roma. Lo que sí se conoce es que se hace popular en el siglo XII, con el auge de las Cruzadas. La "historia" de valerosos soldados que imitan a Cristo en su Pasión (azotes, corona de espinas, cruz) y consiguen la Vida Eterna es un acicate para los cruzados, junto a la más o menos verosímil leyenda de San Mauricio y la Legión Tebana (22 de septiembre).

A más llegaron algunos hagiógrafos españoles, que en siglo XIII hacen a esta Legión de origen español. El Breviario de Compostela les hace ser bautizados por San Hermolao de Toledo, el cual les había acompañado a los que eran cristianos, esto es, a Acacio y los otros que se mencionan. Tamayo, el célebre falsificador escribió, basándose "en documentos muy antiguos", todo el periplo del viaje, martirio y regreso de las reliquias a España, que ya en el siglo XVIII fue desmontado en la célebre "Censura de historias fabulosas", del canónigo Nicolás de Antonio.


Crucifixión.
Crozon. 1624.
El culto y las reliquias.
El final de la leyenda, donde Acacio promete rogar con eficacia por todos sus devotos le dio gran popularidad, y le valió pertenecer al selecto grupo de los Catorce Santos Auxiliares (8 de agosto y viernes posterior al 14 de septiembre), siendo abogado especialmente contra los dolores de cabeza, las persecuciones, y protector de los casos desesperados.

Aunque ya parece increíble que una leyenda tardía haya calado como real, más asombra que tantísimas reliquias hayan comenzado a venerarse en Occidente. La mayor parte se concentra en la catedral de San Vito de Praga, pero las hubo por todos sitios: Italia, España, Francia, Portugal, Alemania, Hungría, Inglaterra. Pero de todas estas reliquias nada se sabía antes del siglo XV, aunque por supuesto, cada una tiene su propia historia de cómo fueron halladas en sus respectivos sitios y trasladadas a Europa. En ocasiones se le confunde con otro santo mártir, San Acacio de Constantinopla (8 de mayo), e incluso con el obispo San Acacio de Melitene (17 de abril).



Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.


A 22 de junio también se celebra a San Albano de Verulam, mártir.

lunes, 20 de junio de 2016

San Gobain, dos veces mártir.

San Gobain, presbítero y mártir.

Las primeras referencias "históricas" que tenemos de este santo, se hallan en la "vita" de San Fursey (16 de enero), que cuenta que este llegó a Inglaterra desde Irlanda en 637, junto a sus hermanos San Foillan (31 de octubre) y San Ultan (2 de mayo), y los presbíteros San Dichull (7 de septiembre) y nuestro Gobain. Fueron recibidos cordialmente por el rey de Anglia Este, San Sigebert (27 de septiembre), que les dio tierras, animales y privilegios para construir un monasterio en Crobheresburg, la actual Burgh Castle, en Suffolk. Cuando Fursey dejó el monasterio para vivir como eremita en la soledad, dejó a Foillan a cargo del monasterio junto con Gobain y Dichull.

En 645 Gobain cruzó al continente, luego de las invasiones y saqueos de Penda, rey de Mercia. Se instaló como eremita en Corbeny, relativamente cerca de Reims. De allí pasó a misionar a Laon y de nuevo comenzó vida eremítica, en el bosque de Coucy, cerca de Premontré. Allí le conoció el rey Clotario III, que le tomó gran estima y le concedió tierras para fundar una celdilla con su iglesia, que Gobain dedicó a San Pedro Apóstol. Allí pasaba sus días en oración, celebrando el culto y trabajando para ganarse la vida. Y estuvo en paz hasta 670, cuando en una incursión de los bárbaros del norte de Alemania, algunos llegaron hasta la celda. Pensando que el monje tenía tesoros ocultos, le atraparon y le amenazaron, pero como su único tesoro era su fe, le cortaron la cabeza.

Algunos lugareños sepultaron su cuerpo y comenzaron a darle culto hasta hoy día en el mismo sitio, donde hay una bella iglesia dedicada a su memoria y surgió un pueblo que igualmente lleva su nombre. Las reliquias fueron profanadas por los calvinistas en el siglo XVI, pero se salvó la cabeza que aún se venera. 


Fuente: 
-"Les vies de tous les Saints de France". Tomo III. M. CH. BARTHELEMY. Versalles 1866.

sábado, 18 de junio de 2016

Santos Marco y Marceliano de Roma.

