sábado, 26 de marzo de 2016

Santos mártires de Crimea.

Santos Mártires de Crimea. 26 de marzo y 23 de octubre.

En 370 (375 según otros), reinando los emperadores Valente, Valentiniano y Graciano, en la época en que los godos invadieron la península de Crimea, el capitán Hungerik capturó un grupo de cristianos, los encerró en una iglesia y la incendió posteriormente. Fueron, según menologios griegos, 308 personas, de los que solo nos han llegado los nombres del presbítero Bathusio y su mujer Virka, otro presbítero de nombre Berko, el monje Arpil, y los seglares Habib, Agnus, Racso, Igathrax, Isaac, Silas, Signico, Soniril, Suïmbal, Thermo (o Thermagoras), Filo, y las vírgenes Ana, Alla, Manca, Mamica, Animaide y Larisa. Algunos apuntan que Agnus es tal vez un nombre genérico: “cordero”, probablemente aplicado a un niño, señalando la inocencia más que un nombre real. Algo parecido con Santa Inés (21 y 28 de enero). 

Enterada del martirio, la reina Gaätha ordenó fueran recuperados los restos del incendio y trasladadas solemnemente a Cizico, Asia. 

El culto a estos mártires ha sido escaso, incluso en la Iglesia Ortodoxa, aunque recientemente, el auge del nombre de Larisa le ha dado cierta relevancia, pero puramente testimonial e iconográfica, pues muchas mujeres quieren conocer la “imagen de mi santa”. Lo curioso es que no es por la santa por la que el nombre se ha hecho conocido en Occidente, sino por la región griega de igual nombre.

viernes, 18 de marzo de 2016

San Alejandro de Jerusalén, obispo y mártir.

San Alejandro de Jerusalén, obispo y mártir. 18 de marzo, 29 de mayo y 12 de diciembre (Iglesias Griegas).

Sobre Alejandro se conoce poco, pues los escritores fueron más prolíficos con su antecesor San Narciso (29 de octubre). Se sabe que fue estudiante de la célebre escuela cristiana de Alejandría, dirigida por San Panteno (7 de julio). Padeció por Cristo en Capadocia, bajo Severo, sobre el año 204, pues Eusebio en su “Historia Eclesiástica” recoge una carta suya, enviada desde la prisión a los cristianos de Antioquía, con motivo de la ordenación episcopal del presbítero San Asclepíades (18 de octubre).

Al morir Severo, y comenzar el imperio de Lucio Septimio “Caracalla” la persecución cesó y Alejandro fue liberado luego de varios años en la cárcel. Luego de retomar su sede, en 212 viajó a Jerusalén para venerar el sepulcro del Señor. Estando allí, halló a Narciso, que tenía ya casi cien años y no podía con el peso de tan importante iglesia. La leyenda dice que entrando en la ciudad, se oyó una voz del cielo que dijo: “Recibid como vuestro obispo al que Dios mismo os ha destinado”. Así que conociendo personalmente a Alejandro y sabiendo de sus sufrimientos por Cristo le eligió como sucesor suyo. El clero y el pueblo jerosolimitano acogieron favorablemente esta decisión y retuvieron a Alejandro en Jerusalén. Un Concilio de Palestina aprobó el traslado y la existencia de los dos obispos en Jerusalén. Más que sucesor, fue obispo junto con Narciso, pues ambos coinciden en la misma fecha. Teniendo 116 años Narciso murió. Los estudiosos concluyen que este ir obispos de un lado a otro no era de uso en la Iglesia, y que la sede se conservaba hasta la muerte. Sería tal vez el primer caso de un “obispo emérito” y un “obispo auxiliar”.

De su vida se sabe, además, de la polémica que tuvo con San Demetrio de Alejandría (10 de octubre) a causa de la ordenación sacerdotal de Orígenes. Demetrio era amigo de Orígenes, pero se enfadó cuando Alejandro le permitió predicar en las iglesias y luego le ordenó presbítero sin contar con él, que era su obispo. También consta que dotó a la sede jerosolimitana de una biblioteca con buenos manuscritos que Eusebio conoció y utilizó para sus escritos. En 249 subió Decio al trono y nuevamente se desató la persecución. Alejandro fue detenido, juzgado y condenado a morir en las fieras, pero una vez que le arrojaron a estas, los animales le respetaron. Fue sacado del circo y para evitar su influencia sobre el pueblo, lo enviaron encadenado a Cesarea, donde murió en la cárcel. Por eso es considerado mártir, y con justicia. 


