miércoles, 10 de febrero de 2016

San Caralampio, mártir.

San Caralampio, presbitero y mártir. 10 de febrero.

Anónimo mexicano.
Las actas martiriales narran que en el tiempos del emperador Severo había un sacerdote cristiano de nombre Caralampio que enseñaba la doctrina de Cristo y despreciaba a los dioses romanos. Enterados de esto, los romanos hicieron comparecer a Caralampio e intentaron que renunciara a su fe cristiana y adorara a los dioses con sacrificios. Ante la negativa de san Caralampio ordenaron que le azotaran con garfios de hierro, dándose vuelta Caralampio agradeció a sus verdugos el haberle renovado el cuerpo y el espíritu con los azotes. Los verdugos sorprendidos vieron que a pesar de haberle azotado, la piel de Caralampio permanecía intacta y que al golpearle se sentía tan dura como el hierro. Los dos verdugos, de nombre Porfirio y Bapto, ante esto decidieron convertirse al cristianismo y posteriormente también murieron mártires. El capitán Lucio indignado por la torpeza de los verdugos pensó que se trataba de artes de magia del anciano y el mismo decidió asestar contra él un golpe, pero al momento sus manos se separaron de los codos quedando totalmente inútiles. El presidente Luciano al ver esto muy molesto se levantó de su silla y escupió el rostro de Caralampio, y al momento se le torció la cabeza. Ante tales signos todos tuvieron miedo y pidieron perdón a san Caralampio el cual oró por sus captores y todos quedaron sanos y decidieron posteriormente bautizarse. Caralampio seguía obrando milagros curando enfermos y resucitando muertos.

Ante las noticias de lo sucedido con Caralampio el emperador hizo que trecientos soldados le apresaran y le llevaran a Antioquía. Al llegar los soldados apresaron al santo y le clavaron clavos por todo el cuerpo y lo ataron de las largas barbas y le hicieron que caminase de esa forma. dice la leyenda que pasó un caballo el cual le habló a los soldados, amonestándolos por llevar de esa forma a Caralampio y no reconocer que con él estaba Dios. A pesar de este prodigio los soldados continuaron en su camino. Se narra que el mismo demonio tomó forma de un viejo y se presentó ante el César para acusar a Caralampio de ser un mago. El César ordenó que Caralampio fue quemado vivo y a fuego lento, la concubina del emperador tomó un manojo de ceniza caliente y la arrojó en la cabeza del santo. Pero al ser llevado san Caralampio ante las llamas estas se apagaron al instante y los verdugos se desmayaron; ante todo esto el emprador hizo traer a un hombre que se encontraba poseído y ordenó a Caralampio que lo curase. El demonio al verse frente a Caralampio pidió perdón a este, y a la orden del santo el hombre quedo liberado. De la misma manera hicieron traer el cadáver de un joven que tenía tres días de muerto y Caralampio lo resucitó al instante, haciendo que el César reconociera lo grande que era el Dios de los cristianos. Desgraciadamente el emperador fue aconsejado por un tal Crispo que se deshiciera de Caralampio con el pretexto de que no era más que un poderoso mago, por lo que intentaron una vez más obligar a Caralampio a sacrificar a los dioses y ante la negativa de este le hicieron andar sobre teas encendidas pero no dañaron en absoluto al santo sino al contrario dañaron a setenta soldados.

Ante estos portentos san Caralampio logró la conversión de la hija del emperador santa Galena y ante esto el emperador lo condenó a morir decapitado, pero estando a punto de recibir el golpe en el cuello se abrieron los cielos y se escuchó una voz que decía: “Ven Caralampio, amigo mío, que has padecido tanto por mi nombre: ven y pídeme lo que quieras, que yo lo concederé”. San Caralampio agradeció a Dios por tal gracia y le pidió que donde depositasen sus reliquias o celebrasen su memoria, no hubiese hambre, ni peste, ni aire contagioso y que en cualquier lugar en donde se conservase la memoria de su martirio, librara Dios a los cristianos y a los animales de todo mal. La voz le respondió: “Hágase como lo has pedido, mi generoso atleta”, y al momento sin que el cuello de san Caralampio fuera tocado por la espada murió al instante, a la edad de 113 años.

Imagen venerada en
Comitán de Domínguez, Chiapas.
El culto a San Caralampio en especial movido por su leyenda tuvo gran fuerza durante los siglos XVIII y XIX. En Portugal y Galicia se le venera en algunos sitios. En México, específicamente en la población de Comitán de Domínguez, Chiapas, existe actualmente un fuerte culto por este santo, ya que se cuenta que en el siglo XIX llegó un soldado algunos dicen que proveniente de Cuba, otros que de Guatemala, que traía consigo una novena de san Caralampio y que un hombre de nombre Raymundo Solís que habitaba en el barrio en el que actualmente se levanta el templo del santo se la compró. Mandó a hacer una imagen a Guatemala que fuera similar a la de la novena. Siendo el pueblo atacado por una terrible peste, toda la gente se moría. A excepción de la casa del señor Raymundo todas las casas habían sido infectadas, y ante esto coincidieron que se debía a la intercesión de San Caralampio por lo que el pueblo entero decidió llevar en procesión la imagen del santo prometiéndole celebrar su fiesta anualmente con lo que al poco tiempo cesó la peste en Comitán y de esta forma inició su culto.

Por: Lic. André Efrén Ordóñez.

lunes, 1 de febrero de 2016

San Enrique Morse. Y los demás.

San Enrique Morse (Mowse), presbítero jesuita, mártir. 1 de febrero.