Santos Marco y Marceliano de Roma, hermanos mártires. 18 de junio. 

Su leyenda se encuentra inserta en las "Actas de San Sebastián", traducida y embellecida por el Metafraste y en la Edad Media, recopilada y vuelta a embellecer por el Beato Santiago La Vorágine (13 de febrero).


Estos hermanos gemelos nacieron a mediados del siglo III y fueron hijos de Tranquilino y Marcia, nobles romanos. Sus padres eran paganos, pero sabiendo que los cristianos eran gente honrada, procuraron un maestro cristiano para sus hijos, aunque le advirtieron que no enseñara su fe a los niños. Pero estos eran despiertos y viendo en su maestro algo diferente, más sublime y perfecto que los paganos no tenían, llegó el tiempo en que inquirieron cual era la causa. El maestro les confió su "secreto": creía en Cristo; y una vez que explicó la fe cristiana a los jovencitos, estos adoptaron la de de Cristo sin que sus padres lo supieran. La leyenda dice que querían permanecer célibes por el Reino, pero fueron conminados a casarse con jóvenes nobles, pero paganas, a las que con su predicación y buen ejemplo, pensaban convertir a la verdadera fe. No tardó la familia de los jóvenes en conocer su conversión, pero los jóvenes se mantenían en secreto, sin delatarse como cristianos para socorrer a los que eran perseguidos por la recién persecución de Diocleciano. Alentaban a los confesores, socorrían a las viudas y huérfanos, escondían a presbíteros, etc. Conforme arreciaba la persecución iba creciendo su deseo de ser mártires, y pronto lo vieron cumplido pues fueron delatados como seguidores de Cristo.

Les apresaron y enviaron a los calabozos, lo cual recibieron con gran alegría. En el primer interrogatorio declararon su fe y fueron azotados, tormento que padecieron con entereza, siendo la admiración de no pocos paganos. Varios familiares les visitaron para persuadirlos que obedeciesen los edictos imperiales, o al menos que disimulasen su religión, rindiendo culto a los ídolos solo externamente. Pero ambos eran enemigos de tal simulación y se negaron. Fueron interrogados nuevamente y requeridos a sacrificar. Dijeron ellos: "la religión de los dioses es infame, abominable; y no hay ni habrá otra verdadera que la que profesamos los cristianos". Desesperado el juez, mandó que fueran colgados en el potro, despedazados con uñas de hierro y quemados los costados, pero nada logró con estas torturas. Así que, cansado, mandó fueran degollados.

Su familia imploró a Cromacio, vice-prefecto de la ciudad, que se retrasara la ejecución unos días para poder hacer cambiar de parecer a los jóvenes. Confiaban que podrían hacerles cambiar de parecer y por ello Cromacio les concedió treinta días de gracia. Por orden del prefecto pasaron los jóvenes de la cárcel a la casa de Nicostrato y Zoé, escribano público. La leyenda nos dice que aquello les supuso más tormento que los castigos, pues las lágrimas de sus padres, su amor y súplicas les eran más dolorosas en cada visita que les hacían. Y añádanse los ruegos de sus mujeres, y los llantos de sus pequeños hijos. Ya fuera juntos o por separados, eran requeridos por todos, familiares y amigos, para que abandonasen aquella fe que les hacía padecer. Como recogen las Actas "no vio el mundo ataque más violento, ni más dificultoso de sostener".

Marco, Marceliano
y sus parientes.
Sufrieron los hermanos todo esto, y se alentaban mutuamente, cuando uno se sentía desfallecer ante tanto dolor de la madre y los hijos, el otro le sostenía. Hablaban del cielo, de la recompensa eterna, de la condena eterna que esperaba a los apóstatas, etc. Pero treinta días eran muchos y cuando comenzaron a flaquear juntos, lo notó el Capitán de la primera compañía de guardias del Emperador, que cada día les visitaba, y no era otro que el gran San Sebastián (20 de enero), que era cristiano en secreto. Viendo este que desistían en su determinación de ser mártires, les habló: "Pues que, hermanos mios, ahora que estáis casi llegando al fin de vuestra gloriosa carrera, ¿será posible que los llantos de hijos y parientes os hayan de hacer volver atrás con ignominia? ¿Han apagado esas lágrimas vuestro amor de Dios y vuestra fe? ¿Adónde se fue aquella cristiana magnanimidad que mostrasteis en mayores tormentos? ¿Permitiréis que os arranque el laurel de la cabeza el artificioso llanto de vuestras mujeres, y el pueril de vuestros hijos? ¿Seréis apóstatas por alargar algunos pocos días más la vida de un padre y de una madre que ya no pueden durar mucho? ¿Ignoráis acaso que desde la cuna a la sepultura hay poco trecho, y desde la ancianidad á ella casi ninguno?"