Fuente: 
-"Las Verdaderas Actas de los Mártires". Tomo I. TEODORICO RUINART. Madrid, 1776.

martes, 15 de marzo de 2016

Santa Lucrecia de Córdoba.

Santa Lucrecia de Córdoba, virgen y mártir. 15 de marzo y 9 de enero (traslación de las reliquias).

Nació Lucrecia (o Leocricia) en Córdoba, a principios del siglo IX, en una familia musulmana. Estos tenían una esclava cristiana que aunque en el exterior vivía como musulmana, profesaba la fe de Cristo. Por ella conoció Lucrecia a Jesús, y una vez le hubo conocido y amado, labor en la que influyó San Eulogio (11 de marzo y 9 de enero), no le negó jamás. Su familia intentó convencerla de que renunciara a Cristo y apostatara de su fe. Promesas, amenazas, castigos, trato infrahumano… nada hizo que Lucrecia renegara de la fe católica. Incluso los castigos eran acicate para redoblar la firmeza de su fe. Pero aunque resistía, tuvo miedo de flaquear en algún momento, por lo que decidió junto a San Eulogio, jugar una treta a sus padres. Les dijo Lucrecia que pensaría en lo de cambiar de fe, y estos la dejaron con más libertad, confiando en sus palabras. Pero apenas pudo, adujo el pretexto de visitar unos parientes que se casaban y escapó de su casa y se fue donde San Eulogio y su hermana Amilo. Sus padres y parientes la buscaron por toda Córdoba, sobre todo en las casa de los cristianos, pero infructuosamente. Principalmente porque Eulogio la trasladaba de casa en casa. Y más de una noche tuvo que dejarla en la iglesia de San Zoilo, donde la joven descansaba y hacía oración. Los familiares no cejaban, y llevaron a algunos cristianos a la cárcel, y a otros que ya estaban presos los atormentaban para que dijeran lo que sabían. Pero nada. 

Lucrecia sentía gran afecto por Amilo, y por ello un día se aventuró a visitarla, pasando juntas la noche entre oración y lecturas piadosas. Llegado el amanecer, quien tenía que dar cobijo a Lucrecia se tardó y Eulogio no quiso que saliera por las calles en pleno día, y prefirió que Lucrecia quedara en su casa. Pronto supieron los familiares de Lucrecia, que tenían sus espías, que en casa de Eulogio había otra mujer. Enviaron soldados y, efectivamente, hallaron a Lucrecia. Prendieron a Eulogio y a Lucrecia, y los encerraron. Eulogio fue degollado en el acto, a 11 de marzo, mientras Lucrecia era aturdida con amenazas y promesas para que renunciase a Cristo y retomase la falsa fe de Mahoma. Cinco días duró aquello, hasta que el 15 de marzo de 859 mandó fuera degollada. Su cuerpo fue arrojado al río Guadalquivir, pero no se hundió y los cristianos lo rescataron y enterraron piadosamente en la iglesia de San Ginés. 

En 884, cuando el rey Alfonso III pactó una tregua con el rey Mahomad de Córdoba, le pidió dejara salir de la ciudad los santos cuerpos de Eulogio y Lucrecia. Los cristianos de Córdoba los entregaron con dolor, pero sabiendo que entre cristianos sus reliquias no correrían peligro y que serían venerados con más decencia. Los llevaron a Oviedo, en cuya catedral, en la capilla de Santa Leocadia, fueron depositados a 9 de enero. Y esta traslación es la que ha pasado al misal mozárabe. Hay que decir que junto a los huesos, iba otra reliquia más: el “Elogio de los Mártires de Córdoba” escrito por San Eulogio y que se imprimiría por primera vez por Ambrosio de Morales en el siglo XVI. En 1300 los santos sanaron milagrosamente de perlesía a Rodrigo Gutiérrez, arcediano de la catedral, el cual en acción de gracias mandó hacer un arca de plata para depositar las reliquias. Don Hernando Álvarez, obispo de Oviedo, autorizó la traslación de los cuerpos en la nueva arca a la Cámara Santa, para venerarles adecuadamente.


Fuentes:
-"Año Cristiano de España". D. JOAQUÍN LORENZO VILLANUEVA. Madrid, 1792.
- "Nuevo Año Cristiano". Tomo 3. Editorial Edibesa, 2001.