domingo, 22 de mayo de 2016

Santa Julia, la esclava libre.

Santa Julia de Córcega, virgen y mártir. 22 de mayo.

Aunque su sobrenombre sea "de Córcega", Julia nació en Cartago, ciudad del norte de África, profundamente cristiana en el momento de su nacimiento: principios del siglo V. Julia nació en una familia cristiana y noble. Fue educada en la piedad y los rudimentos de las letras, y como toda mujer del momento, para ocupar algún día su puesto como madre de familia. Y así habría sido, quien sabe, si en 439 Genserico, rey de los vándalos, arriano y enemigo de los católicos, no hubiera invadido Cartago, cometiendo grandes crueldades. Las iglesias y palacios fueron saqueados y robado todo lo valioso. Y todo el que se oponía a ello, era asesinado en el acto.

La familia de Julia, como todas las nobles, fueron sometidas a la persecución. Algunos murieron, y otros fueron vejados públicamente. Las mujeres nobles jóvenes y bellas fueron vendidas como esclavas a mercaderes, que pagaron precios altísimos por ellas. Entre ellas estaba Julia, que fue comprada por un pagano llamado Eusebio, que la llevó consigo a Siria. Allí se vio sujeta a trabajos, humillaciones y tristezas sin fin. Solo su fe en Cristo la sostenía en medio de la desolación de servir a un amo idólatra. Por su silencio, abnegación y prontitud a trabajar, Eusebio pronto comenzó a considerarla, llamándola "la mejor de sus posesiones". Por este aprecio que le tenía su amo, Julia logró que le permitiera vivir libre y públicamente su fe cristiana, solamente no le permitió ayunar, para que no se debilitara más. Luego le permitió ayunar los sábados y domingos. Tenía ratos libres para hacer oración y podía vestir con total modestia y mejor que otras esclavas. Tanta vida virtuosa en medio de la esclavitud hizo que su amo admirara la fe cristiana, aunque no la profesara.

Pasó Julia algunos años en esclavitud cuando Eusebio tuvo que hacer un viaje de negocios muy provechoso a la Galia. Como Julia le ayudaba constantemente, se la llevó consigo. Arribó el barco a Córcega y cuando desembarcaron, supo Eusebio que en aquellos momentos se celebraban en la ciudad grandes festejos a sus dioses paganos. Se fue Eusebio al templo, compró un toro y lo sacrificó en aras de la buena solución de sus negocios, y luego se sumó a los festejos con la plebe. Julia había quedado en el barco, a cargo de cuidar las posesiones de Eusebio. Subieron al navío unos soldados de Félix, el gobernador de Córcega, los cuales vieron a Julia y preguntando por tan bella joven, unos marinos les dijeron "es una joven cristiana, esclava". "¿Y por qué no celebra a los dioses con nosotros?", preguntaron los soldados.  Los marinos respondieron que como todo cristiano, trataba a los dioses de demonios, falsos y sus festejos como supersticiones vanas. Informaron los soldados a Félix de aquella joven que eludía sacrificar a los dioses y Félix, un pagano devoto  muy celoso de sus dioses, mandó llamar a Eusebio. Este la defendió diciendo a Félix: "esa doncella cristiana es esclava mia, de quien jamás he podido conseguir que mude de religión por más que he hecho. Pero en lo demás es de costumbres irreprensibles, me sirve grandemente, y me tiene hechizado con su modestia. Ella es la que gobierna mi casa, y cada día admiro más su fidelidad". Félix ordenó a Eusebio quela obligara a sacrificar a los dioses o que la matara, pero este replicó: "Ni a una cosa ni a otra me atrevería, y lo mejor que podemos hacer es dejarla en paz". "Pues vendémela" – replicó  Félix – "yo te daré por ella todo cuanto me pidas. Y si no quieres dinero, escoge entre todas mis esclavas aquellas cuatro que más te agraden". Eusebio, molesto, le contestó: "Todo cuanto tienes no vale lo que ella merece, y antes perderé yo todo cuanto tengo que perderla a ella".

Ya que vio Félix que era imposible obtener a Julia, fingió desistir y urdió una treta: organizó un banquete e invitó a Eusebio. Cuando este estaba borracho perdido y dormido, mandó traer a su presencia a Julia, a la cual dijo: "No temas, hija mía, que se pretenda hacerte algún agravio. Estoy informado de tu virtud, y no merecen tus prendas que gimas por más tiempo en el indigno estado de esclava, y quiero asegurarme de tu futuro.  Solo te pido que en agradecimiento me acompañes al templo a cumplir con tus devociones. Si sacrificas a nuestros dioses, yo pagaré a tu amo tu rescate. Como libre que serás, si quisieras vivir en nuestra isla no te faltará un esposo digno de tus prendas y de tu persona, y si quisieras ir otra parte, yo pagaré todo lo que necesitares". Julia respondió que ya se sentía libre solo por ser sierva de Jesucristo. Estaba contenta con su estado, y que no pretendía más fortuna que la vida eterna. Y añadió: "pero, con respecto a ese culto que me propones, ten seguro que el horror con que contemplo tus supersticiones me hace estremecer al oír tu proposición. Soy cristiana, y mi mayor dicha será perder la vida por mi Señor Jesucristo".