Y luego de arengar a los hermanos, se dirigió a los parientes, y les demostró la verdad de la fe cristiana, la dicha de dar la vida por Cristo y los premios que aguardaban en el cielo a los valientes que confesaban su Nombre. Y lo hizo con tal inspiración divina, que mientras estaba hablando una luz celestial resplandeció en torno a él, sus ropas resplandecían y siete ángeles aparecieron sobre su persona. Las palabras y el portento visto, no solo fortalecieron a los hermanos, sino que convirtieron a Trianquilino y Marcia, Nicostrato y Zoé, que también serían mártires. Cambiaron todos las lágrimas de dolor por las de gozo, al conocer la fe cristiana y por contar con dos valerosos confesores en la familia. Y los nuevos conversos fueron bautizados por el sacerdote Policarpo.

Pasaron los treinta días de gracia, que la familia y amigos vivieron en oración y actos de caridad. Al cabo llamó Cromacio a Tranquilino y al preguntarle si había logrado cambiar a sus hijos, el santo viejo le confesó que no, y aún más, se había hecho cristiano él mismo, su mujer y toda su familia. Sabido es, según las Actas de San Sebastián, que Cromacio también aceptó la fe cristiana, lo cual le logró la salud, pues curó de gota. Al convertirse, lo mismo hizo su familia, de la cual su hijo San Tiburcio (11 de agosto) fue mártir. Esta conversión de Cromacio hizo que Marco y Marceliano quedaran libres y se juntaran con Sebastián continuando su labor de socorrer a los fieles. Pero una vez que Cromacio se retiró de la vida pública, le sucedió Fabiano, declarado enemigo de los cristianos, que renovó la persecución contra ellos. Averiguó cuales eran las causas pendientes contra los discípulos de Cristo y mandó arrestaran a todos los que habían sido liberados.

Fueron por segunda vez detenidos Marco y Marceliano, y como ya estaban sentenciados a muerte, y persistían en confesar a Jesucristo, mandó Fabiano que se ejecutase la sentencia sin más interrogatorio. Fueron atados los hermanos a un tronco, traspasándoles los tobillos con dos grandes clavos, y aunque el dolor era insoportable, ellos entonaban el salmo 133: "Ecce quam bonum et quam jucundum habitare fratres in unum", como alabanza al Señor. Pasaron así un día y una noche, sin cejar en su resolución. Por última vez intentó Fabiano que apostataran prometiéndoles liberarles, pero ellos respondieron "Nunca hemos sido tan felices, y preferimos permanecer aquí hasta que nuestra alma se libere de su la envoltura de nuestro cuerpo". Entonces Fabiano mandó fueran traspasados con lanzas, acto que les valió la muerte, el 18 de junio de 286, 287 según otros. 

Fueron enterrados a cuatro leguas de la ciudad, en un campo que se llamaba "de las Arenas", entre las vías Apia y Ardeatina, donde después habría un cementerio con su nombre. En tiempos del papa Teodoro sus reliquias fueron trasladadas a Roma, como las de tantos mártires, y depositadas en una iglesia, cuya memoria se perdió hasta el siglo XVI. En 1582, con las reformas promovidas por el cardenal Baronio en la iglesia San Cosme y San Damián, los cuerpos fueron hallados junto al de San Tranquilino, su padre, que terminó siendo martirizado a pedradas. 



Fuentes:
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

martes, 14 de junio de 2016

Santos Valerio y Rufino

Santos Valerio y Rufino de Soissons, mártires 14 de junio y domingo posterior a Pentecostés, (traslación de las reliquias).


San Valerio.
Iglesia de Treignes.
Valerio y Rufino eran soldados romanos de una legión, que estaba acampada en Bazoches, a los que se les encomendó supervisar las existencias de cereal destinado a la corte imperial. Eran cristianos y poco a poco comenzaron a hablar de Cristo a los lugareños, llegando a convertir y bautizar algunos, y además, a socorrer a los pobres con el trigo del emperador. Ambas acciones, predicación y caridad, les delataron como cristianos y fueron conminados por el cruel gobernador Rictiovaro (bajo él padecieron también los santos Crispín y Crispiniano). Avisados los dos amigos, huyeron a los bosques donde estuvieron por un tiempo hasta esperar que el peligro pasara, pero fueron capturados y encadenados llevados ante el malvado.

