jueves, 24 de septiembre de 2015

San Gerardo Sagredo, obispo y mártir.

San Gerardo Sagredo, apóstol de Hungría, obispo y mártir. 24 de septiembre y 23 de febrero (traslación de las reliquias). 

Martirio de
San Gerardo.
Perteneció Gerardo a la noble familia de los “Secretis” (Sagredos), emparentada con reyes, y con origen en las antiguas gens romanas. Nació en Venecia, en 986. A los cinco años le entregaron sus padres al monasterio benedictino de San Jorge, de la misma ciudad, para que se formase humana e intelectualmente. Y daba fruto, pues era aplicado a los estudios, cumplidor, devoto, paciente con los demás, humilde y estaba siempre pronto a hacer el bien. Gozaba de las ceremonias de la Iglesia, amén del silencio, el que aprovechaba siempre para hacer oración en soledad. Ya de niño era muy devoto de la Santísima Virgen María a la que consagró toda su vida futura. Cuando tenía 18 años, murió su padre en una campaña en Palestina, y su madre le llamó junto a sí para consolarse en su soledad. Su familia le consiguió un puesto de canónigo en la catedral de San Marcos, además de algunos beneficios eclesiásticos, para que pudiera mantenerse por sí mismo, y no se alejara de la carrera eclesiástica a la que se le veía encaminado.  Pero Gerardo no quería aquello, quería una vida realmente para Dios en pobreza, silencio y oración. Primero pensó en regresar a San Jorge y profesar como monje allí, pero tampoco le pareció apropiado. Muchos le conocían e igualmente le habrían adulado y tratado con deferencia.

Enterado que había un nuevo monasterio en las afueras de Venecia, fundado por monjes que venían de Palestina, les conoció y al ver que eran devotísimos de la Virgen María (hermanos suyos se llamaban), se decidió a tomar el hábito del Carmelo. Unas leyendas le hacen tomarlo allí mismo, para luego irse a Tierra Santa; pero la mayoría coincide en que queriendo conocer el origen de aquellos religiosos, se embarcó hacia el Monte Carmelo, donde tomó el hábito y profesó. Como fuere, le hallamos ya carmelita en Palestina, donde se dedicó a la oración en soledad y a la penitencia, acrecentando todas sus virtudes y dones naturales. Allí vivió unos años hasta que el Patriarca de Jerusalén, conociendo sus prendas, le mandó a Roma, como legado pontificio ante Benedicto VIII y los príncipes cristianos europeos, para hallar una solución con el asunto los griegos cismáticos y los sarracenos, que confundían unos, y perseguían los otros, constantemente a los fieles católicos. Aceptó con sumisión la encomienda Gerardo, sabiendo que esto le haría conocido y reconocido.

Llegó a Roma en 1021, y el papa le envió al emperador San Enrique (13 de julio), a la vez que le nombraba Patriarca de Antioquía, aunque solo titularmente, sin sede, pues la sede estaba ocupada por los griegos (en realidad este Gerardo es otro, no hay que confundirlos como hace la leyenda). Ante el emperador, Gerardo expuso la situación, pidiendo diplomacias o incursiones armadas, lo que hiciera falta. No se decidía el emperador, por lo que Gerardo decidió volver a Palestina. Se encaminó a Hungría, para conocer al bendito rey de Hungría, San Esteban I (16 de agosto y 2 de septiembre), que había convertido a su nación a la fe de Cristo. Una vez que se encontraron, Esteban no quiso separarse de él, porque vio la valía del religioso Gerardo le pidió se quedase en su reino para ser preceptor de su hijo el Beato Emerico (4 de noviembre). Accedió Gerardo, y además de su labor como preceptor, se lanzó a una profunda evangelización, cambiando costumbres, fundando santuarios y monasterios. También consagró el reino a la Santísima Virgen, como buen “carmelita”. Pero añoraba Gerardo la vida monacal, por lo que trajo religiosos carmelitas desde Palestina, fundando un monasterio a las afueras de Budapest, al que se retiraba frecuentemente. Deseoso de más soledad, se adentró a un bosque en absoluta soledad, donde un cuervo le alimentaba, como a San Elías (20 de julio, 12 de enero, en la Iglesia Oriental, la ascensión al Paraíso; y 20 de junio, traslación de reliquias a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla), y los osos le protegían de otras alimañas salvajes.