Irritado Félix, la mandó abofetear y con tal saña, que manó sangre de la boca de Julia, que exclamó: "Mi dulce Salvador fue primero abofeteado por mí; gran dicha es la mía ser también abofeteada por Él". Félix fuera de sí, mandó la colgasen de los cabellos, y la moliesen a palos. Siendo atormentada así, Julia clamaba: "Seas mil veces bendito, amable Salvador mío, por la insigne gracia que concedes a tu sierva. Dichosa soy si merezco tener alguna parte en tus dolores". Como veía Félix que pasaban las horas y a pesar de afeitarle la cabeza, cortarle los pechos entre otros tormentos, Julia no se doblegaba, comenzó a temer que Eusebio despertase de su borrachera, así que mandó la crucificaran con rapidez. Al oírlo la santa, suspiró: "Siempre he deseado ardientemente, oh amado Salvador mío, dar la vida por ti, pero nunca me atreví a desear darla en un madero a imitación tuya, divino Maestro. Dígnate, Señor, a admitir el sacrificio que te ofrezco, y ten misericordia de estos pobres ciegos perdonándoles mi muerte". Y fue crucificada, para al punto, expirar, sin padecer colgada en la cruz, el 22 de mayo de 450. En el mismo momento en que murió despertó Eusebio, que en vano se quejó y amenazó a Félix, pues ya Julia había volado al cielo. Este tormento trajo tal terror a los paganos que lo contemplaron, que muchos se alejaron de prisa y lamentando el espectáculo de injusticia que habían visto. 

Quedó Julia colgada de su madero hasta que dos ángeles aparecieron a dos monjes de los que habitaban la isla Margarita, y les encargaron retirasen de la cruz el santo cuerpo de la mártir. Otra versión dice que el mismo Eusebio mandó buscar a monjes cristianos para que la cuidasen ellos. En fin, que fueron los monjes y tomaron el cuerpo, y con palmas de victoria y cantando el salmo 125 ("Euntes ibant et flebant semen spargendum portantes; venientes autem venient in exsultatione portantes manipulos suos"). Llegados al monasterio, los monjes recibieron las reliquias con alegría, las veneraron con cariño y labraron un bello sepulcro de mármol donde reposaron hasta 763, en que el rey Didier Lombardía, las trasladó a Brescia, capital de su reino. Las depositó en el monasterio benedictino de donde era abadesa su hija Santa Angelbergis (3 de enero). Cuando las monjas, en el siglo IX, reedificaron la iglesia abacial, la dedicaron a Santa Julia, lo cual habla del estupendo culto que ya recibía. Otro lugar importante de culto es donde fue crucificada, que la tradición quiere a la orilla del mar, y donde brotó una fuente milagrosa después de su martirio, y donde permanece un santuario dedicado a su memoria.

Sus atributos principales son una jarra, que evoca su condición de esclava y una cruz. A veces aparece crucificada a una cruz convencional, otras a un ecúleo o cruz "de SanAndrés", o simplemente atada a un árbol. 


Fuente:
-“Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año. Mayo. P. Jean CROISSET. S.J. Barcelona, 1862.

miércoles, 18 de mayo de 2016

San Teodoto y las siete vírgenes de Ancyra

San Teodoto y las siete vírgenes de Ancyra, mártires. 18 de mayo y 7 de junio.

Las Actas de estos mártires se consideran auténticas, por su estilo, lenguaje muy localista y sobre todo por su antigüedad probada. Las copias más antiguas proceden de las lauras de San Sabas, donde este martirio al parecer era conmemorado. No hay que confundirle con el obispo San Teodoto de Ancyra (7 de junio).

San Teodoto, las mártires
y San Teodoro papa.
Era Teodoto era un posadero de Ancyra (la actual Ankara de Turquía), un buen cristiano que, en tiempos de persecución, se la jugaba escondiendo a los perseguidos en su propia casa. Principalmente se desgastó en caridad durante el acosamiento  a los cristianos por parte del gobernador Teotecno, empeñado  en destruir el cristianismo en Ancira. Un día que Teodoto y un grupo de cristianos navegaban rumbo a Ancyra por el río Halis, del que había recuperado el cuerpo del mártir Valente, se detuvieron a descansar y dieron con el lugar donde vivía el presbítero eremita Fronto. Este les invitó al sitio de su retiro, que era en un bosque hermoso, y al llegar allí, Teodoto exclamó "¡Oh, qué buen lugar para una confesión!" Y añadió, "Fronto, construyamos uno aquí". ("Lugar de confesión" en la Iglesia primitiva era llamado al sitio donde moría o se enterraba a un mártir que había, efectivamente, “confesado” su fe cristiana. Así que Teodoto se refería a que aquel era un buen sitio para hacer un sitio de culto sobre la tumba de un mártir). Fronto le respondió "Mi amigo, te has precipitado, debemos tener el mártir antes de que podamos tener la iglesia". Teodoto replicó: "Ancyra es ahora mismo escenario de pelea por Cristo para muchos. Tú contruye la iglesia, y yo te proporcionaré el mártir", y quitándose un anillo lo puso en el dedo de Fronto y añadió "toma esto como prenda, me lo devolverás cuando cumpla mi promesa". Y regresó a la ciudad.