Este les preguntó: "Rufino y Valerio, que dios adoráis?" "Un solo Dios adoramos” – contestó Rufino – "Él es omnipotente, inmutable, eterno, creador de todas las cosas visibles. Él llena todo y lo gobierna todo en Jesucristo, restaurador de todo lo que hay en cielos y tierras. Y en lo que se refiere a otros dioses, creemos que son creados por humanos, hechos de materias que caduca. Nosotros adoramos a nuestro Dios, que existe antes de todas las edades, que no pasa y no caduca. Él permanece eternamente el mismo en su plenitud, siempre es simple, uniforme y duradero, perfecto a través de su Palabra. A Él sacrificamos todas las mañanas con alabanzas y corazón contrito". Rictiovaro replicó: "En nombre de nuestros príncipes invictos recomiendo que dejéis esa superstición que os pide adorar a un dios crucificado en su lugar. Avergonzaos de ello e inclinaos ante los dioses del Imperio, pues es un crimen dejar la religión de nuestros padres, pues esa misma religión ha hecho grande nuestro Imperio, le sirve de guía y protección. Por tanto, es un crimen cambiar nuestra religión por delirios infantiles". Tomó la palabra Valerio y dijo: "No nos avergonzamos de la cruz de Cristo, que ha traído la salvación al mundo. No nos avergonzamos de Aquel que ha dado nueva vida al mundo con su muerte".

Y ambos predicaron a los presentes sobre la fe cristiana y sus bienes. Predicaron la muerte y resurrección de Cristo, su pureza, santidad y dulzura frente a los viciosos y crueles dioses paganos. Irritado exclamó el gobernador: "Si no sacrificáis me veré obligado a someteros a torturas", amenaza a los que ambos mártires respondieron que era una gloria padecer por Cristo. Y les golpearon con varas hasta agotarles y les enviaron a la cárcel para que reflexionaran y cambiaran de parecer. Pero allí hallaron a otros cristianos y todos se daban ánimo mutuamente.


San Rufino.
Iglesia de Treignes.
Al otro día fueron llevados nuevamente ante a Rictiovaro, que intentó ganarles con promesas: "Realmente, Valerio y Rufino, tan pronto como sacrifiquéis a nuestros dioses Júpiter y Mercurio, Venus y Diana, os cargaré de oro y plata, y os conseguiré altos puestos en el Imperio". Rieron los atletas de Cristo y le dijeron: "Que tu plata y oro con vayan contigo al infierno, donde los necesitan fundidos para que en ellos ardas con tu padre el diablo. Sabe que nadie nos separará de Cristo y su gracia". Mandó entonces Rictiovaro atarlos al potro y se les azotase con perdigones de plomo. Cantaban mientras los dos mártires: "Muchas son las aflicciones del justo, pero el Señor los salvará". Y cuanto más firmes permanecían, más fuerte mandaba el gobernador les azotasen, y tanto que rotas las carnes, llegaron a verse los huesos. Cuando apenas respiraban, mandó les arrojasen de nuevo al calabozo. Allí alabaron a Dios, y se les apareció un ángel que les consoló diciendo: "Continuad valientemente, nuestro Señor os llevará al coro de los mártires y tiene dispuesta la corona para vosotros". Y acto seguido, puso sobre sus cabezas hermosas y brillantes coronas, y les sanó todas las heridas. A la mañana siguiente al verles Rictiovaro totalmente recuperados y sonrientes mandó les decapitasen. Les ataron las manos y les llevaron a las afueras, a un sitio llamado Quincampoix donde entregaron las cabezas al verdugo y las almas a Cristo, el 14 de junio de 287.

Fueron sepultados allí mismo y, como otros mártires, luego de la paz de Constantino, en Soissons se construyó una iglesia a su memoria, adonde se trasladaron las reliquias. En el siglo IX los huesos fueron trasladados a Reims por el miedo a las invasiones vikingas, para volver en el siglo XII. El domingo posterior a Pentecostés de 1617 se trasladadon a la catedral de la misma ciudad. Se les invoca contra la carestía de grano, la sequía y las malas cosechas.