Pero le quiso San Esteban de nuevo junto a sí, para lo cual en 1035 le nombró obispo de Csanád, región aún no suficientemente evangelizada. Igualmente cumplió el santo, atrayendo a muchos a la fe. Edificó iglesias y hospitales, predicó, instituyó la caridad, y sobre todo dio ejemplo de vida entregada a Cristo. En esta ciudad instituyó la costumbre de una función solemne en honor a Nuestra Señora, todos los sábados al atardecer con procesiones, súplicas y loas a la Madre de Dios. La devoción a la Virgen María atraía a muchos a ser cristianos, por lo que Gerardo siempre llamaba evangelizadora a la Virgen. “Ella lo hace todo”, decía. Por los pobres lo entregó todo, hasta su anillo en más de una ocasión. Suplicaba limosnas a los ricos, que repartía e incluso llegó a multiplicar para poder atender a más necesitados. Para poder retirarse a la soledad, fundó varias ermitas solitarias, donde se iba siempre que podía para estar a solas con Dios.

En 1038 murió el piadoso rey Esteban y habiendo muerto años antes el príncipe, tomó el reino Pedro Orseólo, sobrino de Esteban. Era de carácter débil y en el fondo despreciaba a los húngaros, a los que consideraba bárbaros frente a los venecianos, de donde él procedía. Contaba con la aprobación de la reina y viuda de Esteban, la Beata Gisela (21 de agosto), quien mandó cegar a Vazul, un príncipe pretendiente al trono húngaro. Pero Pedro pronto se quitó de en medio a Gisela, despojándola de sus bienes y desterrándola. Esto trajo rebeliones en el pueblo y los nobles húngaros, con una cruel represión como respuesta. San Gerardo protestó y amonestaba al nuevo rey constantemente, recordándole el compromiso adquirido con la fe cristiana, la justicia y la paz. Echaron los húngaros a Pedro, para poner en el trono a Samuel Aba, cuñado de Esteban. Y este fue peor aún, pues ni siquiera se detenía ante la Iglesia y los lugares sagrados. En la Cuaresma de 1041 mandó asesinar cruel y públicamente a mucho de sus adversarios, para dar escarmiento. Luego pretendió que San Gerardo le coronase rey, a lo que se negó el santo. Luego de la coronación, hecha por obispos adulones, Gerardo subió al púlpito y dijo a Samuel Aba: “la observancia de la cuaresma santa, oh rey, fue instituida para que los pecadores alcancen perdón y los justos premio. Tú, habiéndola violado con muertes tan injustas, y quitádome con tantos hijos el nombre de padre, ni uno ni otro mereces para con Dios, ni con el mundo. Y porque no temo tu ira, antes estoy determinado a morir luego por la honra de mi Señor, te hago saber que al tercer año de tu reinado te hallará el cuchillo vengador, y se te quitarán la vida y cetro que con fraude y violencia has adquirido”.