En estos días siete vírgenes de Ancyra fueron acusadas de cristianas y llevadas ante el juez. Eran Tecusa, Alejandra, Faínes, Claudia, Eufrasia, Matrona y Julita. Las tres primeras eran vírgenes consagradas de la iglesia local, y además, Tecusa era tía del propio Teodoto. Las mujeres fueron llevadas ante el juez, el cual mandó a la soldadesca que las insultaran y vejaran, para desmoralizarlas. Cuando uno de ellos arrancó el velo de la cabeza de Tecusa, esta le recriminó: "Cesa en tu impertinencia, joven. Mira mis cabellos plateados, ¿acaso no tienes una madre anciana? Pues reverencia su cabeza gris en la mía". Y el joven avergonzado, la dejó en paz. Pero Teotecno, juez tirano, estaba determinado a romper la constancia de las siete mujeres, para que no fueran ejemplo para los demás cristianos. Celebrábanse en Ancyra fiestas en honor a la diosa Diana, y uno de los ritos de la fiesta consistía en llevar el ídolo en procesión hasta una fuente y que algunas mujeres se desnudaran y se bañaran con él, para convertirse en sacerdotisas de la diosa. Determinó el malvado juez, exponer a las mujeres  a la humillación pública, mandando que las cristianas fueran desnudadas y subidas a uno de los carros de la procesión, y así fueran paseadas por la ciudad y metidas en el agua con la diosa y ser consagradas sacerdotisas, tanto si querían como si no.

Mientras, Teodoto se había ido desolado donde unos amigos, Teochario y su mujer. Esta se había acercado al lago y contó como las siete cristianas fueron empujadas en medio de las risas del pueblo. Las intentaron vestir con túnicas adornadas y con coronas, pero ellas se resistieron, prefiriendo estar desnudas y vestir túnicas de idólatras. Una vez sumergidas, el gobernador había ordenado que les ataran piedras en el cuello y las ahogaran. Y así se hizo. Teodoto, su hermano Policronio, y Teochario pensaron llevarse los cuerpos de las mártires, pues la fuente era de poca profundidad. Enviaron a un niño llamado Glicerio a curiosear, pero este regresó informando que había soldados de guardia cuidando que los cristianos se llevaran los venerables cuerpos. Teodoto se desalentó, pero esa noche soñó que su tía se le aparecía y le pidió que rescatara los cuerpos, añadiendo las misteriosas palabras "sólo ten cuidado de los traidores". A la tarde Glicerio fue enviado de nuevo para observar y volvió contando que los soldados estaban todavía allí. Sin embargo, como aún duraban las fiestas de Diana, todos sospecharon que la guardia se retiraría. A la tarde se acercaron Teochario y Glicerio y comprobaron que la guardia se había retirado.

Las siete mujeres camino del martirio.
Jules van der Horst.
Llegada la noche, Teodoto y sus amigos tomaron hoces para cortar las cuerdas que ataban los cuerpos de las santas al fondo del lago y un carro tirado por caballos para transportar los cuerpos. La noche era muy oscura, pero una estrella guió el camino de los cristianos hasta el sitio del martirio. La noche era oscurísima y comenzó a llover fuertemente, pero la estrella les seguía indicando el camino correcto. Resbalaban en el barro, se golpeaban con ramas caídas, pero trazaban la señal de la cruz y continuaban su camino. La estrella les guió hasta el sitio correcto y al llegar, vieron que la guardia se había retirado para resguardarse de la tormenta. Teodoto y los demás entraron al agua, tomaron los cuerpos y cortaron las cuerdas y los arrastraron a la orilla, los subieron a los carros y sacándolos de allí, los enterraron piadosamente, dejando constancia visible del sitio.

A la mañana siguiente se descubrió que los cuerpos habían sido robados, y el gobernador enfureció. Policronio entró en la ciudad disfrazado, pero fue reconocido y llevado ante el gobernador, quien lo amenazó con torturas si no renunciaba a Cristo. Policronio temeroso de los tormentos, no solo renegó de Cristo, sino que pensando salvarse, delató a Teodoto como quien se había llevado los cuerpos de las santas mártires. Además, mostró donde estaban ocultos. Teotecno ordenó desenterrar los cuerpos, que fueron arrojados al fuego  y consumidos. Mandó Teocteno apresar a Teodoto, que permanecía en la casa de Teochario, preocupado por el retraso de su hermano. Cansado de esperar, salió en su busca y topó con dos cristianos que iban a advertirle de la traición de su hermano, y le pidieron huyera de la ciudad. Pero Teodoto hizo todo lo contrario: siguió su camino, entró a la ciudad, y se dirigió a la corte del gobernador. Ante este dijo:  "Heme aquí".