Fuentes:
-"Vies des pères, martyrs et autres principaux saints". Volumen 8. JEAN- FRANÇOIS GODESCARD.
-"Histoire de Soissons". Volumen 2. HENRY MARTIN y PAUL L. JACOB. París, 1837.

jueves, 9 de junio de 2016

Santos Primo y Feliciano de Roma.

Santos Primo y Feliciano, hermanos mártires. 9 de junio.

Estos dos hermanos eran naturales de Roma, de una familia de grandes bienes y riquezas, pero pagana. Se convirtieron a la fe de Cristo por la predicación del papa San Félix I (30 de diciembre), aunque no confesaron su fe públicamente para mejor dedicarse a socorrer a los pobres y perseguidos por Cristo con sus propias riquezas. Visitaban a los pobres y enfermos, a los cristianos presos, fortaleciéndoles en la fe. Esta actividad apostólica les delató como cristianos, pero por su alcurnia les dejaban pasar por alto mientras no se declarasen cristianos públicamente. 

Eso fue hasta finales del siglo III, cuando subió al trono Maximiano como co-emperador de Diocleciano. Resolvió este emperador exterminar a los cristianos, llenando de sangre y carnicería el imperio. Eran ancianos nuestros hermanos y llevaban treinta años dedicándose al auxilio de los cristianos cuando al fin vieron los sacerdotes de los ídolos la oportunidad de librarse de ambos, que a tantos paganos convertían. Así que comenzaron a propagar que los dioses no querían dar oráculos hasta que los cristianos Primo y Feliciano fuesen castigados por su impiedad o se les obligase a ofrecerles sacrificios.

Enterados los emperadores de estas "amenazas de los dioses", mandaron a prenderlos y cargados de cadenas los llevaron a su presencia y les inquirieron: "¿Sois vosotros, desdichados, los que profesáis públicamente una religión proscrita en todo el imperio, con el mayor desprecio de nuestros dioses? Preparaos para padecer los más espantosos tormentos, o y detestad vuestra obstinación, ofreciéndoles sacrificios". Primo, que ya tenía noventa años, respondió: "No hay otro verdadero Dios sino el Dios de los cristianos, ni otra verdadera religión que la nuestra, y por conservar nuestra fe estamos dispuestos a derramar toda nuestra sangre". Enfurecieron los emperadores y enviaron a los dos santos a la cárcel, pero apenas fueron encerrados, les vino a consolar un ángel que les liberó de las cadenas. Ambos hermanos se llenaron de Espíritu Santo y clamaron a Dios: "Bendito seas Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que te dignas consolar a tus siervos haciendo pedazos sus prisiones, como en otro tiempo lo hicisteis con San Pedro. Pues nos has hecho la misma gracia que hiciste al Apóstol en la prisión, concédenos también la misma constancia en los tormentos".

Enterados los paganos de lo que había ocurrido, atribuyeron el milagro a encantamientos, por lo que mandaron traer a su presencia a Primo y Feliciano, a los que intentaron comprar con promesas y amenazas. Como no cedieron, los enviaron a que los sayones les despedazaran con azotes y luego les hicieran cortes en la piel, y les despellejaran con tenazas. A tal cruel tormento respondieron los santos alabando a Dios, el cual le sanó milagrosamente de las heridas. Como nada podían hacer los emperadores, enviaron a los mártires a Promoto, el cruel gobernador de Nomento, para que se hiciera cargo y les arrancara un sacrificio a los dioses. Pero los dos atletas de la fe se negaron a obedecer ante este pagano, que les mandó azotar con correas terminadas de bolas de plomo. En medio de aquella verdadera lluvia de golpes los santos oraban: "Asístenos, Señor, única esperanza nuestra; líbranos por tu gloria del estado en que nos hallamos; júntese a vuestra bondad el interés de tu santo Nombre, para concedernos el perdón de nuestros pecados. Muestra  Señor, tu poder en la flaqueza de tus siervos, para que no nos insulten tus enemigos, preguntándonos dónde está el Dios de los cristianos, sino que vean tu gloria y majestad".

Viendo Promoto el valor y la alegría con que unidos defendían su fe, y hallándolos insensibles tanto a los tormentos como a las amenazas, los mandó separar con esperanza de conseguir así su intento más fácilmente. Estando a solas primero a Feliciano, le habló en tono afectuoso diciéndole: "Me admira que un hombre de tus años se obstine en querer morir en los tormentos, pudiendo pasar una vejez tranquila y sosegada. Sacrifica a los dioses inmortales, y yo te prometo el favor de los emperadores, y saldré fiador de tu fortuna". "Más me admiro yo" – replicó Feliciano – "que un hombre como tú tenga por dioses los engaños, pues mentira es la pluralidad de dioses. Aunque eres todavía joven, por mucho que vivas será un puñado de años toda tu vida, trata de asegurarte una dichosa eternidad, renunciando tus paganas supersticiones, porque no hay salvación sino en la religión cristiana: hazte cristiano si quieres ser feliz".