El rey quedó muy irritado con el santo ante aquellas palabras, pero planeó su venganza para más adelante, no pareciéndole prudente matarle allí mismo. Pero reinando no tuvo tiempo, pues tan malo era, que los húngaros prefirieron restituir al trono al Orseólo, que en 1043 volvió a ser rey de Hungría. Pensaron que la cosa iría mejor, habiendo escarmentado. En estos años coloca la leyenda carmelitana la profecía de San Gerardo al caballero Guido de Malefayda, que quería ser religioso carmelita. El santo le profetiza que ha de casarse, pues tendría dos  hijos que serían gloria de la Orden y de la Iglesia. Y así sería, pues uno sería el Beato Aimer o Audemar (7 de julio), que sería obispo de Puy-Vezelay y Legado Pontificio en Tierra Santa, y el otro sería San Bertoldo, I General latino de la Orden (29 de marzo). Y volvemos a Pedro el rey. Pues este, confiado en que le querían en el trono, redobló sus primeros desmanes, así que en 1046 fue destronado por los príncipes Andrés y Bela, hijos de aquel Vazul castigado por Gisela. Así, se coronó Andrés I de Hungría, un rey que despreciaba el cristianismo, por lo que pronto aquellos paganos que estaban en la sombra, se hicieron con el poder, arrasando iglesias y monasterios, castigando y aún asesinando a sacerdotes y cristianos. Se cumplía la profecía de San Gerardo.

Este mismo, sabía que vendrían a por él. Aún así, partió acompañado por los obispos Bezther, Buldo y Benetha, al encuentro de los príncipes, para asistir a la coronación de Andrés,. Esa noche, estando en una ermita, tuvo la revelación de su martirio y el de Beztherio y Buldo. Al otro día celebraron una devota misa y se encaminaron hacia el Danubio, donde se encontrarían la comitiva real. Llegados al río, hallaron al capitán Vata, feroz pagano y enemigo de Cristo, que viendo a los tres obispos, mandó a sus soldados les apedreasen. Benetha pudo huir, salvándose, pero Bezther y Buld murieron por las heridas de las piedras (ambos son venerados igualmente a 24 de setiembre). Al ver los paganos que con San Gerardo ocurría que las piedras no le tocaban, sino que permanecían suspendidas en el aire, para luego caer suavemente, se encarnizaron más con él. Le sacaron del carro, le ataron a una de las guías del mismo y lo arrastraron hasta unas peñas desde donde le arrojaron. Al llegar abajo, viendo otros soldados que aún vivía, le atravesaron el corazón con una lanza, estrellaron su cabeza contra una piedra y arrojaron el cuerpo al río. Era el 24 de septiembre de 1047. Al día siguiente, unos religiosos sacaron el cuerpo del santo y lo enterraron secretamente en una iglesia cercana.

En 1054 Andrés decidió reconvertir la nación al cristianismo, con lo cual cesó la persecución a la Iglesia, y los canónigos de Csanád decidieron trasladar las reliquias de su querido obispo mártir, hallando el cuerpo incorrupto. En 1079 un concilio nacional decidió proclamar mártires a todos los que por la fe habían padecido la muerte en aquellos años turbios, lo cual puede considerarse la canonización de Gerardo. En 1400 las reliquias fueron trasladadas a Venecia, a la iglesia de Santa María de Murano. En el siglo XVI su memoria entró a la Orden del Carmen como santo propio. Sobre las certezas de su biografía y su pertenencia al Carmelo, el primer problema lo hallamos en que su “vita” la escribió un autor anónimo, en quien dice basarse Lezana en sus “Annalecta”, amén de otros autores que cita. Hay que decir que lo mismo hicieron los servitas y los benedictinos, teniéndole como santo propio. Con los servitas, pues no hay mucho que decir, pues el santo vivió al menos 200 años antes que la fundación de esta Orden. Los benedictinos tendrían más razón, pues el santo vivió en un monasterio de su Orden, aunque no está claro si llegó a profesar allí. Los carmelitas hicieron una defensa de esta pertenencia, pero como toda leyenda, se basa en alusiones y suposiciones. Una de ellas, la más peregrina es que no se entiende como habiéndose criado en una Orden tan prestigiosa como la de San Benito, hubiera dejado los hábitos, saliendo del monasterio para ser canónigo de San Marcos.