Teocteno le propuso apostatar para salvarse, pero Teodoto ni lo consideró aunque a su alrededor estaba dispuesta toda la parafernalia del martirio: el potro, el fuego, el plomo derretido, las tenazas y los garfios. Fue atado al potro y rasgaron sus costados con garfios de hierro. Los presentes jaleaban a los verdugos y los sacerdotes de los ídolos pedían tormentos más brutales, al ver la alegría del mártir. Cuando el cuerpo estaba totalmente lacerado, vertieron vinagre sobre las heridas y aplicaron cauterios de fuego en estas (este sistema, además de provocar dolor, tenía el objetivo de cauterizar las heridas para que el preso no muriera de ellas. Refinado tormento). Y gritó Teocteno: "¿Dónde está tu jactancia? Mira a lo que te ha llevado tu desprecio a los dioses". "Desprecio tus dioses y a tu emperadores, a los que yo considero en nada, como hombre libre que soy", respondió Teodoto. Teotecno mandó le aplastasen la mandíbula, y acto seguido los sayones golpearon furiosamente con piedras las mejillas y los dientes de Teodoto. Luego fue desatado del potro y arrojado a la cárcel.

En la prisión languideció cinco días el santo, y al cabo fue sacado, interrogado y como no renunció a la verdadera fe, fue colocado sobre carbones al rojo vivo, para después ser colgado y reabrirle con garfios las heridas que iban sanando. Pero nada de esto hizo apostatar a Teodoto. Entonces Teocteno, cansado de torturarlo, ordenó que fuera sacado de la ciudad en una carreta y luego fuera ejecutado. Toda Ancyra siguió el cortejo macabro, riéndose y burlándose del mártir. Cuando Teodoto llegó al lugar del definitivo martirio, levantó los ojos al cielo y oró: "Señor Jesucristo, te doy gracias porque me has dado fuerza para aplastar la cabeza del viejo dragón. Da descanso a tu siervo y frena la violencia del enemigo. Da paz a tu Iglesia, y sálvala de la tiranía del maligno". Y dicho esto, fue decapitado. No contento con esto, Teocteno ordenó que el cuerpo de Teodoto fuera quemado en público y en una gran pira, para que los cristianos no pudieran venerarlo. Pero apenas se encendió el fuego, la lluvia lo apagó, así que Teocteno aplazó la quema del santo para el día siguiente, dejando guardias a cargo de impedir que los cristianos se acercaran. Estos, apenas se quedaron solos, se hicieron una cabaña de ramas y hojas.

Sucedió en tanto que el presbítero Fronto había ido a Ancyra a vender un vino que fabricaba, y acertó pasar por donde estaba el cuerpo de Teodoto. Los soldados le llamaron y le preguntaron que llevaba en aquella barrica, sospechando lo que era. Fronto les respondió que iba a la ciudad a vender su vino, pero los soldados le contestaron: "Amigo, todas las tabernas están cerradas desde hace horas. Quédate con nosotros y haznos compañía hasta el alba". Y así lo hizo Fronto, sin nada mejor que hacer. Les preguntó que hacían allí a aquellas horas y bajo la lluvia, y los soldados le contaron de su tarea, y le narraron el espeluznante, para ellos divertido, martirio "del posadero". Se acercó Fronto al cadáver del mártir y reconoció a su amigo Teodoto. Sabiendo ya que lo guardaban para quemarlo, urdió Fronto un plan: ofreció vino a los soldados, que lo probaron y lo hallaron muy bueno (¡como que era de cinco años!). Uno a uno fueron probando cada vez con más gusto hasta vaciar la barrica y dormirse como lirones.

Luego Fronto se acercó al cuerpo de Teodoto y con afecto dijo: "¡Ah! Teodoto, sí que has cumplido tu promesa", y le devolvió el anillo, poniéndoselo al santo. Tomó el cuerpo, lo colocó sobre el burro y encomendándose a Dios, le dejó libre y él se tumbó junto a los soldados, comenzando a llorar y gritar. Los soldados despertaron y le preguntaron que pasaba. Fronto les dijo "¡Mi asno ha roto la correa y se ha escapado!" y los soldados, riéndose de él, le echaron de allí, para seguir durmiendo. Voló Fronto a su ermita y allí encontró al asno, frente a la puerta, esperándole con su precioso tesoro a cuestas. Lo tomó Fronto, hizo oración y depositó el cuerpo en la “confesión” que antes había prometido construir, y junto a la cual vivió en paz. Ocurrió esto en 304, imperando Maximiano y Diocleciano.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

domingo, 15 de mayo de 2016

Santos Dimpna y Gerebern, mártires.

Santa Dimpna, virgen y mártir. 15 de mayo y 27 de octubre (traslación de las reliquias).