Irritó al gobernador aquella tan respuesta; y dio orden para que en el mismo calabozo fuese clavado en un madero, dejándole así por tres días, esperando de que le tanto dolor le haría perder la fe. Después hizo venir a su presencia a Primo y le dijo que su hermano Feliciano había reconocido finalmente que la religión cristiana era un tejido de mentiras sostenidas por artes diabólicas. Añadió que había sacrificado a Júpiter y a Hércules, y que se hallaba colmado de gracias y beneficios con que le habían honrado los emperadores. Pero a Primo un ángel le había revelado la verdad de lo ocurrido a Feliciano, por lo que constestó a Promoto: "Me sorprende la serenidad con que mientes; sé muy bien la constancia con que mi hermano toleró los más crueles tormentos, y no ignoro las celestiales indecibles dulzuras con que Dios le está consolando en este mismo momento, y espero en su bondad que me concederá la gracia de que yo no le sea menos fiel". Enfurecido Promoto al oír aquello clamó: "Tú sacrificarás a Júpiter o sufrirás lo que hasta ahora ningún mortal ha sufrido". Replicó Primo: "Yo solo sacrifico al verdadero Dios, y no a vuestro Júpiter, a quien tus mismas fábulas nos lo representan como el hombre más perverso de todos los mortales. Y por lo que respecta a tus suplicios, veremos quién se cansa primero, tú de atormentarme, o yo de padecer".

Mandó el tirano que le moliesen a palos, y que le aplicasen hachas encendidas a los golpes y llagas. En este cruel tormento levantó el santo los ojos al cielo y exclamó: "Me probaste, oh Dios, como se prueba la plata con el fuego y tus enemigos se glorían de que me han de quitar la vida, pero estoy vivo a su pesar, y publicaré tus maravillas. Eternamente seas bendito, Salvador mío Jesucristo, porque por tu poder, no siento dolor en medio de los mayores tormentos". Queriendo Promoto impedirle que cantase las alabanzas del Señor, le mandó echar en la boca plomo derretido a vista de su hermano Feliciano, a quien había mandado ya le desclavasen del madero. Se tragó el Santo aquel plomo derretido como si fuera un vaso de agua y volviéndose al gobernador, dijo: "Reconoce ya, por el milagro que acabas de ver la virtud omnipotente de mi Señor Jesucristo, y confiesa tu flaqueza en medio de tu misma crueldad: la presencia de mi hermano Feliciano confunde la mentira de que te valiste para combatir mi fe. ¿Será posible que tantos testimonios juntos no basten para que abras los ojos, y para que despiertes del letargo en que te tienen sumergido tus supersticiones?"

Decapitación de los hermanos.
No queriendo Promoto oír más a los dos santos mártires, ordenó que los llevasen al circo y expusiesen a las fieras. Acudió a este espectáculo toda la ciudad. Una vez dispuesto todo, echaron al anfiteatro dos leones furiosos, que al acercarse a los dos hermanos abrazados, se echaron a sus pies como dos corderos. Echaron después dos osos aún mucho más furiosos, pero estos animales hicieron lo mismo que los leones. Asombrado el pueblo ante aquel prodigio, muchos comenzaron a gritar que no había otro verdadero Dios sino el Dios de los cristianos, convirtiéndose en el instante 1500 paganos. Ofendido  Promoto con la conversión de tanta gente, y viéndose vencido por los santos hermanos, mandó les cortaran la cabeza. Así que con la santa impaciencia de ver a Dios, alcanzaron ambos santos la palma del martirio a 9 de junio de 287 (305 según otras versiones). Feliciano tenía noventa años, y Primo no era menos anciano. Los santos cuerpos fueron expuestos en el campo para que los comiesen los perros y los cuervos; pero los cristianos de Nomento los retiraron antes, y les dieron sepultura en el mismo lugar donde con la paz de Constantino se edificó una iglesia dedicada a su memoria. En 645 el papa Teodoro I trasladó las reliquias a la iglesia de San Estaban de Monte Celio, Roma. 