Fuente:
-"Flores del Carmelo: Vidas de los Santos de Nuestra Señora del Carmen".  FR. JOSÉ de SANTA TERESA OCD. Madrid, 1678.

lunes, 14 de septiembre de 2015

San Crescencio, de joven a niño.

San Crescencio de Roma, mártir. 14 de septiembre y 12 de octubre (traslación de las reliquias).

Gozos de San Crescencio.
No es mucho lo que de este santo mártir sabemos, pero basta para tener un testimonio martirial de entrega radical a Jesucristo. Era Crescencio hijo de San Eutimio (29 de agosto). Apenas estalló la persecución de Diocleciano, como eran cristianos bautizados en secreto toda la familia huyó a Perugia, donde de todos modos el padre halló el martirio muy pronto, mientras que Crescencio y su madre (cuyo nombre no conocemos) fueron interrogados por el procónsul Turpio:

-"¡Así que tú, tu hijo, y tu marido, que está muerto, han seguido a Cristo!" – dijo a la madre.
- "Es cierto, los tres hemos sido bautizados" - respondió la viuda.

Turpius añadió: "Apolo es un dios, confiésalo".
-"No", dijo Crescencio - "no es dios, es un demonio".

Entonces, Turpio mandó les golpeasen con varas para que renegaran de Cristo, y como no lo consiguió, ordenó les separasen en celdas diferentes. Viendo que no podía arrancarles una apostasía, decretó que la madre fuera decapitada inmediatamente, mientras que a Crescencio le mandó a Roma, para que fuese nuevamente juzgado. Tal vez pensando doblegarle. Pero nada, en Roma, luego de un interrogatorio en la Vía Salaria y una suerte de tormentos, fue igualmente decapitado por Cristo y enterrado en las catacumbas de Priscila. Las Actas parecen haber sido redactadas en Perugia, luego de la traslación del santo, el 12 de octubre de 1058, cuando sus reliquias fueron trasladadas a Siena por gracia del papa Esteban IX. A partir de ese momento su devoción fue en aumento en algunos sitios de Italia. Ya sabemos lo “contagiosas” que son estas traslaciones. Pero, y no falta, en Tortosa de España se venera desde el siglo XVII otro San Crescencio (niño en este caso), donado por Urbano VIII del cual se dice que es este nuestro del 14 de septiembre.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo X. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

jueves, 10 de septiembre de 2015

De tres hermanas mártires.

Santas Menodora, Metrodora y Ninfodora, vírgenes y mártires. 10 de septiembre.

Fueron estas tres hermanas naturales de Bitinia, y alcanzaron la gloria sobre el año 305. Las Actas, por una vez, no se entretienen en presentarnos un ficticio origen noble o de otro tipo. Tenemos su relato martirial por mano de San Simeón Metafraste (27 de noviembre), que dice tomarlo de documentos más antiguos. En los calendarios occidentales no entrarían hasta el siglo XVI, cuando Baronio las incluye en su martirologio, aunque sin tener culto litúrgico.

Pues nada más comenzar el relato, las hallamos retiradas en una cueva de una montaña, donde se dedicaban a la oración y la penitencia, luego de huir del mundo y sus vanidades. Allí no molestaban a nadie, pero los tiempos de persecución es lo que tiene: que pagan todos los cristianos. Así que, enterado el gobernador local, de nombre Fronto, que había tres bellas vírgenes que servían a Cristo en soledad, mandó apresarlas y traerlas ante sí. Preguntadas sobre quienes eran, las jóvenes respondieron: "Somos tres hermanas, llamadas en nuestro bautismo, Menodora, Metrodora y Nymphodora; somos nativas de Bitinia".