"Martirio de Dimpna y Gerebern"
Godfried Maes.
La leyenda de Dimpna y Gerebern (a quien el culto ha dado de lado) no es más antigua que el siglo XIII, y nace en derredor de sus supuestas reliquias, veneradas en Gheel, Bélgica. Cono en otros casos, la devoción y el culto conformaron un patronato y la necesidad de conocer más, pues dio pie a una “vita”. Según esta, escrita por el P. Pierre de Cambrai, Dimpna era hija de un rey irlandés, pagano, casado con una conversa al cristianismo. Por las súplicas de la mujer, ambos tuvieron una hija, a la que la madre bautizó en secreto, pues aunque Damon, que así se llamaba el rey, permitía el culto cristiano, era fiel a su religión pagana. Este hombre poco a poco fue cambiando su carácter y en unos años había perdido la razón completamente. Cuando Dimpna cumplió 14 años, su madre murió, lo cual volvió más loco al loco Damon. Varios cortesanos buscaron esposa para su rey, pero a este ninguna le parecía tan bella como su difunta mujer, así que enloquecido, e influido por otros cortesanos, Damon decidió tomar por mujer a Dimpna, que era al fin y al cabo, la más parecida a la reina fallecida. Otras versiones no hablan de locura, sino de posesión demoníaca, ya que adoraba a los ídolos.

Dimpna, por supuesto, le rechazó con vehemencia, pues su fe le impedía el incesto. Damon, la castigó y sin oír razones, igualmente mandó a preparar la boda. Consultó la muchacha la situación con el presbítero San Gerebern, que había sido confesor de su madre y ahora lo era suyo. Este, para librar a Dimpna, urdió un plan y disfrazados huyeron, tomaron un barco, cruzaron al continente. Llegaron a Amberes y de allí se internaron en la hoy Bélgica, hasta establecerse en una ermita dedicada a San Martín de Tours en Gheel. Allí, creyéndose libres de peligro, ambos comenzaron una vida eremítica, dedicándose a la oración y el trabajo manual.

Damon, allá en Irlanda, no se conformó con la pérdida de la hija, y acompañado de algunos servidores, la buscó por Irlanda, Bretaña, las islas, etc., hasta que llegaron a Amberes. Allí, un posadero al ver las monedas irlandesas del rey, no las aceptó por no conocerlas, y contó que algún tiempo antes también las había rechazado a unos peregrinos irlandeses que habían pasado por allí, rumbo a Gheel. Y allá se fue Damon con su comitiva. Hallaron al sacerdote y a la princesa haciendo oración, y Damon mandó decapitar inmediatamente a Gerebern, por haberse llevado a Dimpna, y a esta le anunció que volvería a casa para contraer matrimonio con él. Dimpna se negó y confesó a Cristo con valentía, por lo cual Damon mandó a dos de sus sicarios que la matasen, pero estos no pudieron hacerlo ante la inocencia de la virgen. Entonces su propio padre la agarró del pelo y la degolló, dejándola sin vida. Luego huyó desesperado a su tierra.

Esta ha sido la leyenda, pero ¿de dónde surge? Pues de la intensa devoción que los enfermos mentales de un hospital de Gheel profesaban a esta santa legendaria. Y el origen de todo lo hallamos en un suceso arqueológico. En 1121 se hallaron dos sepulturas de mármol, vacías, de la época de la dominación romana, en las inmediaciones de la iglesia San Martín de Gheel. Eran tumbas talladas con varias escenas, que se identificaron como religiosas. En una de ellas aparecía la inscripción "Ma Diphna", términos que fue comprobado que en la lengua de Erin significan "adecuada". Este texto fue tomado como un nombre propio, que se redondeó como Dimpna. Como los sepulcros estaban vacíos, poco había que hacer, pero aún así, en la otra iglesia de Gheel, Santa María, se hallaron, inexplicablemente unas reliquias identificadas como de Dimpna y Gerebern. El cuerpo de Dimpna habría sido enterrado en Gheel, y las reliquias de Gerebern habrían sido trasladadas a Sonsbeck, Xanten, aunque la cabeza se habría quedado en Gheel, junto a Santa Dimpna.


"Hallazgo de las sepulturas"
Van der Weyden.
Como la iglesia pertenecía a un hospital de dementes y el hallazgo de las sepulturas se convirtió, al parecer, en el fenómeno devocional del momento, la asociación de la santa con los locos vino pronto. En el siglo XIII ya hallamos un oficio litúrgico propio, fiesta con octava, veneración y procesión con las reliquias. Alban Butler, que toma de los Bollandistas, nos dice que la afluencia de "endemoniados", locos y otros enfermos mentales era constante y que se verificaron estupendos milagros. En 1200 se construyó una iglesia dedicada a la santa, en cuyo retablo se colocó en siglo XIV una imagen en la que la santa aparece rodeada de locos y maniáticos encadenados, como solía hacerse con los dementes violentos. Cada 15 de mayo, día de la memoria de Santa Dimpna, era costumbre pasar nueve veces bajo el relicario durante la procesión, ya fueran lo enfermos o sus familiares por ellos. El hospital llegó a ser famoso en Europa por su calidad en los tratamientos, en los que, según el grado de locura, se incluían los paseos, el trabajo manual y en el campo, y el estudio. Tan importante fue este hospital y su santuario, y tantos locos acudían a Gheel, que en el siglo XIX era conocida como "la ciudad de los locos".