Aunque las Actas son tardías y ficticias, con sus apologías de la fe, oraciones compuestas y tormentos indecibles, su culto está atestiguado ya en el siglo IV, en el sacramentario gelasiano. Probablemente se trate de dos mártires de distintos momentos, pero venerados en el mismo sitio a los que las Actas, escritas probablemente a raíz de la traslación, hacen hermanos carnales.


Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo VI. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 
-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Junio. R.P. JUAN CROISSET. S.J. Barcelona, 1862. 

jueves, 2 de junio de 2016

San Sadoc y compañeros mártires.

San Sadoc de Sandomir y 48 compañeros mártires dominicos. 2 de junio.

No se sabe nada de la infancia y formación de Sadoc, sino que era de nación polaco. Muy joven  tomó el hábito de los frailes predicadores de manos del Patriarca Santo Domingo (8 de agosto; 24 de mayo, traslación de las reliquias; 15 de septiembre "in Soriano").

En el Capítulo General de Bolonia, en el cual Santo Domingo planteó su decisión de evangelizar a los cumanos, pero los religiosos temiendo por su salud no se lo permitieron. A cambio, algunos religiosos prometieron a su santo padre hacerlo ellos. Dos de ellos eran Fray Pablo y Fray Sadoc, de los que su leyenda dice que, yendo a dicho Capítulo de Bolonia, se les unió en el camino un personaje que comenzó a preguntarles quienes eran y adónde iban. Los religiosos respondieron que iban al Capítulo, desde el cual se enviarían misioneros a todo el mundo. Les preguntó el personaje: "¿Acaso enviaréis religiosos a Grecia y a Hungría?". "Ciertamente – respondieron – varios religiosos serán enviados allá a propagar el reino de Cristo". Y de pronto, el hombre se ennegreció y salió saltando por los aires gritando: "Vuestra Orden es mi ruina". Y es que era el demonio.

Llegados al capítulo, Sadoc y Pablo contaron lo sucedido, lo cual animó a los padres capitulares a enviar cuanto antes misioneros a aquellas tierras de los Balcanes. Además, dieron licencias a los religiosos a dar el hábito a aquellos que hallasen por el camino y que quisieran acompañarles a evangelizar a los paganos. Partieron Sadoc y Pablo con tres frailes, y al salir de Italia ya eran ocho. Dios iba confirmando su celo y santas intenciones con milagros: llegados a una aldea, pidieron limosna como de costumbre. Un pescador quiso entregarles algo, pero solo le quedaba un pan de mijo en su casa. Buscó en una bolsa que tenía, y hallando dos monedas compró pan y vino, y preparó un caldo de pescado para los religiosos. Al despedirse, Sadoc le aseguró que Dios le devolvería el céntuplo de su caridad. Y ocurrió que durante toda su vida, el pescador sacaba de la bolsa dos monedas cada vez que metía la mano, aunque lo hiciera varias veces al día. Además, con su mujer, concibieron un hijo.

Llegados a Hungría, pronto comenzaron las conversiones, pues los paganos se sentían atraídos por la predicación, ejemplo y portento de los dominicos. De Hungría, donde fundaron un convento, algunos religiosos pasaron a tierra de los cumanos, donde sufrieron persecusiones a causa de las conversiones que lograban. De aquellas tierras regresaron a Hungría cuando dos religiosos fueron martirizados. Pero regresaron pronto, luego que un santo ermitaño les revelase un sueño que había tenido, en el cual la Santísima Virgen amparaba y animaba especialmente a los dominicos, a los que veía en barcas por un río proceloso. Entendieron los religiosos que su fin era la salvación de las almas y no su propia vida, así que con la confianza puesta en Dios, volvieron adonde los paganos. La nueva misión logró la conversión de los príncipes paganos Bauco y Bembroch, este último se bautizó con mil súbditos y su padrino fue San Esteban I de Hungría (16 de agosto y 2 de septiembre). Pronto llamaron a la puerta jóvenes cumanos para tomar el hábito dominico, y llegaron a ser 100 frailes. De estos, con las revueltas de los paganos y la apostasía de algunos nobles, fueron martirzados 90. 

Luego de la experiencia en Hungría y los Balcanes, Sadoc fue enviado a Polonia, junto a San Jacinto (18 de agosto). Sobre 1260 fue nombrado prior del convento de Sandomir, labor que desempeñó con gran caridad, sin abandonar su labor apostólica. Era dado a la oración y la penitencia, todo por la conversión y salvación de las almas. En una noche en la que oraba, tuvo una visión en la que una multitud de demonios le gritaban: "Habéis venido aquí a echarnos de nuestros dominios". Impresionado por esto, lo contó a los religiosos, alentándoles a continuar con la predicación, siendo que si irritaba al infierno, es que la suya era obra de Dios. 