Como suele pasar en los relatos martiriales, primero les ofreció matrimonios ventajosos y riquezas, para que abandonasen aquella vida “indigna de bellas mujeres”. Las tres jóvenes se negaron diciendo: “nada nos interesan esos bienes que nos ofreces. Ninguno es tan grande como el bien que queremos, que es nuestra salvación”. Entonces Fronto las amenazó con el martirio y la muerte, pero las tres santas igualmente permanecieron firmes en la fe. Ideó Fronto castigarlas una a una, para hacer temer y apostatar a las otras. Comenzó con Menodora, la mayor, a la cual colgó de un palo y golpeó las espaldas con varillas. Como la joven permanecía firme y confesaba a Cristo, le golpearon brutalmente la boca, descerrajándole la mandíbula, y haciéndola morir entre sufrimientos, pero Metrodora y Ninfodora no cejaron. Fronto las envió a la cárcel, donde estuvieron cuatro días, hasta que las tomaron de nuevo y llevaron a la arena, donde aún yacía el cuerpo de su hermana mayor. Fronto volvió a ofrecerles ventajosos matrimonios y la protección del emperador a cambio de que apostatasen. Metrodora respondió "somos tres ramas nacidas de una buena raíz. No podemos avergonzar nuestro origen aceptando lo que ofreces, ni escuchando tus palabras" (esto alude a padres cristianos, tal vez mártires). Ordenó Fronto tomasen a la virgen, y en presencia de Ninfodora la martirizaron igualmente colgándola, flagelándola y quemándole los costados hasta la muerte. Pero la tercera hermana no renegó de Cristo, como pretendía Fronto.

Empeñado en hacerla abandonar la fe cristiana, Fronto tomó a Ninfodora y la ató por las muñecas junto a los cadáveres de sus hermanas, que permanecían colgados al sol. Pero la virgen continuó confesando a Cristo, a pesar de que la golpearon con varas de hierro, y le aplicaron los peines de hierro hasta la muerte. Muertas las tres (o vivas con Cristo), Fronto hizo que quemaran los cuerpos y los abandonaran, pero los cristianos apagaron el fuego antes de consumirse del todo, y enterraron las sagradas reliquias en Pitia. Textos posteriores añaden detalles como que una lluvia apagó el fuego que consumía los cuerpos, que un rayo mató a Fronto, etc. Las reliquias fueron trasladadas a la iglesia de San Pantaleón, en el monte Athos, donde son veneradas. 


Fuente: 
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

sábado, 5 de septiembre de 2015

A por el martirio, sí o sí.

Santa Raïssa de Antinoe, virgen, y compañeros mártires. 5, 18 y 22 de septiembre.

De Raïssa (Iraide, Iris, Rhais) poco nos ha llegado, pero suficiente es como para admirarse de su valiente entrega a Cristo. Era hija de Pedro, un presbítero de la ciudad de Tabne, ciudad del Alto Egipto, junto a Libia. Siendo muy joven (12, 18, 20 años, según las versiones) se había consagrado virginalmente a Cristo, cuando yendo a buscar agua a un pozo, vio a un grupo de 150 cristianos, entre monjes y vírgenes que iban conducidos por soldados, rumbo al martirio. Eran los tiempos duros de Majencio, entre 305 y 312.

Pues viendo a los condenados y enterada de la causa, no tuvo otra reacción que gritar a los captores "yo también soy cristiana", pero nada, no le hacían caso, sino que compadecidos de su juventud y belleza, la empujaban a un lado continuamente. Lloraba y suplicaba la admitieran entre los futuros mártires, pero nada. Así que se determinó a gritar insultos dirigidos a los dioses paganos y al emperador. Y yaesto no lo podían consentir los soldados, así que la tomaron y la metieron en el grupo, gesto que ella agradeció. Todos fueron embarcados hacia a Antinoe de alejandría, donde fueron juzgados por cristianos. Raïssa junto a sus compañeros fue condenada a muerte, decapitada y su cuerpo quemado. De sus compañeros solo han trascendido tres nombres: Focio, Arquelao y Cirilo.


Fuente:
-http://www.fatheralexander.org