Curiosamente, aunque la leyenda hace a la santa irlandesa, en Irlanda no hay rastros de su devoción hasta el siglo XVI, cuando la importan desde el continente. Luego los inmigrantes irlandeses la llevaron a Estados Unidos y desde allí, se ha ido exportando a varios sitios desde el siglo XIX, igualmente relacionada con la demencia. Sobre la leyenda muchos han intentado hallar vestigios en las costumbres celtas, pero incluso estas contradicen la leyenda, pues el incesto en la cultura celta no era infrecuente y si Damon, o quien fuese, lo hubiera pretendido, no habría sido producto de la locura o de la influencia maligna. En realidad la leyenda se nutre de otros relatos populares. 

Además, para otras enfermedades mentales o la depresión, se invoca a Santa Petronila (31 de mayo).


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 

sábado, 14 de mayo de 2016

San Matías Apóstol.

San Matías Apóstol. 14 de mayo.

De Matías, aparte de lo que nos dicen los Hechos de los Apóstoles, sobre que sustituyó a Judas, nada más se sabe. Se puede colegir que sería un discípulo conocido entre los demás y poco más. Mientras, San Clemente (23 de noviembre) y San Jerónimo (30 de septiembre y 9 de mayo, traslación de las reliquias) dicen que era de la tribu de Judá, nacido en una ilustre familia judía de Belén. Fue educado  estrictamente y le ley de Moisés le preparó haciéndole un joven inocente, casto, e ilustrado en las virtudes y la ciencia. Añaden estos Padres que muy joven aún conoció a Cristo, se convirtió y fue bautizado. Así que siguiéndole, fue sido uno de los 70 discípulos de Cristo, pero lo cierto es que en ninguna de las listas ortodoxas de estos discípulos aparece Matías.Su leyenda dice que era "brillante en la virtud, sabiduría, elocuencia, prudencia, pureza de corazón, rectísima intención", era "modelo de todas las virtudes, mortificado, penitente, orante y casto". Distinguió por su amor a la pobreza, su austeridad y caridad. Esto es, evidentemente, para oponerlo a Judas, al que califican de avaro, envidioso, carcomido de vicios e innobles pasiones. Añade que "fue con particularidad gran predicador de la penitencia, la que enseñaba no menos con el ejemplo de su penitentísima vida, que con los discursos que había aprendido de su divino Maestro. Decía que era menester mortificarse incesantemente, combatir contra la carne, tratarse con rigor, hacerse eterna violencia, reprimiendo los desordenados deseos de la sensualidad, llevando a cuestas la cruz, y arreglando la vida por las máximas del evangelio". Se le atribuye una frase, según estos relatos legendarios: "Si peca el vecino de un elegido, pecó también el elegido, porque si éste se hubiera portado según aconseja el Verbo, el vecino se hubiera avergonzado también de su propia vida, y así no hubiera pecado".

Una vez ordenado apóstol por San Pedro (29 de junio, 18 de noviembre, Dedicación de la Basílica; 18 de enero y 22 de febrero, Cátedras; 1 de agosto, Ad Víncula; 16 de enero, Ad Víncula en la Iglesia Oriental), Matías recibió con los demás apóstoles el Espíritu Santo el día de Pentecostés y comenzó su apostolado. Se dice que evangelizó en Etiopía, donde logró numerosas conversiones. El apócrifo "Hechos de Andrés y Matías" añade a este período, que Matías fue apresado por antropófagos etíopes que lo cegaron, pero San Andrés (30 de noviembre y 20 de junio, traslación de las reliquias a Constantinopla) lo sanó y lo liberó milagrosamente. Lo cierto es que la tierra etíope fue evangelizada mucho después por San Frumencio (27 de octubre), enviado por San Atanasio (2 de mayo). "Volvió" Matías a Judea, donde permaneció más tiempo que los demás apóstoles, consiguiendo la conversión de muchos por su encendida palabra y sus milagros evidentes, en favor de los ciegos, tullidos, afligidos e incluso resucitó a algunos muertos.

Apedreamiento de San Matías.
Los fariseos, irritados ante sus conquistas para Cristo, acusaron a Matías de falsos crímenes y fue apresado por orden del Sumo Sacerdote Ananías. Frente a este confesó a Cristo, su divinidad y su carácter de verdadero Mesías. Con las Escrituras probó que las profecías se cumplían en Cristo y que los judíos permanecían en las tinieblas al no reconocer a Jesús como Dios verdadero. Así que le condenaron a muerte por apedreamiento. Le arrastraron hasta las afueras y, recordando a San Esteban (26 y 27 de diciembre; 2 de agosto, traslación de las reliquias de Jerusalén a Constantinopla; 7 de mayo, traslación de las reliquias de Constantinopla a Roma; 3 de agosto, Invención de las reliquias, y 20 de abril, con San Lorenzo en Roma), y agradeció a Cristo morir por él y perdonó a los que le iban a martirizar. Cayó sobre él una lluvia de piedras, y como el santo tardaba en morir, los romanos ante aquel espectáculo, para acortarle el padecimiento, le decapitaron. Fue el 24 de febrero de año incierto.