Desde el año anterior los escitas, enemigos de los polacos hacían incursiones en Polonia, saqueaban, asesinaban y se retiraban rápidamente. El 1 de junio de 1260 Sadoc y sus frailes se dirigieron al coro a rezar maitines, y una vez terminada la oración litúrgica, el novicio hebdomadario leyó el martirologio del día siguiente. Y leyó: "Sandomiriæ, passio quadraginta nouem martyrum". Los religiosos quedaron atónitos, pues no conocían de mártires algunos oriundos de la ciudad. Ordenaron al novicio leyera de nuevo y este así lo hizo, repitiendo las mismas palabras. Vieron todos el libro y, efectivamente, allí aparecían aquellas palabras en letras de oro y resplandecientes. Entendió Sadoc que aquello significaba su propio martirio, por lo cual hizo una plática comunidad animando a todos a morir por la fe de Cristo, y al finalizar, les felicitó a todos, pues los próximos maitines los cantarían en el cielo. 

Efectivamente, al día siguiente llegó un ejército de escitas a las puertas de Sandomir, una ciudad bien fortificada, difícil de saquear. En contubernio con los rusos, los escitas enviaron dos militares rusos al gobernador de Sandormir, los cuales le dijeron que los bárbaros no querían sino dineros y riquezas, por lo que si se les ofrecía dinero, dejarían la ciudad en paz y no derramarían sangre. Lo creyó el gobernador y relajó la vigilancia y abrió las puertas de la ciudad. Pero apenas entraron los tártaros, comenzó la masacre: fuego y sangre por doquier. No les detenía condición ni edad alguna. Cantaban Completas los dominicos y al comenzar la Salve Regina, irrumpieron los tártaros en el la iglesia del convento, y sin amenazas ni gritos, comenzaron a asesinar a los religiosos. Degollados, alanceados, apuñalados iban cayendo sin dejar de cantar. La leyenda dice que, habiéndose escondido uno de los religiosos, vio bajar del cielo cuarenta y nueve coronas que se depositaban sobre sus compañeros, menos una que quedaba en el aire. Entendiendo que era la suya propia, regresó a la iglesia, se unió a la Salve y fue degollado con Sadoc y los demás. Añade la leyenda que aunque no les dejaban terminar de cantar, la Salve no fue interrumpida y que aún después de muertos se oían sus voces. Esa noche, los pocos sobrevivientes pudieron contemplar cuarenta y nueve estrellas posarse sobre la iglesia y el convento quemados. Otras versiones dicen que junto al altar se vio el mismo número de cirios encendidos que nadie había puesto.

El rey Boleslao de Polonia y Prandota, obispo de Cracovia, enviaron informes detallados sobre el martirio al papa Alejandro IV, el cual no dudó en considerar mártires a los frailes, y concedió su culto. La iglesia conventual fue restaurada y rebautizada como "Santa María de los Mártires". Además, el mismo papa concedió la Indulgencia Santa María la Mayor de Roma a los que venerasen la memoria de San Sadoc en aquel sitio el día 2 de junio de cada año. Pío VII confirmó el culto y extendió la fiesta de los mártires a toda la Orden dominica.

Los cuarenta y ocho compañeros de San Sadoc fueron: Aarón, Abel, Abraham, Andrés, Bartolomé, Basilio, Benito, Bernabé, Cirilo, Clemente, Cristóbal, Daniel, David, Domingo, Donato, Elías, Esteban, Feliciano, Felipe, Gervasio, Gordiano, Isaías, Jeremías, Joaquín, José, Juan, Juan, Lucas, Macario, Malaquías, Marcos, Mateo, Matías, Mauro, Medardo, Miguel, Moisés, Onofre, Pablo, Pedro, Rafael, Santiago, Simón, Tadeo, Timoteo, Tobías, Tomás y Valentín.


Fuentes:
-"Sacro Diario Dominicano". FR. FRANCISCO VIDAL. O.P. Valencia, 1747.
-"Compendio histórico de las vidas de los Santos canonizados y beatificados del Sagrado Orden de Predicadores". FR. MANUEL AMADO. O.P. Madrid, 1829.