Nació en Brome, Suffolk en 1595, de padres anglicanos, religión oficial de Inglaterra. En 1612 perdió a su padre, y como le había dejado bien posicionado económicamente, se fue a estudiar (al parecer, porque no hay constancia de su inscripción) al Bernard College de Londres, donde ocurrió su conversión. Es esta una época algo turbia de su vida y sólo se tienen referencias por terceras personas. El hecho es que, ya convertido, lo encontramos en 1614, comenzando los estudios para ser sacerdote católico, por tanto ya había habido una conversión y una vivencia sólida de fe. Tuvo que abandonar su casa, entre las presiones familiares y el miedo a comprometer a los suyos. Fue apresado por religioso y encarcelado en Newgate, de donde fue exiliado a Roma, en cuyo Colegio Inglés termino sus estudios sacerdotales y recibió el diaconado en 1620 (otra vez chocamos con la incertidumbre en las fechas, pues no consta su ordenación sacerdotal). Ese mismo año fue enviado de nuevo a Inglaterra a misionar, pero fue detenido casi enseguida y recluido en el castillo de York. Es allí, en la cárcel donde se decide a sumarse a la Orden Jesuita, que le atraía desde Roma. Al cabo de esta fecha fue liberado y expulsado a Flandes, donde fue capellán de los católicos ingleses que pretendían, junto a España, atacar Inglaterra para imponer el catolicismo de nuevo. Así que, al menos, en 1624 ya es sacerdote.

En 1633 regresó a Inglaterra, bajo el nombre falso de Cuthbert Claxton, y se sabe que destacó en la epidemia de peste que asoló Londres entre 1636 y 1637, arriesgando su salud y labor, asistiendo a los enfermos física y espiritualmente, ayudándolos a reconciliarse con la fe católica antes de morir. En 1641 se dicta el decreto que ordena definitivamente la expulsión de todos los sacerdotes católicos, que hasta entonces habían sido reprimidos, pero más o menos tolerados. Obedeció por no comprometer a las personas que salieron garantes de su inocencia. Regresó a Flandes como capellán de los soldados, pero dos años después fue enviado de nuevo a Inglaterra y se dirigió al norte, donde estuvo, al menos año y medio. Fue detenido en Cumberland, pero la mujer del que lo delató y capturó, que era católica, lo ayudó a escapar; sin mucha fortuna, porque al mes y un fue detenido otra vez. trasladado a la cárcel en Durham, y luego a Londres, fue condenado a muerte por ser sacerdote. Fue ahorcado en Tyburn el 1 de febrero de 1645.

En 1929 fue declarado beato, junto a muchos otros mártires ingleses. La canonización la realizó el papa Pablo VI, el 25 de octubre 1970, dentro de un grupo conocido como los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales, que, por cierto, son estos: 

Santa Margarita Clitherow
San Agustín Webster, cartujo. 4 de mayo. 
San Alban Bartolomé Roe, benedictino. 21 de enero. 
San Alejandro Briant, jesuita. 1 de diciembre. 
San Ambrosio Eduardo Barlow, benedictino. 10 de septiembre. 
Santa Ana Linne, laica. 27 de febrero. 
San Cutberto Mayne, presbítero. 30 de noviembre. 
San David Lewis, jesuita. 27 de agosto. 
San Edmundo Arrowsmith, jesuita. 28 de agosto. 
San Edmundo Campion, jesuita. 1 de diciembre. 
San Edmundo Gennings, presbítero. 10 de diciembre. 
San Enrique Walpole, jesuita. 7 de abril. 
San Eustaquio White, presbítero. 10 de diciembre. 
San Felipe Evans, jesuita. 22 de julio. 
San Juan Almond, presbítero. 5 de diciembre. 
San Juan Bost, presbítero. 24 de julio. 
San Juan Houghton, cartujo. 4 de mayo. 
San Juan Jones, franciscano. 12 de julio. 
San Juan Kemble, presbítero. 22 de agosto. 
San Juan Lloyd, presbítero. 22 de julio. 
San Juan Paine, presbítero. 2 de abril. 
San Juan Plessington, presbítero. 19 de julio. 
San Juan Rigby, laico. 21 de junio. 
San Juan Robert, benedictino. 10 de diciembre. 
San Juan Southworth, presbítero. 28 de junio. 
San Juan Stone, agustino. 23 de diciembre. 
San Juan Wall (Joaquín de Santa Ana), franciscano. 22 de agosto. 
San Lucas Kirby, presbítero. 30 de mayo. 
Santa Margarita Clitherow, laica. 25 de marzo. 
San Roberto Southwell
Santa Margarita Ward, laica. 30 de agosto. 
San Nicolás Owen, jesuita. 2 de marzo. 
San Felipe Howard, laico. 19 de octubre. 
San Polydor Plasden, presbítero. 10 de diciembre. 
San Ricardo Gwyn, laico. 17 de octubre. 
San Ricardo Reynolds, brigidino. 4 de mayo. 
San Roberto Lawrence, cartujo. 4 de mayo. 
San Roberto Southwell, jesuita. 21 de febrero. 
San Rodolfo Sherwin, presbítero. 1 de diciembre. 
San Swithun Wells, laico. 10 de diciembre. 
Santo Tomás Garnet, jesuita. 23 de junio.

Las fechas de celebración pueden cambiar, porque el martirologio romano recoge el día del martirio, que a veces no coincide con la de celebración. En general, las órdenes religiosas y las diócesis los han situado unido por mayor comodidad y evitar la cantidad de celebraciones aisladas, siendo mártires de una misma persecusión.

Ver también: 
Santoral de la Compañía de Jesús.