Su cuerpo fue enterrado en las inmediaciones de Jerusalén, donde, y sigue la leyenda, lo halló Santa Helena (13 y 18 de agosto), que lo llevó a Roma. Fue depositado en la Basílica de Santa María la Mayor. Otra parte de estas supuestas reliquias están en Tréveris, Alemania, adonde las llevó San Agricio (13 de enero). San Matías es patrono de carniceros, pasteleros, herreros, sastres y estudiantes. Se le invoca contra la tos ferina, la viruela y la esterilidad. Sus atributos más característicos son: el libro de los evangelios, la palma de mártir, la espada, las piedras, la cruz y el hacha, siendo este último el más común y por el cual a veces le confunden con San Judas Tadeo (28 de octubre). Su fiesta, antes a 24 de febrero (25 si era año bisiesto) es hoy a 14 de mayo, día de la traslación de las reliquias.

Fuentes:
-"Vidas de los Santos". Tomo II. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

-"Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año". Febrero. P. JEAN CROISSET. S.J. Logroño, 1851.

martes, 10 de mayo de 2016

San Calepodio de Roma.

Santos Calepodio, presbítero, y compañeros mártires. 10 de mayo. 

Según sus Actas, a mediados del siglo III vivía en Roma el presbítero Calepodio, reinando el papa San Calixto (14 de octubre) e imperando Alejandro Severo. En 222 se incendió el templo de Júpiter Capitolino, y con tan virulencia, que la mano derecha del ídolo se derritió completamente. Alejandro  consultó a los adivinos, que resolvieron que aquel desastre era un castigo del dios por la presencia de los "ateos" cristianos en Roma. La respuesta del emperador fue apresar a los cristianos. Envió a su cónsul, Palmacio, a las catacumbas donde los cristianos se escondían y allí arrestaron a Calepodio. A los pocos días, visitó Palmacio a una virgen romana, considerada un oráculo por los habitantes de la ciudad, y estando con ella, el demonio que la poseía se vio conminado a clamar que el único Dios verdadero era el de los cristianos.

Palmacio, admirado, visitó al papa Calixto y luego de informarse de la fe cristiana, pidió ser bautizado. Calixto le bautizó y además de nuevo cristiano, Palmacio se convirtió en apóstol, pues convirtió a un senador llamado Simplicio, a un amigo llamado Félix y a la esposa de este, Blanda, que igualmente fueron bautizados por Calixto. Una vez que confesaron su fe, Palmacio y toda su familia y esclavos (40 personas), Simplicio y 68 personas de su familia, y Félix y Blanda, fueron encerrados con Calepodio. Les sometieron a promesas y tormentos, pero ni unas ni otros pudieron doblegar a ninguno. Finalmente fueron decapitados a las afueras de Roma. Las cabezas de todos fueron colocadas en público para escarmiento de los cristianos. El cuerpo de Calepodio, además, fue arrastrado por la ciudad y lanzado al Tíber, pero se enredó en las redes de unos pescadores, que lo rescataron y entregaron al papa Calixto, que lo enterró solemnemente en las catacumbas. 

Y esto último es lo único que podemos tener como cierto: la "depositio" de Calepodio en unas catacumbas de la Via Aurelia y que luego tomarían su nombre. Sus reliquias fueron trasladadas por Gregorio IV a la basílica de Santa María in Trastevere, junto con los del San Cornelio (16 de septiembre) y San Calixto. La "passio" es toda una recreación posterior al siglo VIII. Los Bollandistas, Butler y otros, las consideran falsificaciones, redactadas solo para dar una “vita” a quien habría dado nombre a las catacumbas mencionadas y que realmente debió ser un cristiano prominente. La fecha de 222 es una invención, pues Alejandro en esa fecha era aún un emperador niño y no habría perseguido a nadie, incluso las persecuciones que hubo fueron por causa de su regente, Ulpiano, y no por orden de Alejandro. Tampoco tuvo Alejandro ningún cónsul de nombre Palmacio, y de hecho este nombre no consta entre los cónsules de Roma. Ni siquiera consta en crónica alguna el supuesto incendio del templo de Júpiter. Y para mas inri, la fórmula bautismal con la que Calixto habría bautizado a los mencionados, no es anterior a la reforma litúrgica de San Gregorio Magno (12 de marzo y 3 de septiembre), que data del siglo VI.

Los hagiógrafos concluyen que se ha agrupado a diversos mártires, tal vez sepultados por Calepodio en las catacumbas que podrían ser de su propiedad y donde él mismo sería enterrado posteriormente, y por error identificado como mártir. No sería el único caso, no hay que olvidar que en las catacumbas no solo se enterraban mártires. Sobre el tema de catacumbas, podéis leer este artículo. 


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo V. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.

domingo, 1 de mayo de 2016

Santa Bertha, la de Avenay.

Santa Bertha de Avenay, esposa, religiosa y mártir. 1 y 11 de mayo.

Relicario de Santa Bertha.
Iglesia de Val d'Or.
No conocemos mucho sobre la infancia de Bertha, solo lo que su hagiografía nos dice: estaba emparentada con reyes francos y desde niña fue piadosa, amante de las cosas de religión y muy caritativa con los pobres. A los 16 años fue dada en matrimonio a San Gombert (29 de abril), hermano de san Nivardo, arzobispo de Reims. A ambos les dolió tener que casarse, porque su deseo era servir a Dios en la vida monástica. Pero a cada uno, Dios le consoló por su parte, revelándole que sería para su gloria si se unían en matrimonio. Una vez casados, ambos descubrieron que coincidían en todo su deseo de vivir para Dios, por lo que decidieron en virginidad perpetua, como hermano y hermana en Cristo. Según avanzaba la vida de ambos esposos, más les llamaba el claustro a cada uno, así que resolvieron separarse y entrar en religión para entregarse enteramente a Dios. Construyeron un bello monasterio femenino en Reims, dedicado al apóstol San Pedro, que no hay que confundir con el fundado por San Baudry (16 de octubre) para su hermana Santa Bova (24 de abril). Luego de esta obra, Gombet tomó el hábito monástico y junto a otros monjes partió a Irlanda, donde fue martirizado por unos paganos a 29 de abril de año incierto, a finales del siglo VII.

Una vez que Bertha fue libre para profesar en un monasterio, pero no sabía en cual. Un ángel le reveló que debía construir el suyo propio y le enseñó una colina a las afueras de Avenay, en un sitio llamado Val d’Or, (valle dorado). La misma Bertha diseñó el monasterio, haciendo los planos de las celdas, la iglesia, el coro, etc. Una vez terminado el monasterio dedicado a la Santísima Virgen, Bertha se encerró en él junto a varias jóvenes de Reims y Avenay, que por unanimidad la eligieron abadesa. Sobresalió entre todas por su constante oración, su penitencia extrema y su equilibrio entre mandar y ser madre comprensiva de sus religiosas. Oraba y ayunaba siempre que podía, animaba a sus religiosas con encendidas palabras y más aún con su ejemplo. Era caritativa con los pobres y enfermos que visitaban la iglesia en busca de ayuda. Y más de un milagro realizó en favor de los necesitados, como algunos ciegos, mudos o sordos que salieron curados de su presencia. Y a alguno arrebató de las garras de la muerte para que pudiera confesarse y salvar su alma antes de fallecer.

Bertha hace brotar
agua de la tierra.
Dio agua a la ciudad de Avenay luego que San Pedro se le apareciera y le mandara comprar un campo de donde brotaría una fuente limpísima para aliviar la falta de agua corriente de los moradores de la ciudad. Bertha hizo caso al santo apóstol y compró el campo por una libra de plata. Pero era un campo reseco, de donde no se veía la más mínima humedad o pozo. Bertha, confiada en la Providencia, se fue allí con sus monjas y trazando una crucecita con su báculo en la tierra, esta se abrió y dejó manar agua, que fue encauzándose hasta la ciudad.

En su monasterio vivía feliz, entregada al servicio de Dios hasta que el mismo Dios le concedió su deseo: ser mártir como lo había sido su amado esposo y hermano Gombert. Ocurrió que unos sobrinos de este, que la odiaban por haber dado todos sus bienes al monasterio y a los pobres, planearon venganza. Moncie, prima de Gombert, se introdujo en el monasterio y cuando ya todas las religiosas se habían retirado, entró en la celda de Bertha y la asesinó, apuñalándola varias veces en el pecho y la cabeza. Al instante, todos aquellos que la odiaban y habían planeado su muerte murieron a su vez, fulminados. Menos la asesina, a la que la misma Bertha se le apareció a los tres días para reprocharle su crimen y el castigo que la esperaba luego de la muerte. Le dijo que podría alcanzar misericordia si se cuidaba que las reliquias de su marido fueran llevadas al monasterio de Val-d’Or para reposar junto a las suyas. Así se hizo, y en el momento de la deposición de las reliquias, Moncie sangró abundantemente por la nariz y boca, según le había advertido Bertha en la visión que pasaría como signo de la completa remisión de su pecado. Los dos cuerpos permanecen juntos en la misma sepultura hasta hoy. Crónicas del siglo XII cuentan que en las ocasiones en que se abrió el sepulcro, aún podían verse las heridas de ambos, como si fuesen recién hechas, incluso que alguna vez sangraron.

Ver aquí otras santas de nombre Bertha.


Fuente:
-“Les Petits Bollandistes”. Volumen 5. Bruselas, 1645.